Manas: la película brasileña que denuncia violencia sexual sistémica
En el corazón de la Amazonía brasileña, donde los ríos tejen laberintos de agua y tierra, se encuentra la isla de Marajó, un territorio marcado por una belleza natural abrumadora y una realidad social desgarradora. Es aquí donde la cineasta brasileña Marianna Brennand decidió enfocar su lente para crear ‘Manas’, una película que no solo aspira al Goya a Mejor Película Iberoamericana, sino que se erige como un grito contra la violencia sexual sistémica que afecta a mujeres y niñas en contextos de aislamiento e impunidad.
Una historia que trasciende las fronteras
‘Manas’, término cariñoso que significa ‘hermanas’ en el norte de Brasil, representa mucho más que un título cinematográfico. Es una declaración de sororidad, un llamado a la empatía y una herramienta de visibilización para realidades que suelen quedar ocultas tras el velo del silencio. La película, que llegará a los cines españoles el 27 de febrero antes de la gala de los Goya del 28 de febrero de 2026, compite con producciones de Argentina, Chile, Costa Rica y Colombia, destacando por su compromiso social y su enfoque sensorial.
Marianna Brennand, directora nacida en Brasilia en 1980, expresa con claridad el propósito central de su obra: ‘Espero que todas las mujeres y niñas, o cualquier persona que haya sufrido cualquier tipo de violencia, se sientan vistas, se sientan escuchadas, se sientan abrazadas y alentadas a romper sus silencios al ver Manas’. Esta intención trasciende lo artístico para convertirse en un acto político y humano.
Marajó: el escenario de una tragedia silenciosa
Un aislamiento que agrava la vulnerabilidad
La isla de Marajó, situada en el estado de Pará al norte de Brasil, es uno de los archipiélagos fluviales más grandes del mundo. Su geografía fragmentada y sus comunidades ribereñas dispersas crean un escenario de aislamiento extremo donde servicios básicos como salud, educación y seguridad llegan de manera limitada o simplemente no llegan. Este contexto no es accidental en la narrativa de ‘Manas’, sino un personaje más que condiciona cada aspecto de la vida de sus habitantes.
Brennand describe su primera visita a la región: ‘Me impactó profundamente la fragilidad de esas mujeres y niñas’. En un entorno donde incluso desplazarse implica riesgos porque debe hacerse a través de barcas, las posibilidades de escape o denuncia se reducen drásticamente. A este aislamiento geográfico se suma, según la directora, una falta de representación política que deja a estas comunidades fuera de las prioridades institucionales.
Las cifras que respaldan la urgencia
La película no habla de casos aislados, sino de una violencia ‘profundamente sistémica’, como la define Brennand. Los datos oficiales del Foro Brasileño de Seguridad Pública para 2024 son elocuentes:
- 83.114 denuncias por violación en Brasil
- Un aumento del 1.1% respecto al año anterior
- La cifra más alta de los últimos cinco años
- 227 violaciones diarias en promedio
- 86% de las víctimas son mujeres
Estas estadísticas, aunque abrumadoras, representan solo la punta del iceberg, considerando que muchos casos nunca se denuncian por miedo, desconfianza institucional o las barreras geográficas que enfrentan comunidades como las de Marajó.
El arte como herramienta de denuncia respetuosa
De la investigación a la ficción: una decisión ética
El camino hacia ‘Manas’ comenzó hace diez años, cuando Brennand escuchó por primera vez sobre los casos de explotación sexual en Marajó. ‘Mi primer impulso fue: necesito contar esta historia. El mundo entero necesita saber lo que está ocurriendo’, recuerda. Sin embargo, pronto comprendió que el formato documental, aunque veraz, implicaría exponer nuevamente a las víctimas, reviviendo sus traumas ante cámaras y micrófonos.
Fue entonces cuando optó por la ficción como ‘un espacio más respetuoso’ para contar estas historias. Esta decisión no fue meramente estética, sino profundamente ética. La película marca el debut de Brennand en la ficción después de una trayectoria vinculada al documental con trabajos como ‘Francisco Brennand’ y ‘O Coco, A Roda, O Pnêu e O Farol’.
Un lenguaje cinematográfico consciente
Uno de los mayores retos del proyecto fue encontrar la forma de ‘plasmar esa violencia sin revictimizar a quienes la sufren’. La solución llegó a través de un lenguaje cinematográfico basado en el sonido, el montaje y las elipsis. Brennand y su equipo evitaron deliberadamente la explicitud de mostrar ‘una violencia que no debería existir’, optando por una aproximación sensorial que permite al espectador comprender y sentir sin necesidad de ver gráficamente los actos violentos.
‘Yo no quería que el espectador apartara la mirada’, explica la directora. ‘Era muy importante que sintieras empatía por esta niña, que sintieras su dolor y que miraras, porque es cuando miramos que hablamos, que cambiamos y que nos transformamos’.
Personajes que encarnan realidades colectivas
Marcielle: la resistencia en medio de la adversidad
La película sigue a Marcielle, interpretada por Jamilli Correa, una niña de 13 años que crece en un entorno sin apenas alternativas y atrapada en una red de violencia estructural que condiciona su presente y su futuro. A través de su mirada, ‘Manas’ retrata la normalización del abuso, la dificultad para denunciar y la ausencia de respuestas eficaces por parte de las instituciones.
Lo que hace particularmente poderosa la narrativa es que, a pesar de mostrar la crudeza del sistema, también destaca ‘la resistencia y la capacidad de decisión de una niña que se niega a aceptar ese destino impuesto’. Marcielle no es presentada como una víctima pasiva, sino como una persona con agencia dentro de sus limitadas posibilidades.
Danielle: la violencia heredada
El personaje de la madre, Danielle, interpretado por Fátima Macedo, encarna ‘esa violencia heredada a lo largo de generaciones’. Su presencia en la película evidencia ‘lo difícil que es para ellas alzar la voz, encontrar apoyo, denunciar y alejarse de ese entorno’. Danielle representa a esas mujeres que, atrapadas en ciclos de violencia transgeneracional, ven limitadas sus opciones por factores económicos, sociales y culturales.
El reparto, que completa Rômulo Braga, Dira Paes, Emilly Pantoja y Samira Eloá, combina intérpretes consolidados con jóvenes actrices de la región, aportando autenticidad y diversidad de perspectivas a la narrativa.
Un reconocimiento con significado simbólico
La candidatura de ‘Manas’ al Goya a Mejor Película Iberoamericana tiene un valor que trasciende lo cinematográfico. Brennand se muestra satisfecha no solo por el reconocimiento individual, sino por ‘compartir categoría con otras cineastas iberoamericanas, como Dolores Fonzi o Patricia Velásquez, en una categoría que, tradicionalmente, ha contado con una presencia mayoritaria de hombres’.
‘Nos sentimos muy honradas de representar a Brasil y de estar representando a las mujeres’, señala la directora, interpretando la candidatura como ‘un respaldo a la necesidad de seguir contando historias con compromiso social’. En un contexto donde las producciones con enfoque de género y denuncia social suelen tener menos visibilidad en circuitos comerciales, esta nominación representa una validación importante.
Violencia sexual: un problema global con rostros locales
Si bien ‘Manas’ se desarrolla en el contexto específico de Marajó, su mensaje resuena en realidades globales. Brennand es clara al respecto: ‘El contexto de cómo sucede en la isla de Marajó es muy específico de esa región, en lo económico, político y geográfico, pero la explotación sexual ocurre en todo el mundo. Y la violencia sexual dentro de nuestros propios hogares ocurre justo a nuestro lado. Ocurre aquí, en Madrid, ocurre en Río de Janeiro, ocurre en Nueva York’.
La película muestra cómo las víctimas buscan apoyo en distintos ámbitos -la familia, la comunidad, la iglesia, la escuela o la policía- sin obtener respuestas eficaces, ‘una experiencia que la directora considera tristemente reconocible en muchos otros contextos’. ‘Eso es lo que sucede allí y eso es lo que sucede en todo el mundo: la falta de apoyo institucional a las víctimas de violencia’, lamenta.
El paralelismo con otras realidades
En España, por ejemplo, se denuncian 14 violaciones al día, es decir una violación cada hora y 38 minutos; y 44 agresiones sexuales al día (sin penetración), dos cada hora. Estas cifras, aunque en contextos diferentes al de Marajó, hablan de un problema estructural que atraviesa sociedades y culturas.
Casos como el de Epstein, que involucró abusos sexuales, trata de menores y redes de poder, o decisiones políticas como el SAVE Act en Estados Unidos que pone en riesgo a mujeres en edad madura, demuestran que la violencia sexual adopta múltiples formas pero comparte raíces comunes: desigualdades de poder, impunidad y sistemas que fallan a las víctimas.
El poder transformador del cine
‘Manas’ llega en un momento donde la intersección entre tecnología, comunicación y activismo social ofrece nuevas herramientas para la denuncia. Así como la inteligencia artificial está transformando cómo procesamos información -con desarrollos como Google Gemini 3.1 Pro que lidera la carrera de la IA- o cómo herramientas como los resúmenes de audio de Google Docs ahorran tiempo en el procesamiento de información, el cine sigue siendo un medio poderoso para generar empatía y conciencia sobre problemas complejos.
La película de Brennand demuestra que, más allá de los avances tecnológicos, la narrativa humana sigue siendo fundamental para conectar con realidades dolorosas y movilizar hacia el cambio. En un mundo donde la información circula a velocidades sin precedentes, historias como la de ‘Manas’ nos recuerdan la importancia de detenernos a mirar, escuchar y sentir.
