China enfrenta nuevos desafíos hídricos con su Gran Muralla Verde
La reforestación masiva llevada a cabo por China a través de su Gran Muralla Verde, un ambicioso programa que comenzó hace ya 50 años, está generando más que solo un incremento en zonas boscosas. Aunque el propósito inicial fue frenar la expansión de los desiertos y aumentar la cobertura forestal del país, nuevos estudios están revelando que estos cambios en el paisaje también están alterando el ciclo climático, especialmente el ciclo del agua, de manera drástica.
En 1978, China inició el Programa Forestal de Refugio Tres Norte, diseñando cinturones forestales para frenar el avance de sus grandes desiertos, como el Taklamakan y el Gobi. Uno de sus grandes objetivos era incrementar la cubierta forestal de un 5.05% en 1997 a un 15% para 2050. Hoy, con más de 3,000 km del cinturón completados, han reducido las tormentas de arena significativamente, pero no todo son buenas noticias. Un estudio reciente, publicado en Earth’s Future, señala que la nueva vegetación ha aumentado la evapotranspiración, o la transferencia de agua desde el suelo a la atmósfera, lo que está modificando la distribución de las lluvias sobre el continente asiático.
Los investigadores descubrieron que mientras algunas áreas, como la meseta tibetana, están recibiendo más lluvias debido al agua transportada por vientos, otras zonas, especialmente en el noroeste y este del país, están viendo una disminución en sus recursos hídricos. Esta redistribución no uniforme del agua desafía la gestión hídrica, un dilema que los estudios recientes están comenzando a desglosar. Una investigación que analizó datos de 1,046 estaciones hidrológicas indicó que el caudal de los ríos ha disminuido en más del 70% en varias regiones, no debido al cambio climático global, sino a la explotación intensiva de la vegetación reciente.
Con este panorama, se plantea la necesidad de modificar las estrategias de manejo del agua. Los expertos sugieren que, más allá de plantar más árboles, es crucial pensar en dónde terminará el agua que estos árboles absorben y emiten. Los planes hidrográficos deben considerar tanto las cuencas terrestres como la denominada ‘cuenca atmosférica’. Con 24 años por delante para completar el plan de reforestación, China debe encontrar un equilibrio entre sus esfuerzos de reverdecer y la conservación eficiente de sus recursos hídricos. La situación también ha tenido implicaciones socioeconómicas, como el impacto en la industria maderera interna, que ha llevado a consecuencias internacionales. Al prohibirse la tala de bosques primarios, se desencadenó una extracción no regulada en los bosques birmanos, exacerbando tensiones bilaterales.
En conclusión, la Gran Muralla Verde ha sido tanto un éxito como un desafío para China. A medida que crece en extensión verde, se vuelve indispensable un enfoque científico y multifacético para abordar las complejidades de su impacto ecosistémico. La lección es clara: toda intervención ecológica, por bien intencionada que sea, requiere un cuidadoso análisis de las consecuencias sobre el entorno para garantizar un desarrollo sostenible.
