La inteligencia artificial agita el panorama político en México
La inteligencia artificial ha dado un inesperado giro al escenario político en México, capturando la atención de la Generación Z con llamados a la acción. Videos generados por la herramienta de IA de OpenAI, Sora, han estado circulando en redes sociales, instigando manifestaciones para el próximo 15 de noviembre. Esto representa una innovadora y peligrosa forma de activismo digital que mezcla desinformación con una llamada al cambio social.
En el corazón de este fenómeno están los mensajes creados con IA que pintan una imagen alarmante del Palacio Nacional en llamas y manifestantes exigiendo justicia. Estos videos, que incluyen voces en off simulando reportajes en vivo, han alimentado el uso de las plataformas digitales como un campo de batalla de la desinformación, donde la manipulación masiva se convierte en un arma política. Además, varios conocidos influencers de jóvenes mexicanos han sumado sus voces a estas convocatorias, amplificando el alcance de las mismas.
La raíz de este estallido de inconformidad puede rastrearse al reciente asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, un evento trágico que encapsuló el resentimiento acumulado hacia la violencia en Michoacán. La respuesta a este acto ha sido una serie de protestas que exigen un cambio en el liderazgo a todos los niveles, acentuado por la renuncia del gobernador morenista, Alfredo Ramírez Bedolla. Las autoridades, en respuesta, han presentado el plan Michoacán, un conjunto ambicioso de acciones diseñado para contener la violencia y abordar sus causas estructurales con más de 57,000 millones de pesos de inversión.
El uso de la tecnología, especialmente la inteligencia artificial, para influir en la política y la opinión pública plantea preguntas inquietantes sobre su papel futuro en la democracia. ¿Será la IA una herramienta para la participación ciudadana directa y transparente, o se convertirá en otro frente de manipulación y control? México se encuentra en una encrucijada, y cómo responda a estos desafíos tecnológicos puede marcar un precedente para el futuro del activismo político global.
