Brasil se une al selecto club de países que desarrollan submarinos nucleares propios

Brasil se une al selecto club de países que desarrollan submarinos nucleares propios

En un mundo donde pocas naciones tienen la capacidad tecnológica para desarrollar submarinos de propulsión nuclear, Brasil está escribiendo su propio capítulo en la historia naval. Desde finales de los años setenta, este país sudamericano ha estado trabajando silenciosamente en un proyecto que podría cambiar el equilibrio estratégico en el Atlántico sur. El ‘Álvaro Alberto’, como se ha bautizado a este ambicioso programa, representa no solo un avance militar, sino un hito tecnológico que pocos países latinoamericanos han podido alcanzar. Esta iniciativa demuestra cómo Brasil ha ido construyendo pacientemente las piezas necesarias para unir reactor nuclear, sistemas de combate y construcción naval en un solo proyecto integrado.

El corazón de este submarino será un reactor nuclear desarrollado completamente en Brasil, bajo el Programa Nuclear de la Marinha que comenzó en la década de 1970. Lo fascinante es que este no será un submarino con armamento nuclear, sino que utilizará la propulsión nuclear para lograr una autonomía extraordinaria, permitiéndole operar durante meses sin necesidad de salir a superficie. Con aproximadamente 100 metros de eslora y 6.000 toneladas de desplazamiento, el diseño combina tecnología derivada de los submarinos convencionales clase Riachuelo con un casco adaptado para albergar el reactor nuclear. Actualmente, el LABGENE está probando en tierra un prototipo completo del sistema de propulsión, reproduciendo las condiciones que enfrentará el submarino una vez en el agua.

La colaboración con Francia a través del programa PROSUB ha sido fundamental para este desarrollo. Gracias a este acuerdo firmado en 2008, Brasil pudo construir astilleros especializados en Itaguaí y adquirir tecnología de la familia Scorpène, lo que permitió formar equipos capaces de producir submarinos convencionales avanzados. Estas unidades sirvieron como etapa de aprendizaje antes del salto hacia la propulsión nuclear. El concepto de ‘Amazônia Azul’ explica por qué Brasil considera estratégico este desarrollo: se trata de proteger una zona marítima de millones de kilómetros cuadrados ricos en recursos y rutas comerciales, donde la presencia naval continua es esencial para la soberanía nacional.

Si Brasil logra completar este proyecto, se convertirá en el primer país latinoamericano en operar un submarino de propulsión nuclear, uniéndose a un club exclusivo que incluye a potencias como Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido. Sin embargo, el camino aún presenta desafíos significativos: la integración final del reactor con los sistemas de propulsión y el casco requerirá tiempo, ensayos exhaustivos y supervisión internacional. Más allá de los aspectos técnicos, el éxito dependerá de la continuidad política, el compromiso con la no proliferación nuclear y la capacidad de mantener durante décadas una cadena industrial tan especializada. Este proyecto representa no solo un avance militar, sino la materialización de décadas de inversión en desarrollo tecnológico autónomo.