El ‘tren Aldi’ de Países Bajos: un desastre sobre ruedas que duró menos de dos meses

El ‘tren Aldi’ de Países Bajos: un desastre sobre ruedas que duró menos de dos meses

¿Quién no ha escuchado alguna historia de trenes con problemas? Ya sea por retrasos, averías o incluso fallas graves, parece que estos gigantes de acero a veces nos dan más de un dolor de cabeza. Pero, ¿qué pasaría si te dijera que hubo un tren tan, pero tan malo, que apenas duró dos meses en servicio? ¡Y no, no estamos hablando solo de España! Hoy te traemos el chismecito de un fiasco ferroviario épico en los Países Bajos que la prensa bautizó como “el tren Aldi”. Prepárate para conocer la historia de cómo la alta velocidad se descarriló de la manera más insólita.

A finales de los años 90, los Países Bajos se enfrentaban a un problemón: la congestión vehicular en su región de Randstad y en el Aeropuerto Internacional de Schiphol. La solución parecía clara y muy al estilo de sus vecinos europeos: construir una red de trenes de alta velocidad. Así fue como en 1997 se aprobó la HSL-Zuid, una flamante línea de 125 kilómetros diseñada para conectar Ámsterdam con Bruselas, alcanzando velocidades de hasta 300 km/h. La empresa estatal NS y la aerolínea KLM se unieron para operar este sueño moderno. El único detalle era que NS no tenía trenes adecuados para tal infraestructura. En 2004, decidieron irse por la opción que les parecía más económica y firmaron un contrato con el fabricante italiano AnsaldoBreda para adquirir 19 trenes V250. Cada tren costaba 21 millones de euros, un poco menos que los 22.5 millones de un TGV francés. Parecía un buen negocio en papel, con un diseño que, dicen, tuvo aportes de Pininfarina. Sin embargo, los retrasos fueron la primera señal de alerta: los trenes llegaron en 2009, tres años después de lo previsto, mientras NS y KLM ya habían pagado 148 millones de euros al año desde 2006 por derechos de explotación de una línea ¡sin trenes circulando! Y eso sin contar la homologación, que también llevó su buen tiempo.

Finalmente, después de tanta espera y un dineral invertido, el servicio Fyra se inauguró el 9 de diciembre de 2012. ¿El resultado? Un desastre total desde el día uno. Los AnsaldoBreda V250 eran una colección de problemas graves: averías constantes, puertas que fallaban, piezas que se caían (¡sí, leíste bien, hasta placas del fondo y capós!), cables dañados, oxidación, fallos de software y frenos. Incluso, ¡las baterías del tren llegaron a incendiarse! Para colmo, el duro invierno holandés los puso a prueba, dejando a los pasajeros varados a la deriva. Durante las primeras semanas, el 5.6% de los trenes ni siquiera llegaba a su destino y menos del 55% lo hacía a tiempo. La situación se puso tan fea que hasta Bélgica prohibió la entrada de estos trenes a su territorio. La prensa belga, sin piedad, los apodó “el tren Aldi”, comparándolos con productos económicos pero de dudosa calidad. Aldi, por supuesto, salió a defender su marca. La presión era insostenible.

Apenas 39 días después de su lanzamiento comercial, el 17 de enero de 2013, el servicio Fyra fue cancelado. Las investigaciones revelaron fallas de diseño y fabricación tan profundas que arreglarlas habría tomado entre 17 meses y dos años. NS devolvió los trenes y, aunque recibió 125 millones de euros en compensación, perdió unos 88 millones de euros de su inversión inicial. ¡Una lección de que “lo barato sale caro”! Lo más curioso es que, reparados y actualizados, estos mismos trenes encontraron una segunda oportunidad en 2017, operando en las líneas de Trenitalia en Italia bajo la denominación ETR700. La moraleja es clara: a veces, buscar la opción más económica puede terminar costando muchísimo más a largo plazo, sobre todo cuando hablamos de infraestructura crítica y seguridad. La historia del “tren Aldi” nos recuerda que la innovación y la economía deben ir de la mano con la calidad y la fiabilidad para que el sueño de la alta velocidad no se convierta en una pesadilla sobre rieles. ¿Qué te pareció este fiasco? ¿Conoces algún otro caso similar?