El cuello de botella silencioso que frena la expansión de las empresas de tecnología en América Latina

El cuello de botella silencioso que frena la expansión de las empresas de tecnología en América Latina

El panorama del comercio digital en América Latina es, en cifras, deslumbrante. Con un crecimiento del 12.2% interanual, la región se posiciona como el mercado de e-commerce de mayor expansión a nivel mundial, moviendo más de 190,000 millones de dólares anuales solo en retail. Sin embargo, detrás de este potencial hay una barrera silenciosa que miles de empresas de software y plataformas enfrentan al intentar cruzar fronteras: la complejidad arcaica de los sistemas de pagos.

Nahuel Candia, CEO de la empresa de infraestructura financiera Rebill, describe un escenario recurrente. “El producto funciona, los clientes aparecen, el equipo comercial ve tracción en nuevos mercados. Y entonces llega la pregunta que frena todo: ¿cómo cobramos?”. Este momento, según su experiencia, no señala un problema de producto o demanda, sino uno de infraestructura financiera. Es el cuello de botella que convierte una oportunidad de escala en una pesadilla operativa y legal.

El desafío es estructural y varía dramáticamente de país a país. Para cobrar con tarjetas locales en México, una empresa extranjera necesita constituir una sociedad mexicana, obtener licencias ante la CNBV y conectarse a un procesador local. En Brasil, el laberinto regulatorio y la necesidad de integrarse con decenas de métodos de pito alternativos, como boletos bancarios, representan otra montaña por escalar. Chile, Colombia, Perú y Argentina tienen sus propias reglas, entidades supervisoras y preferencias de pago. La alternativa, hasta ahora, ha sido recurrir a procesadores internacionales, pero estos suelen tener tasas de aceptación bajas para transacciones locales y no ofrecen métodos de pago alternativos, clave en una región donde las tarjetas de crédito no son universales.

La infraestructura invisible que necesita la innovación

Este rompecabezas de pagos no solo frena la expansión de empresas extranjeras, sino que también limita el crecimiento de las startups latinoamericanas que aspiran a ser regionales desde su origen. Mientras el ecosistema fintech ha crecido un 340% en la última década, superando las 3,000 empresas, la capa de infraestructura que permite cobrar de manera sencilla y unificada en múltiples jurisdicciones sigue siendo un terreno fragmentado.

La solución, argumenta Candia, pasa por construir lo que él llama “la capa tecnológica” para pagos en América. Se trata de una infraestructura financiera unificada que actúe como un único punto de integración, permitiendo a cualquier empresa cobrar en cualquier país de la región sin necesidad de convertirse en un experto legal y bancario en cada uno de ellos. Esta capa manejaría automáticamente la conversión de monedas, la reconciliación, la compliance local y la conexión con docenas de métodos de pago, desde tarjetas hasta transferencias instantáneas y cupones de pago en efectivo.

El impacto potencial va más allá de la simple conveniencia. Para la economía digital regional, significa liberar un flujo de capital e innovación que hoy está estancado por fricciones operativas. Empresas que hoy solo operan en su país de origen podrían probar mercados vecinos con un riesgo y una inversión inicial mínimos. La competencia y la oferta para el consumidor final se enriquecerían, y los creadores de software y servicios digitales podrían pensar en escala latinoamericana desde el día uno.

El dato macroeconómico es contundente: si se incluyen servicios digitales, viajes y delivery, el comercio digital total en Latinoamérica supera los 769,000 millones de dólares y se proyecta que alcanzará el billón para 2027. La pregunta que queda sobre la mesa es cuánto de ese crecimiento se materializará, y cuánto se seguirá perdiendo en el limbo de los cobros imposibles. La próxima ola de crecimiento tecnológico en la región podría no depender de una app revolucionaria, sino de algo menos visible pero igual de crítico: la capacidad simple y eficiente de recibir un pago.

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