El uso de memes en la política: un nuevo frente de propaganda
En un mundo cada vez más digital, la estrategia de comunicación política se encuentra en constante evolución. Un fenómeno reciente, que no ha pasado desapercibido, es el uso de memes por parte de la administración Trump para suavizar y hasta trivializar actos serios como las deportaciones masivas. Este enfoque utiliza el humor y las plataformas digitales para captar la atención de una audiencia más joven, transformando un problema complejo en contenido viral.
La administración Trump, al parecer, ha decidido que la mejor manera de comunicar sus políticas de inmigración es a través de memes que combinan humor y controversia. Estas publicaciones, algunas veces acompañadas de canciones virales de plataformas como TikTok, buscan atraer la mirada de potenciales simpatizantes que encuentran en estas narrativas un sentido de pertenencia o diversión. No es coincidencia que el Departamento de Seguridad Nacional y otras agencias empleen estas herramientas; están claramente orientadas a establecer un discurso de ‘nosotros versus ellos’, utilizando lenguaje y humor que resuenen con audiencias específicas.
El fenómeno es más que una simple estrategia de comunicación, es una forma de normalizar mensajes que, en otros contextos, podrían ser considerados agresivos o deshumanizantes. Expertos en comunicación, como Joan Donovan, han comentado que este estilo de propaganda tiene un impacto significativo en los jóvenes, especialmente en aquellos que están en búsqueda de identidad y grupo. Sin embargo, este enfoque no solo informa o entretiene, sino que también puede llevar a la normalización de actitudes y comportamientos agresivos o despectivos hacia ciertos grupos.
En conclusión, el uso de memes por parte de la administración de Trump está transformando la forma en la que se perciben y se discuten políticas complejas en el ámbito público. La estrategia deja en evidencia que las redes sociales no solo son un campo de batalla política, sino también un reflejo de cómo se moldea la percepción pública a través de métodos no convencionales. La pregunta que queda es hasta qué punto estas tácticas alterarán las formas tradicionales de diálogo y si, a la larga, ayudarán o perjudicarán la cohesión social.
