Los océanos están perdiendo sus olas: cómo nuestras acciones están silenciando el mar

Los océanos están perdiendo sus olas: cómo nuestras acciones están silenciando el mar

Imagina despertar un día y descubrir que esa ola legendaria que tantas veces surfaste, ese espectáculo natural que atraía a turistas de todo el mundo, simplemente ha desaparecido. No fue un proceso gradual, sino de la noche a la mañana. Esto es exactamente lo que ocurrió en 2003 con la famosa ola de Mundaka en el País Vasco, considerada una de las mejores izquierdas del planeta. La causa fue un dragado masivo en el río Oka que alteró el banco de arena submarino que daba forma a la rompiente. Este evento marcó el inicio de ‘Las Olas Perdidas’, una investigación que revela una verdad alarmante: nuestros océanos se están volviendo más calmados y la razón está en nuestras propias manos.

La investigación, desarrollada por el dúo artístico Cooking Sections junto con el grupo de geomática y oceanografía de la Universidad de Cantabria, utilizó tecnología de vanguardia para ‘viajar en el tiempo’ y analizar cómo han cambiado las olas a lo largo de los años. Mediante imágenes satelitales, bases de datos históricas y complejos modelos numéricos, pudieron recrear con precisión las características de olas que ya no existen. El estudio, que duró dos años y analizó casos en todos los continentes, demostró que cuando una infraestructura corta la deriva natural de sedimentos o un dragado altera los fondos marinos, el resultado es una pérdida de energía que finalmente mata la ola. Lugares míticos como Cabo Blanco en Perú o Jardim do Mar en Madeira han visto cómo sus legendarias rompientes se degradan o desaparecen por completo.

Las consecuencias de esta pérdida son profundas y multidimensionales. Por un lado, afecta directamente a los surfistas y a las economías locales que dependen del turismo relacionado con el surf. En Perú, las protestas de surfistas y pescadores llevaron a la creación de la pionera ‘Ley de Rompientes’, una legislación única en el mundo que protege las olas de infraestructuras que puedan alterarlas. Sin embargo, existe una paradoja preocupante: el mismo turismo masivo y los campeonatos de surf que atraen visitantes pueden generar especulación inmobiliaria y obras costeras que terminan destruyendo las olas que los hicieron famosos. Para hacer más accesible esta problemática, el proyecto transformó los datos científicos en arte, con el compositor Duval Timothy creando piezas sonoras a partir de los ritmos de cada rompiente antes de su desaparición.

Esta investigación nos confronta con una realidad incómoda pero necesaria: cada intervención humana en el lecho marino deja una cicatriz que se manifiesta en la superficie. El fondo oceánico y las olas están íntimamente conectados, y nuestras acciones tienen consecuencias directas en la energía que se materializa en el mar. ‘Las Olas Perdidas’ no solo documenta lo que hemos borrado, sino que nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con los océanos y la importancia de proteger estos fenómenos naturales que son mucho más que simples atracciones turísticas. Son el pulso vivo del mar, y su silenciamiento progresivo es una alerta que no podemos ignorar.