El cometa 3I/Atlas: ¿aceleración extraña o solo un espectáculo más del cosmos?
¡Hola, exploradores del universo! Hoy nos adentramos en una de esas historias cósmicas que nos mantienen pegados a la pantalla, o mejor dicho, al telescopio. Se trata del cometa 3I/Atlas, un visitante interestelar que nos tiene a todos, desde los expertos de la NASA hasta los aficionados a la astronomía, con la ceja levantada. ¿La razón? Después de su encuentro más cercano con el Sol el pasado 29 de octubre, este cometa ha empezado a moverse de una manera un tanto peculiar, algo que los científicos llaman “aceleración no gravitatoria”. Suena complicado, ¿verdad? Pero no te preocupes, aquí te vamos a desmenuzar el misterio para que entiendas por qué el 3I/Atlas no está exactamente donde debería y qué significa todo esto.
Cuando hablamos de “aceleración no gravitatoria”, lo primero que hay que entender es que no es tan extraño como suena. De hecho, es algo bastante común en el ballet cósmico de los cometas. Imagínate a un cometa como una bola de nieve gigante y sucia. Cuando se acerca al Sol, el calor y la radiación hacen que sus hielos —agua, dióxido de carbono y otros compuestos congelados— se conviertan directamente en gas, un proceso llamado sublimación. Este gas sale disparado hacia el espacio, actuando como pequeños propulsores naturales. Además, la radiación solar ejerce una presión directa sobre la superficie del cometa. Estas dos fuerzas adicionales, la sublimación y la radiación, son las que provocan esa “aceleración no gravitatoria”, modificando un poquito su trayectoria y velocidad. Los parámetros del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA muestran que el 3I/Atlas tiene un valor de 1.11 para esta aceleración. Aunque parezca pequeño, si se mantiene, puede alterar su posición futura en el cielo. Así que, en la mayoría de los casos, esta “aceleración extra” es, de plano, una parte esperada del comportamiento de un cometa.
Pero, claro, en el mundo de la astronomía, siempre hay espacio para el debate. El astrofísico Avi Loeb, una figura conocida por sus teorías sobre tecnología extraterrestre, ha sugerido que la aceleración del 3I/Atlas podría ser una señal de que estamos ante una sonda o una nave espacial. Él argumenta que para explicar la aceleración con sublimación, el cometa tendría que estar perdiendo al menos un 13% de su masa, y las fotos actuales no muestran la enorme nube de gas que se esperaría. Sin embargo, la mayoría de los astrónomos se inclinan por la explicación natural, reforzando la hipótesis de un origen meramente cósmico. No es la primera vez que esto sucede; ¿recuerdas a 1I/Oumuamua, el primer objeto interestelar detectado? Él también mostró aceleración no gravitatoria sin signos de sublimación. En ese caso, la comunidad científica acabó postulando que era un “cometa oscuro”, un cuerpo con cola invisible. Así que, aunque las ideas de Loeb son fascinantes, la ciencia prefiere buscar primero las respuestas en lo que ya conocemos del universo.
Por ahora, el 3I/Atlas sigue siendo un cometa difuso y discreto, pero se espera que en diciembre, cuando esté más cerca de la Tierra, podamos obtener imágenes más claras y, con suerte, más datos para desenmarañar su historia. Mientras tanto, lo que sí es cierto es que el cosmos no deja de sorprendernos con sus maravillas. Esta “aceleración no gravitatoria” es un recordatorio de que el espacio está lleno de fuerzas y fenómenos que apenas estamos empezando a comprender. Y aunque la idea de una nave espacial suena chida, la belleza de la ciencia está precisamente en encontrar las explicaciones más coherentes y fascinantes dentro de lo natural. ¡Sigamos mirando al cielo, que aún hay mucho por descubrir!
