La promesa filantrópica que revolucionó el 2010 llega a un punto crítico
En 2010, el mundo fue testigo de una iniciativa monumental de la mano de dos gigantes de los negocios, Bill Gates y Warren Buffett. Un proyecto cuya ambición era motivar a los multimillonarios a donar, al menos, la mitad de sus fortunas a causas benéficas. Este esfuerzo llevó por nombre ‘The Giving Pledge’ y parecía, en ese momento, la chispa que encendería una nueva era de generosidad global.
Mientras que el llamado inicial tuvo gran acogida, con más de 250 multimillonarios de 30 países firmando el compromiso, el escenario actual luce distinto. Los cambios en las políticas fiscales y la falta de repercusiones tangibles para los donantes han restado brillo a esta promesa de altruismo masivo. Warren Buffett ha confesado que su visión de una era dorada de filantropía multitudinaria no ha logrado concretarse del todo, con solo una pequeña fracción de los firmantes cumpliendo su palabra de donar considerablemente.
Con la implementación de nuevas leyes fiscales, como la ‘One Big Beautiful Bill’, que gravan las fundaciones más acaudaladas, muchos multimillonarios están reevaluando sus estrategias de donación. Estas regulaciones han impactado principalmente a las grandes fundaciones liberales, mientras que las más pequeñas siguen operando con menos restricciones. Esto ha llevado a figuras como MacKenzie Scott a explorar modelos de donación directa, donde grandes sumas se entregan a organizaciones sin intermediarios, promoviendo un impacto más inmediato.
Aunque algunos gigantes de la filantropía como Buffett continúan entregando donaciones en forma significativa, ha habido ajustes notables en sus enfoques. El legado que Buffett ha decidido fortalecer es el familiar, asegurando que su riqueza beneficie directamente a fundaciones manejadas por sus hijos. Sin embargo, desde su última serie de donaciones, la prominente Fundación Bill y Melinda Gates ha sido omitida, marcando el fin de una era de colaboración directa entre estos pilares de la filantropía.
En resumen, la promesa filantrópica de 2010, aunque revolucionaria, enfrenta hoy desafíos significativos. Los multimillonarios tendrán que adaptarse a un panorama cambiante que demanda nuevas formas de generosidad, reflejándose en un legado que busca mantenerse vigente y relevante en tiempos de incertidumbre y cambio.
