México frente al cambio climático: promesas verdes y el reto de cumplirlas
El cambio climático es un tema que nos concierne a todos, y México no es la excepción. Recientemente, el país ha estado en el ojo del huracán (climático, claro) con importantes anuncios y compromisos de cara a la COP30 en Brasil. Se habla de reducir emisiones, de energías renovables y de un futuro más verde. La Iniciativa Climática de México (ICM) y la Embajada de Alemania organizaron la conferencia “PreCOP30: Diálogos climáticos hacia la implementación”, un espacio clave donde el gobierno mexicano puso sobre la mesa sus planes para combatir el calentamiento global. Con la meta de reducir 225 millones de toneladas de emisiones para 2030, el compromiso suena ambicioso. Pero, ¿estamos realmente listos para el desafío?
México tiene la vara alta, ¡y cómo no! La Secretaría de Energía (SENER) nos ha puesto al tanto de sus planes, anunciando que un impresionante 72% de la nueva capacidad energética instalada en esta administración vendrá de fuentes renovables. Imagínense, para 2030, la meta es alcanzar un 38% de energía limpia, y para 2039, ¡subir a un 48%! Nada mal, ¿verdad? Además, se prevé la instalación de casi 5 GW de almacenamiento de energía, un paso crucial para la estabilidad de nuestra red eléctrica. Desde la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), se reafirmó el enorme reto de reducir el 64% de las emisiones de gases de efecto invernadero (equivalente a esos 225 millones de toneladas) para 2030. La secretaria Alicia Bárcena ha sido enfática en que México llegará a la COP30 con una agenda clara y una visión basada en la justicia social. El país está trabajando en su nueva Contribución Determinada Nacional (NDC 3.0), un documento que promete ser un mapa detallado para lograr la neutralidad de carbono a mediados de siglo, incluyendo acciones de adaptación, pérdidas y daños, y financiamiento. ¡Es un paquete completo!
Pero no todo es color de rosa en este panorama. Mientras el discurso oficial pinta un futuro prometedor, algunas organizaciones civiles, como Greenpeace y la coalición Noroeste Sociedad Civil para la Sustentabilidad Ambiental (NOSSA), levantan la voz para señalar lo que llaman la ‘paradoja energética’. Es decir, seguimos inyectando miles de millones de dólares a Petróleos Mexicanos (PEMEX), una apuesta que no parece muy compatible con las metas de reducción de emisiones. ¡Un poquito contradictorio, ¿no creen? La preocupación crece cuando vemos el presupuesto. El sector ambiental, que es clave para estas transformaciones, ha sido el patito feo del presupuesto. La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), por ejemplo, ha visto su presupuesto tocar fondo, el más bajo en 21 años. Esto pone en jaque la operación de nuestras Áreas Naturales Protegidas, ¡y eso es grave! Incluso la comunidad de ‘El Bosque’ en Tabasco, la primera reconocida como desplazada por el cambio climático, sigue esperando protocolos claros y presupuesto para su reubicación. A pesar del perfil científico de nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, parece que la austeridad ambiental de sexenios anteriores sigue pisando fuerte.
Así que, ¿dónde nos deja todo esto? México está en una encrucijada. Tenemos metas ambiciosas y una agenda clara para la COP30, pero también enfrentamos desafíos enormes en cuanto a financiamiento y coherencia política. Es vital que como ciudadanos estemos informados y exijamos que las palabras se conviertan en acciones tangibles. El futuro de nuestro medio ambiente y la calidad de vida de las próximas generaciones dependen de que estos compromisos no se queden solo en papel. ¡Es tiempo de que el verde no solo sea el color de nuestra bandera, sino también de nuestras políticas!
