La apuesta arriesgada de LG: cuando innovar de más no fue suficiente en el mercado móvil

La apuesta arriesgada de LG: cuando innovar de más no fue suficiente en el mercado móvil

¿Recuerdan la época en la que los celulares LG eran la onda? Hace poco más de cuatro años, la compañía surcoreana tomó una decisión difícil pero necesaria: despedirse de su división de móviles. Financieramente, era lo lógico; las pérdidas no paraban. Pero para muchos, incluyendo a un servidor, fue un golpe. LG tuvo su momento de gloria en este competido mercado, marcando pauta con innovaciones que hoy recordamos con nostalgia. A pesar de los esfuerzos y la valentía, el camino de LG en el mundo de los smartphones nos dejó una gran lección sobre la delgada línea entre la audacia y lo que el público realmente busca.

A principios de la década de 2010, LG era un referente absoluto. ¡Imagínense! Google los eligió dos años consecutivos para desarrollar y fabricar los famosos Nexus 4 y Nexus 5. Eran equipos que definieron una era. Después, el LG G2 llegó para robarse el show. Con sus 5.2 pulgadas, parecía gigante, pero su propuesta era ambiciosa y súper destacable. ¿La cereza del pastel? Esos botones físicos ingeniosamente “escondidos” en la parte trasera del teléfono, justo debajo de la cámara. Una movida audaz que muchos amaron y otros cuestionaron, pero que definitivamente dejó huella, mostrando el espíritu innovador de la marca.

El LG G3 también apuntaba en la dirección correcta, pero a partir de ahí, las cosas se complicaron. La marca empezó a tropezar y a seguir una línea errática, lanzando equipos que eran, digamos, impredecibles. Cada año nos sorprendían con decisiones de diseño que más que resolver problemas reales, parecían buscar el efecto “wow” y llamar la atención a toda costa. ¿Se acuerdan de la carcasa trasera de cuero sintético del LG G4 o el ambicioso, pero poco exitoso, diseño modular del LG G5? Esas apuestas, aunque innovadoras, no terminaron de cuajar con el público, y otras gamas como la V se fueron quedando atrás en la competencia con Samsung y los fabricantes chinos.

La realidad es que LG, a pesar de su valentía y originalidad, se encontró una y otra vez con la indiferencia del mercado. Parecía que la gente prefería móviles más “aburridos”, es decir, predecibles y funcionales, en lugar de arriesgadas innovaciones. Modelos fuera de serie como el LG Wing, con su pantalla giratoria, si bien eran fascinantes, terminaron por ser un clavo más en el ataúd de la división móvil. La empresa acabó rindiéndose a lo obvio, reenfocándose en divisiones donde sí son un éxito rotundo, como la fabricación de paneles OLED para sus televisores y para otras marcas de renombre como Apple.

La historia de LG en el mundo de los smartphones es un recordatorio de que, a veces, la audacia no es suficiente. Es una lección sobre el delicado equilibrio entre la innovación desmedida y lo que el mercado realmente quiere o necesita. Aunque su aventura en los móviles llegó a su fin, no podemos negar que LG fue un pionero, siempre buscando romper esquemas. ¿Quién sabe qué habría pasado si hubieran encontrado ese punto medio? Lo que sí sabemos es que dejaron una huella imborrable en la historia de la tecnología móvil, recordándonos que incluso los gigantes pueden tropezar cuando no sintonizan con las preferencias de sus usuarios.