Los niños chinos y su obsesión por los likes en los relojes inteligentes Pequeño Genio
En China, los relojes inteligentes infantiles han evolucionado de ser simples dispositivos de comunicación a convertirse en complejos ecosistemas sociales donde los niños compiten desesperadamente por validación digital. A partir de los cinco años, los pequeños reciben estos dispositivos que prometen seguridad y conexión familiar, pero que en realidad los sumergen en un mundo de competencia social implacable. La marca Pequeño Genio, que domina casi la mitad del mercado mundial de smartwatches infantiles, ha creado una plataforma donde acumular ‘me gusta’ se ha convertido en la principal obsesión de millones de niños.
El sistema de Pequeño Genio gamifica prácticamente todas las actividades medibles en la vida de un niño, desde jugar ping pong hasta publicar actualizaciones. Ganar más puntos de experiencia eleva a los usuarios a niveles superiores, lo que aumenta el número de ‘me gusta’ que pueden enviar a sus amigos. Esta dinámica ha creado un juego de reciprocidad donde los niños intercambian likes como si fueran monedas sociales. La presión por mantener un estatus elevado ha llevado a algunos usuarios a métodos extremos: compran bots para aumentar seguidores, piratean relojes para difamar a rivales e incluso buscan pareja romántica a través de la plataforma. Una joven de 18 años contó cómo acumuló más de un millón de likes y se convirtió en minicelebridad, conociendo a tres novios a través del dispositivo.
La competencia ha generado toda una economía paralela donde usuarios de alto nivel venden sus cuentas antiguas y servicios que ayudan a mantener las cuentas activas durante las clases. En plataformas como RedNote (Xiaohongshu), los niños buscan tutoriales para sortear los límites diarios de likes y maximizar su influencia digital. Las autoridades chinas han comenzado a redactar normas de seguridad para estos dispositivos ante la creciente preocupación por adicción a internet, contenidos inapropiados y gasto excesivo. Como señala Ivy Yang, fundadora de Wavelet Strategy, ‘tienen esta sensación de camaradería y comunidad, pero es muy transaccional’.
Esta situación plantea preguntas fundamentales sobre cómo la tecnología está moldeando las relaciones sociales desde la infancia. Mientras los niños aprenden que la amistad puede medirse en likes y que el estatus se compra con bots, los padres enfrentan el dilema de equilibrar la seguridad que ofrecen estos dispositivos con los riesgos psicológicos que conllevan. Como reflexiona Lin Hong, madre de una niña de 8 años obsesionada con su Pequeño Genio, ‘era como los adultos, en realidad, todos son un poco adictos’. El desafío ahora es encontrar cómo aprovechar la tecnología para conectar sin convertir las relaciones humanas en transacciones vacías.
