Si madrugas mucho y te sientes ‘como borracho’, la ciencia explica por qué ocurre esto
¿Alguna vez has tenido esa sensación de caminar como si estuvieras mareado después de una noche de poco sueño? No eres el único, y resulta que la ciencia tiene una explicación fascinante para este fenómeno que afecta a millones de personas en nuestra sociedad acelerada. La falta de sueño se ha convertido en un problema silencioso que impacta nuestra salud de formas que apenas comenzamos a comprender completamente.
La psicóloga especialista en sueño Nuria Roure lo explica de manera muy gráfica: las personas que permanecen más de 20 horas despiertas muestran un nivel de atención similar al de alguien que ha consumido aproximadamente seis cervezas. Esto no es una exageración, sino una realidad respaldada por investigaciones científicas. Un estudio de la Universidad de South Australia publicado en Occupational and Environmental Medicine comparó los efectos de la privación de sueño con los del alcohol, encontrando que después de 17 a 19 horas sin dormir, los participantes presentaban un deterioro cognitivo y motor equivalente a una alcoholemia del 0.05%. Esto explica por qué conducir sin haber dormido suficiente puede ser tan peligroso como manejar bajo los efectos del alcohol.
Pero los efectos van más allá de simplemente sentirse aturdido. La falta crónica de sueño, incluso cuando es parcial -como dormir solo cuatro o cinco horas durante varios días consecutivos- afecta significativamente nuestra capacidad de atención y toma de decisiones. Además, las consecuencias para la salud física son alarmantes: estudios publicados en la revista Sleep demuestran que dormir menos de seis horas por noche se asocia con mayor riesgo de hipertensión, diabetes tipo 2 y obesidad. Incluso existe evidencia sólida que relaciona la falta de sueño constante con un mayor riesgo de desarrollar demencia en la edad adulta, ya que durante el sueño el cerebro activa sus sistemas de limpieza para eliminar toxinas como el beta-amiloide, relacionado con el Alzheimer.
Lo más preocupante es que este problema comienza cada vez más temprano en la vida. Los adolescentes mexicanos, al igual que sus contrapartes en otros países, duermen en promedio entre seis y seis horas y media diarias, cuando su cerebro en desarrollo necesita entre ocho y diez horas. La neuróloga Mary Carskdon señala que los horarios escolares tempranos son un factor clave en los síndromes de fatiga crónica entre los jóvenes. Como sociedad, necesitamos reevaluar nuestras prioridades y reconocer que el sueño no es un lujo, sino una necesidad biológica fundamental. La próxima vez que te sientas ‘como borracho’ después de dormir poco, recuerda que tu cuerpo te está enviando una señal importante: es hora de darle al descanso la importancia que realmente merece.
