8M en Argentina: feminismo frente al ajuste y la represión

8M en Argentina: feminismo frente al ajuste y la represión

El pasado 8 de marzo, las calles de Buenos Aires volvieron a teñirse de verde y violeta. Miles de mujeres, travestis, trans y disidencias se congregaron desde el Congreso hasta la Plaza de Mayo en una manifestación que trascendió la conmemoración para convertirse en un grito colectivo contra el ajuste económico, la represión y el desmantelamiento sistemático de políticas públicas.

Un contexto de crisis profunda

Argentina llega a este nuevo Día Internacional de la Mujer sumida en una crisis multidimensional. El brutal ajuste económico implementado por el gobierno ha significado el retroceso de políticas públicas esenciales en educación, salud, prevención de violencias machistas y cuidados. La represión a la protesta social se ha vuelto una constante semanal, mientras desde el propio gobierno se lanzan ofensivas explícitas contra derechos conquistados durante décadas por los feminismos y el movimiento LGBTQ+.

Las cifras que duelen

Las estadísticas revelan una realidad alarmante: las mujeres en Argentina ganan en promedio 26% menos que los varones, participan casi 20 puntos porcentuales menos en el mercado laboral y realizan 7 de cada 10 horas de trabajo de cuidado no remunerado. Esta desigualdad estructural se profundiza con las medidas económicas actuales, afectando primero y más duramente a mujeres y disidencias.

Voces desde la primera línea

En medio de la multitud, distintas voces se alzaron para contar sus historias y demandas:

Chiara Virginia: “Sin travestis no hay feminismos”

Chiara Virginia, trabajadora de la Oficina de Diversidad y Género del municipio de Lanús, expresó con firmeza: “Acá estamos diciendo que sin travestis no hay feminismos. No nos vamos a callar más. Las mujeres y las travestis unidas jamás serán vencidas”. Su reclamo central fue la reparación histórica para las personas travestis, una deuda pendiente por décadas de persecución y hostigamiento.

Paula Martínez: Mujeres constructoras en lucha

Paula Martínez, coordinadora nacional de UOCRA Mujeres, llegó a la marcha con compañeras desde distintos puntos del área metropolitana. “Somos mujeres constructoras, y este es un gobierno que viene arrasando con nuestros derechos”, afirmó. Destacó que la mayoría de las mujeres en este rubro son jefas de hogar con personas a cargo, lo que las convierte en el sector más vulnerable de la organización.

Virginia, 71 años: Jubiladas insurgentes

Virginia, integrante de Jubilados Insurgentes, compartió su perspectiva tras una vida como enfermera y educadora clínica: “Siempre los jubilados hemos sido variable de ajuste, pero este es el zarpazo final”. Se refirió específicamente a la reforma laboral y la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) que afecta directamente los haberes jubilatorios.

Las múltiples caras de la resistencia

Dafne: Tres trabajos y un hijo

Dafne, proveniente de Libertad, Merlo, llegó acompañada de sus hermanas. Con tres trabajos y un hijo de dos años, trabaja como preceptora por la mañana y da clases de danza por la tarde. “Hoy marcho por el derecho a que las mujeres seamos libres”, declaró, representando a millones de mujeres que sostienen múltiples responsabilidades laborales y familiares.

Micaela: Docente en Lanús

Micaela, maestra de primaria en Lanús, trabaja 10 horas diarias pero no llega a fin de mes. “Estamos acá para defender los derechos de las mujeres y también defender el suelo de los y las docentes que está siendo vulnerado”, explicó, reflejando la precarización laboral en el sector educativo.

Victoria: Trabajadora sexual militante

Victoria, trabajadora sexual en Constitución y militante de AMMAR desde hace más de cinco años, expresó: “Estamos acá para defender los derechos de las trabajadoras sexuales y a decir basta de violencia institucional”. Su presencia recordó la importancia de incluir todas las experiencias laborales en la lucha feminista.

Johana: Técnica en hemoterapia

Johana, técnica en hemoterapia del Hospital Garrahan, detalló cómo las políticas actuales afectan directamente a los pacientes: “Tuvimos que pelear, y todavía tenemos que seguir peleando, por medicaciones, insumos y presupuesto”. Relacionó directamente los salarios del personal de salud con la calidad de atención médica.

Demandas centrales y horizontes de lucha

La movilización del 8M articuló varias demandas centrales:

  • Rechazo a la reforma laboral y los despidos masivos
  • Denuncia del recorte en políticas de género, cuidados, salud, educación y discapacidad
  • Exigencia de cupo laboral travesti trans
  • Reparación histórica para personas travestis y trans
  • Fin de la violencia institucional
  • Mejora salarial en sectores esenciales como salud y educación
  • Protección de los derechos jubilatorios

La interseccionalidad como bandera

Lo más destacable de esta movilización fue cómo diferentes luchas se entrelazaron: trabajadoras formales e informales, jubiladas, estudiantes, profesionales de la salud, docentes, trabajadoras sexuales y activistas travestis y trans compartieron espacio y demandas. Esta interseccionalidad demostró que el feminismo contemporáneo comprende que las opresiones se superponen y que la lucha debe ser colectiva y diversa.

Memoria y continuidad

Los nombres de Lohana Berkins, Diana Sacayán y María Pía Baudracco resonaron en las consignas, recordando que la lucha actual se construye sobre los hombros de quienes precedieron. “¡Vivas nos queremos!” se coreó no solo como rechazo a los femicidios, sino como exigencia de una vida digna en todos los aspectos: “Nos queremos alfabetizadas, no precarizadas, con un trabajo formal”.

Conclusión: La calle como territorio de disputa

El 8M en Argentina demostró que, frente a los discursos de odio y las políticas de ajuste, la respuesta es más organización y más feminismo. La calle sigue siendo el territorio donde se disputan los sentidos y se construyen las resistencias. Como afirmaron varias de las manifestantes: “Estuvimos, estamos y seguiremos estando. Todavía feministas”.

La movilización dejó claro que el movimiento feminista argentino, lejos de debilitarse, se fortalece en la diversidad y la articulación de luchas. En un contexto de retrocesos en derechos conquistados, la respuesta colectiva fue contundente: la organización popular y la solidaridad entre diferentes sectores son la única vía para enfrentar el avance de políticas que profundizan las desigualdades.

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