Las aerolíneas low cost se preparan para el desembarco en Ucrania tras la guerra

Las aerolíneas low cost se preparan para el desembarco en Ucrania tras la guerra

Imagina un escenario donde las cicatrices de un conflicto se convierten en imanes para millones de personas. Eso es precisamente lo que anticipan las aerolíneas de bajo coste en Europa, que ya están trazando planes para volar a Ucrania apenas se firme un acuerdo de paz. Lo que podría parecer una apuesta arriesgada, en realidad es una jugada calculada que combina la necesidad de reconexión con un fenómeno social tan incómodo como real: el turismo de catástrofe.

Ryanair, Wizz Air y EasyJet son los principales actores en esta carrera por reconectar a Ucrania con Europa. Ryanair, que recientemente anunció recortes en España, ahora mira hacia el este con una estrategia agresiva: según el Financial Times, sus directivos ya han visitado aeropuertos ucranianos con el objetivo de transportar cuatro millones de pasajeros anuales, casi triplicando las cifras previas a la guerra. Su modelo, basado en decenas de bases distribuidas por Europa, le permitiría operar rutas a Kiev, Lviv u Odesa en cuestión de semanas tras la reapertura del espacio aéreo. Wizz Air, por su parte, que era el mayor operador extranjero antes de la invasión rusa, planea desplegar quince aviones en los dos primeros años pospaz y hasta cincuenta en un horizonte de siete años, reconstruyendo una red que superaba los 5,000 vuelos anuales.

Pero ¿qué impulsa esta confianza? Tres factores clave: primero, el retorno masivo de la diáspora ucraniana; segundo, la gigantesca reconstrucción económica que atraerá a empresas y trabajadores; y tercero, ese turismo de catástrofe que históricamente atrae a personas a lugares marcados por eventos traumáticos, como ocurrió tras la caída del Muro de Berlín. EasyJet, aunque más prudente al no planear basar aviones en el país a corto plazo, reconoce el potencial de Ucrania como la mayor obra civil europea en décadas, un polo de actividad que movilizará inversiones masivas.

Sin embargo, el camino no está exento de obstáculos. La seguridad aérea sigue siendo la gran preocupación: la Agencia Europea de Seguridad Aérea mantiene el veto a volar sobre Ucrania mientras persista el riesgo de ataques, recordando el trauma del vuelo MH17 derribado en 2014. La reapertura dependerá no solo de la firma de la paz, sino de la capacidad para restaurar torres de control, pistas y terminales dañadas. Actualmente, solo la aerolínea rusa Smartavia ha registrado vuelos en dos años, evidenciando el vacío aéreo en el país.

El renacimiento del tráfico aéreo ucraniano simbolizará más que una reconexión logística: será un testimonio de resiliencia, memoria y oportunidad económica. Las aerolíneas low compiten por situarse en la primera línea de este renacimiento, convencidas de que Ucrania no solo recuperará sus casi quince millones de pasajeros previos a la guerra, sino que se convertirá en un destino emblemático de una nueva etapa europea. Paradójicamente, en medio de la tragedia, se vislumbra un futuro donde la movilidad y la reconstrucción pueden escribir un capítulo de esperanza.