La curiosa cena de Trump con los titanes de la tecnología: poder, halagos y ausencias notables
Imaginen la escena: una mesa larguísima en el Comedor de Estado de la Casa Blanca, iluminada para las cámaras de C-SPAN. A un extremo, Donald Trump; al otro, una docena de los CEOs más influyentes de Silicon Valley. Mark Zuckerberg, Bill Gates, Tim Cook, Satya Nadella, Sam Altman y otros pesos pesados de la tecnología, todos reunidos en lo que parecía una cena romántica con el presidente. La introducción de Trump fue tan grandilocuente como confusa: ‘Es un honor estar aquí con este grupo de personas. Ustedes están liderando una revolución en los negocios, en la genialidad y en todo lo demás’. Y así, en apenas 90 segundos, comenzó el desfile de halagos mutuos que caracterizó toda la velada.
Uno por uno, los ejecutivos respondieron la pregunta de Trump sobre cuánto invertían en Estados Unidos, pero cada respuesta venía acompañada de elogios hacia su liderazgo. Zuckerberg mencionó los 600,000 millones de dólares que Meta invertirá en infraestructura nacional hasta 2028. Sergey Brin de Alphabet felicitó a Trump por ‘ejercer presión’ en Venezuela, justo días después de un controversial operativo estadounidense. Todos aplaudieron las políticas de inteligencia artificial de la administración, con Nadella de Microsoft celebrando incluso el liderazgo de Melania Trump en educación con IA. Cook agradeció por ‘establecer un espacio para hacer grandes inversiones’, aunque Apple había hecho esa promesa bajo la amenaza de aranceles a los smartphones. Safra Catz de Oracle fue la más entusiasta: ‘Presidente, usted ha desatado la innovación y creatividad estadounidenses’.
Las ausencias fueron tan reveladoras como las presencias: ni Elon Musk, ni Jeff Bezos, ni Jensen Huang de Nvidia estuvieron presentes. Quienes sí hablaron lo hicieron desde lugares estratégicos en la mesa, cuidadosamente asignados según el protocolo de la Casa Blanca. Zuckerberg a la derecha de Trump, Gates junto a Melania, Brin frente al presidente con su ‘maravillosa novia MAGA’. Temas cruciales como la inmigración (vital para una industria llena de talento extranjero) o el impacto real de los aranceles en los precios de la tecnología brillaron por su ausencia. Tampoco se discutieron los costos ambientales y sociales de la carrera desbocada por la IA.
Esta cena fue más que un evento protocolario: fue la culminación de meses de acercamiento entre las big tech y la administración Trump. Mientras el ciudadano promedio sigue siendo el producto de estas empresas, sus líderes se doblegan ante un presidente que sistemáticamente desmantela instituciones democráticas. El mensaje es claro: en la intersección entre tecnología y poder, el único principio que realmente importa es el poder mismo. Una lección cruda sobre cómo opera el mundo real detrás de las pantallas relucientes de Silicon Valley.
