El futuro de la programación: ¿la IA está reemplazando a los desarrolladores o abriendo nuevas puertas?
La pregunta que hizo temblar a la industria tecnológica resonó fuerte: ‘¿Es peor aprender código que tatuarse la cara?’ Ian Bremmer, analista de riesgos, lanzó esta provocación justo cuando las empresas tecnológicas navegan entre despidos masivos y contrataciones estratégicas, como la reciente incorporación de Aaron Saunders, ex CTO de Boston Dynamics, en Google DeepMind. Mientras China lidera la innovación en robótica física y las inversiones en inteligencia artificial alcanzan cifras astronómicas, surge una duda existencial: ¿estamos presenciando el ocaso de la programación tradicional?
Las estadísticas parecen pintar un panorama preocupante para los nuevos graduados. Según datos del Federal Reserve Bank de Nueva York, los recién licenciados en ingeniería informática enfrentan una tasa de desempleo del 7.5%, superior incluso a carreras como periodismo o filosofía. Las grandes tecnológicas han reducido sus contrataciones de estudiantes en un 25% respecto a 2023, según la consultora SignalFire. Sin embargo, Kyle Daigle, director de operaciones de GitHub, ofrece una perspectiva diferente: ‘2025 ha sido nuestro año de mayor crecimiento, con más de un nuevo desarrollador por segundo’. La paradoja se hace evidente: mientras algunos ven amenazas, otros observan una transformación profunda del sector.
La verdadera revolución está en cómo la IA está cambiando la naturaleza del trabajo de programación. Entre el 20% y 30% del código en los repositorios internos de Microsoft ya es generado por inteligencia artificial, y se espera que alcance el 95% para 2030. ‘La IA ayuda a alcanzar una meta aprendiendo durante el camino’, explica Daigle, ‘y eso es mucho mejor para aprender a programar que ir a la Universidad’. No se trata solo de ‘vibe coding’ (generar código a partir de instrucciones en lenguaje natural), sino de un cambio fundamental en la pedagogía de la programación. Los desarrolladores ahora pueden delegar tareas a agentes de IA dentro de sus entornos de desarrollo, revisando el trabajo como lo harían con un colega humano, lo que libera tiempo para aspectos más creativos y estratégicos.
Lo más interesante es cómo la IA está democratizando el acceso a la programación. ‘La barrera de entrada parece estar bajando’, afirma Daigle. ‘Es una de las primeras veces que la tecnología realmente ayuda a la gente a crear y resolver un problema real’. Las ‘aplicaciones personales’ están en auge: personas sin formación técnica pueden ahora crear herramientas personalizadas en horas en lugar de días. Además, la IA ofrece soluciones para uno de los mayores desafíos tecnológicos: modernizar el código legacy escrito en lenguajes obsoletos como Cobol, que todavía mueve el 60% de la economía mundial. ‘Ahí es donde creo que estos nuevos desarrolladores que salen de la universidad tienen una gran oportunidad’, señala el ejecutivo de GitHub.
El informe del programa DORA de Google resume perfectamente esta dualidad: ‘la IA puede actuar como un espejo y un multiplicador. En organizaciones cohesionadas, la IA impulsa la eficiencia. En las fragmentadas, resalta las debilidades’. Más que reemplazar programadores, la inteligencia artificial está redefiniendo qué significa ser desarrollador en el siglo XXI. No estamos ante el fin de la informática, sino ante su evolución más significativa desde la creación del ordenador personal. La pregunta ya no es si necesitaremos programadores, sino qué tipo de programadores necesitaremos en un mundo donde la colaboración humano-IA se convierte en la norma. El verdadero desafío será aprender a trabajar con estas herramientas para amplificar nuestra creatividad, no para sustituirla.
