De los Balcanes a Palestina: la impunidad de los crímenes de guerra en la historia

De los Balcanes a Palestina: la impunidad de los crímenes de guerra en la historia

La historia reciente está marcada por conflictos donde la impunidad de los crímenes de guerra parece ser una constante. Desde las guerras balcánicas de los años 90 hasta los genocidios actuales en Palestina, Sudán y la República Democrática del Congo, un patrón se repite: la dificultad para llevar ante la justicia a los responsables. El libro ‘No matarían ni una mosca. Retratos de los criminales de las guerras balcánicas’, de Slavenka Drakulić, nos ofrece una ventana para entender este fenómeno que trasciende fronteras y décadas.

Los Balcanes: un laboratorio de impunidad

La desintegración de Yugoslavia en la década de 1990 creó el escenario perfecto para que el nacionalismo extremo floreciera. Como documenta Drakulić en su obra, tras la caída del comunismo, partidos nacionalistas llenaron el vacío político, promoviendo la creación de estados-nación “étnicamente limpios”. Esta ideología, que recuerda peligrosamente a la Alemania nazi, justificó atrocidades en nombre de la pureza étnica.

El Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia

El TPIY representó un esfuerzo sin precedentes para juzgar los crímenes cometidos durante las guerras balcánicas. Entre 1991 y 1995, el conflicto dejó aproximadamente 140,000 muertos y millones de desplazados. Drakulić, quien asistió a los juicios al igual que Hannah Arendt lo hiciera en Nuremberg, documenta la perturbadora normalidad de los acusados.

“Comparada con las ejecuciones en masa que se producían todos los días, la violación solo era un jueguecito inofensivo”, esta cita de uno de los acusados en el caso Foča revela la escala de deshumanización alcanzada. En este caso histórico, tres militares serbobosnios fueron juzgados por violaciones masivas, torturas y esclavización de mujeres bosnias musulmanas, estableciendo un precedente importante para los delitos sexuales como crímenes contra la humanidad.

La construcción del “otro” como objeto de odio

Drakulić identifica un mecanismo crucial en estos conflictos: la construcción sistemática del otro como enemigo. “Para empezar, es importante identificar el objeto y ofrecer razones convincentes para el odio”, explica la autora. Estas razones, aunque no sean racionales ni ciertas, deben ser convincentes para que la población las acepte.

Mitos y prejuicios como armas de guerra

  • El mito de los serbios como “pueblo celestial”
  • El sueño milenario de los croatas de tener su propio estado
  • Prejuicios como “los serbios son primitivos” o “los musulmanes son estúpidos”

Estos constructos ideológicos, arraigados en diferencias históricas y culturales reales, fueron explotados por élites políticas que buscaban perpetuarse en el poder. Como señala el investigador Roberto Israel Rodríguez Soriano en su análisis ‘El esencialismo racial y el genocidio’, los conflictos sociales son detonados por la lucha de las élites por controlar recursos económicos y políticos.

De los Balcanes al mundo: patrones que se repiten

Lo más alarmante del análisis de Drakulić es cómo los patrones observados en los Balcanes se repiten en conflictos contemporáneos. La impunidad, la negación histórica y la construcción del otro como enemigo aparecen una y otra vez.

Palestina: genocidio ante los ojos del mundo

Desde que Sudáfrica presentó su acusación contra Israel por genocidio ante la Corte Internacional de Justicia en diciembre de 2023, los intentos de llevar a los responsables ante la justicia han sido mayormente infructuosos. En noviembre de 2024, la Corte Penal Internacional emitió órdenes de arresto contra Benjamín Netanyahu y Yoav Gallant por crímenes de guerra, pero las sanciones de Estados Unidos contra los jueces del CPI limitaron su efectividad.

Sudán y la República Democrática del Congo

En Sudán, el exlíder de milicias Ali Muhammad Ali Abd-Al-Rahman fue declarado culpable por 27 crímenes de guerra en Darfur, mientras nuevas milicias cometían atrocidades en El Fasher con apoyo internacional. Pero el caso más flagrante ocurre en la República Democrática del Congo, donde 15 millones de personas han sido asesinadas desde mediados de los 90 en un genocidio negado por el control de recursos minerales.

La industria bélica y la colonialidad

Un análisis político contemporáneo debe reconocer los profundos efectos de la colonialidad y la industria bélica en estos conflictos. No se trata solo de la “banalidad del mal” arendtiana, sino de sistemas complejos que perpetúan la violencia.

Intereses económicos tras los conflictos

  • Control del 70% de las reservas mundiales de cobalto, oro y coltán en el Congo
  • Acceso estratégico al Mar Rojo en el caso sudanés
  • Intereses geopolíticos en Palestina

Estos intereses explican en parte la inoperancia de los organismos internacionales. Como señala Drakulić: “Los juicios de criminales de guerra son importantes no solo por todos los muertos. También son importantes para los vivos”.

¿Hay esperanza en la justicia internacional?

Bosnia representa un caso casi único en la persecución de crímenes de guerra, con más de 850 personas condenadas a más de 2,700 años de prisión. Sin embargo, este ejemplo no se ha replicado consistentemente a nivel internacional.

La llamada “legalidad internacional” frecuentemente parece estar del lado de los genocidas cuando hay intereses económicos o geopolíticos de por medio. Los procesos de liberación autónomos, generados desde el contexto y no por tribunales extranjeros, podrían ofrecer una verdadera capacidad de justicia y reparación.

Reflexiones finales

La obra de Drakulić nos invita a mantener una mirada política contemporánea y antirracista. Debemos señalar los efectos de la colonialidad y la industria bélica en lugar de regresar a explicaciones simplistas sobre la naturaleza humana. La impunidad de hoy sienta precedentes peligrosos para mañana, y como sociedad global, tenemos la responsabilidad de romper este ciclo.

Los crímenes de guerra no son aberraciones aisladas, sino síntomas de sistemas más amplios de opresión y deshumanización. Reconocer esta realidad es el primer paso hacia una justicia verdadera y duradera.

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