OpenAI elimina el ‘sello secreto’ que delataba textos creados con ChatGPT
Imagina que entregas un ensayo para la escuela o un reporte en el trabajo, y de pronto tu profesor o jefe te señala con el dedo acusador: ‘¡Esto lo escribió ChatGPT!’. ¿Cómo lo supo? Por un pequeño detalle que se había convertido en la huella digital del chatbot: el uso excesivo de la raya. Esta semana, OpenAI puso fin a esta situación con una actualización que muchos usuarios estaban esperando. La compañía eliminó esa característica que hacía tan reconocibles los textos generados por su inteligencia artificial, respondiendo así a las críticas de una comunidad que se sentía estigmatizada por usar herramientas de IA.
La historia del ‘guion de ChatGPT’ se volvió viral en redes sociales, donde usuarios compartían cómo algunos profesores identificaban trabajos académicos hechos con IA simplemente por el abuso de este signo de puntuación. Lo que comenzó como una curiosidad se transformó en un verdadero problema cuando algunas personas empezaron a ser acusadas de ‘perezosas’ o ‘dependientes’ del chatbot. Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, anunció en su cuenta de X lo que llamó un ‘pequeño, pero importante’ logro: ‘Si le indicas a ChatGPT que no use rayas largas en tus instrucciones personalizadas, ¡finalmente funciona como debería!’. La compañía incluso hizo que ChatGPT se disculpara públicamente a través de Threads, reconociendo que su comportamiento había generado inconvenientes para sus usuarios.
El verdadero problema detrás de esta anécdota es más profundo de lo que parece. Actualmente no existe ningún sistema capaz de identificar correctamente textos generados por IA, y las herramientas que prometen hacerlo suelen fallar, dando falsos positivos en escritos humanos. En el español, la raya tiene funciones específicas: sustituye comas o paréntesis en aclaraciones, marca intervenciones en textos narrativos o añade expresividad. Su uso en literatura es completamente válido, pero en la comunicación cotidiana puede sonar forzado si se abusa de ella. Lo interesante es que, aunque no había una conexión real entre ChatGPT y el guion largo, la mera asociación mental era suficiente para restarle credibilidad a cualquier texto que lo incluyera.
Esta actualización nos hace reflexionar sobre cómo estamos adaptándonos a la convivencia con la inteligencia artificial en nuestra vida diaria. Por un lado, tenemos herramientas poderosas que pueden potenciar nuestra creatividad y productividad; por otro, enfrentamos el desafío de integrarlas de manera ética y natural en nuestros procesos. La decisión de OpenAI demuestra que las empresas tecnológicas están escuchando a sus usuarios y ajustando sus productos para satisfacer necesidades reales. Ahora, si quieres que ChatGPT evite las rayas en sus respuestas, simplemente debes indicarlo en tu prompt personalizado. El futuro de la IA no está en esconder su uso, sino en hacer que su colaboración con los humanos sea tan fluida que ni siquiera necesitemos preguntarnos quién escribió qué.
