Selección embrionaria poligénica: ¿avance científico o riesgo de desigualdad?
En el cruce entre la ciencia reproductiva y la genética, surge una tecnología que promete revolucionar la forma en que concebimos la vida: la selección embrionaria poligénica. Este procedimiento, aplicado durante la fertilización in vitro (FIV), analiza el ADN de los embriones para predecir su predisposición a ciertas características y enfermedades. Aunque sus defensores la presentan como un avance médico sin precedentes, expertos advierten que actualmente sus aplicaciones prácticas son limitadas y, en algunos casos, se acercan más al “aceite de serpiente” que a la ciencia sólida.
¿Qué es realmente la selección embrionaria poligénica?
La selección embrionaria poligénica (PES, por sus siglas en inglés) representa un salto tecnológico significativo en el campo de la reproducción asistida. A diferencia de las pruebas genéticas tradicionales que buscan mutaciones específicas responsables de enfermedades monogénicas como la fibrosis quística, la PES analiza miles de variantes genéticas menores que, en conjunto, influyen en la probabilidad de desarrollar condiciones complejas.
El mecanismo detrás de la tecnología
El proceso comienza con la creación de embriones mediante FIV. Una vez desarrollados hasta la etapa de blastocisto (aproximadamente cinco días después de la fertilización), se extraen unas pocas células para análisis genético. Los científicos utilizan algoritmos complejos para calcular lo que se conoce como “puntuación de riesgo poligénico” (PRS), que estima la predisposición del futuro individuo a:
- Enfermedades cardiovasculares
- Diabetes tipo 2
- Ciertos tipos de cáncer
- Condiciones psiquiátricas como la esquizofrenia
- Rasgos físicos y cognitivos
La promesa versus la realidad actual
Las clínicas que ofrecen estos servicios prometen a los futuros padres la posibilidad de “elegir” embriones con menor riesgo de enfermedades graves. Sin embargo, la comunidad científica mantiene un escepticismo considerable. El genetista Dr. Alejandro Martínez explica: “Las puntuaciones de riesgo poligénico actuales tienen un valor predictivo limitado. Estamos hablando de probabilidades, no de certezas. Un embrión con baja puntuación para diabetes tipo 2 podría desarrollar la enfermedad debido a factores ambientales, mientras que otro con alta puntuación podría nunca manifestarla”.
Limitaciones técnicas actuales
La precisión de estas pruebas varía significativamente según la condición evaluada. Para algunas enfermedades, como la enfermedad coronaria, la capacidad predictiva es moderada. Para otras, como los rasgos de personalidad o la inteligencia, la correlación genética es tan débil que las predicciones carecen de utilidad práctica. Además, la mayoría de los estudios que sustentan estas tecnologías se han realizado en poblaciones de ascendencia europea, lo que limita su aplicabilidad a grupos étnicos diversos.
El dilema ético y social
Más allá de las limitaciones técnicas, la selección embrionaria poligénica plantea cuestiones éticas profundas que la sociedad debe abordar. La posibilidad de “seleccionar” embriones según características no médicas abre la puerta a preocupantes escenarios de eugenesia moderna.
Ampliación de las desigualdades sociales
El acceso a estas tecnologías no será igual para todos. Con costos que pueden superar los 10,000 dólares por ciclo de FIV más las pruebas genéticas adicionales, solo las familias con mayores recursos económicos podrán permitirse este “mejoramiento” genético. Esto podría crear una división social donde algunos niños nazcan con ventajas genéticas percibidas, mientras que otros se queden atrás desde la concepción.
La socióloga Dra. Valeria Ríos advierte: “Estamos ante un escenario donde la desigualdad económica podría traducirse en desigualdad biológica. Si solo los ricos pueden ‘optimizar’ genéticamente a sus hijos, estaríamos institucionalizando las diferencias de clase a nivel biológico”.
Regulación y futuro de la tecnología
Actualmente, la regulación de estas tecnologías varía enormemente entre países. Mientras algunas naciones como el Reino Unido tienen marcos regulatorios estrictos, otras permiten prácticas más amplias. La falta de estándares internacionales crea un “turismo reproductivo” donde las parejas viajan a países con legislaciones más permisivas.
Posibles desarrollos futuros
A medida que avanza la investigación genómica y mejora nuestra comprensión de las interacciones gen-ambiente, estas tecnologías podrían volverse más precisas. Sin embargo, esto no resuelve los dilemas éticos fundamentales. La pregunta central sigue siendo: ¿deberíamos usar la tecnología genética para algo más que prevenir enfermedades graves?
Algunos expertos proponen límites claros:
- Restringir su uso a condiciones médicas graves con base genética sólida
- Prohibir la selección por rasgos no médicos como inteligencia o atractivo físico
- Establecer mecanismos de acceso equitativo mediante sistemas de salud pública
- Crear comités de ética multidisciplinarios para supervisar cada caso
Conclusión: ciencia responsable para un futuro equitativo
La selección embrionaria poligénica representa tanto una promesa como una advertencia. Como sociedad, debemos navegar cuidadosamente entre el potencial médico legítimo y los riesgos de crear nuevas formas de desigualdad. La tecnología en sí no es inherentemente buena o mala, pero su aplicación requiere sabiduría colectiva, regulación cuidadosa y un compromiso firme con la equidad.
El verdadero desafío no es técnico, sino ético: ¿cómo aprovechamos los avances científicos sin sacrificar nuestros valores fundamentales de igualdad y justicia? La respuesta a esta pregunta determinará si estas tecnologías nos llevan hacia un futuro más saludable o hacia una sociedad más dividida.
