Tener coche en Singapur: ¡un lujo asiático!
En la mayoría del mundo, tener auto es algo común, casi una necesidad. Pero, ¿qué tal si te digo que en Singapur, poseer un vehículo es un lujo al alcance de pocos? Ahí, un cochecito modesto puede costar una fortuna, ¡casi como un Rolex de lujo! La razón de esto reside en los famosos Certificates of Entitlement (COE), permisos que se subastan y que son indispensables para registrar cualquier automóvil. Su precio puede superar los 72.000 euros, ¡imagínate! Comprar un auto usado, aunque sea un Kia o un Hyundai, se convierte en una inversión costosa.
La historia de Andre Lee, un agente de seguros que compró un Kia Forte de segunda mano, lo ilustra perfectamente. Pagó cinco veces más que lo que costaría en Estados Unidos. Lo veía como un símbolo de estatus, una manera de impresionar a sus clientes, “como llevar un Rolex”, decía. Pero, ¿a qué costo? El mantenimiento, la gasolina y el estacionamiento lo convirtieron en una carga. Su-Sanne Ching, una empresaria, vivió una experiencia similar con su Mercedes-Benz, pagando una suma exorbitante, en gran parte por el permiso COE. El sistema de COE ha sido clave en el éxito de Singapur para mantener sus calles libres de embotellamientos, un contraste total con el tráfico caótico de Yakarta o Bangkok. Pero ¿a qué precio esta eficiencia? Para la clase media, mantener un automóvil representa una porción significativa de su presupuesto mensual, transformando la posesión de un coche en un símbolo de estatus, no en una herramienta de transporte.
La clave del éxito del sistema de Singapur reside en su eficiente transporte público. El metro es barato, rápido y puntual, y existen servicios como Grab para cubrir las necesidades de movilidad puerta a puerta. Con una inversión millonaria en la última década en autobuses, trenes y nuevas líneas de metro, Singapur asegura que el 80% de sus hogares estén a menos de 10 minutos de una estación. Mientras que para las familias de clase media mantener un coche representa un gran sacrificio, para los más adinerados, el costo del COE no es un problema. La decisión de comprar un auto implica un cálculo muy cuidadoso entre la comodidad y el enorme gasto que representa. ¿Será este modelo replicable en otras ciudades con problemas de tráfico como Ciudad de México o Londres? Posiblemente no completamente, aunque ciertas estrategias, como las zonas de bajas emisiones, ya se implementan en diversas ciudades del mundo.
En conclusión, tener coche en Singapur es un lujo, un símbolo de estatus más que una necesidad. El modelo de Singapur, con su sistema de COE y transporte público eficiente, ha sido eficaz para controlar el tráfico. Sin embargo, este sistema plantea interrogantes sobre la accesibilidad al transporte privado y la disparidad económica que genera. Es un caso interesante que nos invita a reflexionar sobre las diferentes maneras de abordar la movilidad urbana en nuestras ciudades.
