De doctorado a conservación: la científica que salvó los mares de Madagascar

De doctorado a conservación: la científica que salvó los mares de Madagascar

En 2009, Ando Rabearisoa tomó una decisión que parecía ir en contra de la lógica académica convencional. Después de tres años de doctorado en economía ecológica en Francia, abandonó sus estudios para regresar a Madagascar, su país natal. Lo que parecía un retroceso profesional se convertiría en el inicio de una revolución en la conservación marina que transformaría las costas malgaches y serviría como modelo para toda África Oriental.

El nacimiento de un modelo de conservación comunitaria

Inspirada por sus investigaciones iniciales sobre gestión comunitaria de recursos naturales, Rabearisoa comenzó a trabajar directamente con comunidades pesqueras para crear Áreas Marinas de Manejo Local (LMMAs, por sus siglas en inglés). Estas zonas de conservación costera representaban una alternativa radical a las áreas marinas protegidas convencionales, gestionadas por gobiernos que a menudo carecían de recursos para su implementación efectiva.

“En países de bajos ingresos como Madagascar, las áreas protegidas tradicionales frecuentemente generan fricción con los pescadores y carecen de mecanismos de aplicación adecuados”, explica Rabearisoa. “Las LMMAs ofrecen una solución diferente: son las propias comunidades quienes supervisan y gestionan los recursos de los que dependen para su subsistencia”.

De 33 a 177 áreas en una década

Desde 2009 hasta 2019, Rabearisoa lideró el programa marino de Madagascar en Conservation International, una organización sin fines de lucro dedicada a la protección ambiental. Durante esa década, el número de LMMAs en el país creció exponencialmente:

  • 2009: 33 áreas marinas gestionadas localmente
  • 2019: 177 áreas marinas gestionadas localmente
  • Crecimiento: Más del 400% en diez años

Este crecimiento no fue solo cuantitativo. En la primera LMMA establecida en Madagascar, los investigadores documentaron un aumento del 189% en la biomasa de peces durante un período de seis años, demostrando la efectividad del modelo.

La ciencia detrás del éxito

Después de más de una década alejada de los estudios doctorales, Rabearisoa retomó su investigación académica, esta vez enfocándose en la conservación marina en la Universidad de California, Santa Cruz. Su objetivo era claro: investigar cómo la red de LMMAs que había ayudado a crear estaba afectando tanto a las poblaciones de peces como a los ingresos de los pescadores.

Su estudio más reciente, publicado en 2025, reveló datos contundentes: el 95% de los encuestados en comunidades del noreste de Madagascar preferían las LMMAs sobre las zonas de conservación marina convencionales. La razón principal: las áreas gestionadas localmente otorgan a las comunidades un control real sobre las reglas y restricciones de pesca.

El lenguaje común del océano

El modelo de LMMAs tiene sus raíces en Fiyi, donde en la década de 1990 las comunidades costeras crearon sus propios sistemas de pesca sostenible. A principios de los años 2000, colegas de Rabearisoa llevaron pescadores malgaches a Fiyi para estudiar sus LMMAs.

“Los pescadores me contaron que, aunque no hablaban el mismo idioma que la gente de Fiyi, compartían el lenguaje común del océano”, relata Rabearisoa. “Inmediatamente entendieron cómo el sistema de cierres estacionales y restricciones de pesca servía para asegurar capturas sostenibles”.

Al regresar a Madagascar, estos pescadores decidieron crear su propia LMMA basada en los mismos principios, iniciando un movimiento que se expandiría por toda la costa malgache.

Rompiendo el ciclo de pobreza y sobrepesca

Rabearisoa identifica una dinámica crucial que las LMMAs ayudan a romper: el ciclo vicioso entre sobrepesca y pobreza. “Las personas pescan más porque tienen bajos ingresos, lo que empeora la disminución de peces y profundiza la pobreza”, explica. “El objetivo de las LMMAs es romper ese ciclo apoyando la pesca sostenible, lo que aumenta los rendimientos a largo plazo”.

Esta estrategia transforma a las comunidades costeras de potenciales opositores a aliados clave en la batalla por proteger los océanos. Cuando las personas dependen directamente del mar para su subsistencia, cualquier esfuerzo de conservación que las excluya está condenado al fracaso.

Conocimiento ecológico local: la clave del éxito

Una de las lecciones más importantes que emergió de la investigación de Rabearisoa es la necesidad de adaptar las áreas protegidas al contexto local. Cada lugar tiene una ecología, cultura y sistema de gobierno distintivos.

“Una parte importante de mi doctorado analizó cómo utilizar el conocimiento ecológico de las comunidades locales para hacer la pesca más sostenible”, señala. “Por ejemplo, las comunidades locales saben exactamente dónde y cuándo desovan los peces, y utilizamos esa información para cerrar áreas específicas estacionalmente y proteger la siguiente generación de peces”.

Desafíos para las científicas en Madagascar

La trayectoria de Rabearisoa también ilumina los desafíos que enfrentan las mujeres científicas en Madagascar, donde los roles de género convencionales siguen siendo prevalentes. Cuando comenzó su primer doctorado en Francia a los 24 años, enfrentó dudas persistentes sobre su futuro profesional.

“Si me graduaba en seis años, tendría 30 años”, recuerda. “Seguía dudando si alguien querría contratar a una mujer de 30 años como profesora”.

Estas preocupaciones la llevaron a aceptar el puesto en Conservation International, iniciando una década de trabajo práctico que, aunque la alejó temporalmente de la academia, le proporcionó experiencia invaluable y resultados concretos.

Madagascar como modelo regional

El éxito del modelo de LMMAs en Madagascar ha convertido al país en un referente regional. En 2024, Madagascar fue sede de la primera conferencia de LMMAs de África Oriental, reuniendo a pescadores, conservacionistas y otras partes interesadas de países como Kenia y Mozambique.

Hoy, como investigadora postdoctoral en la Universidad de California, Berkeley, Rabearisoa continúa estudiando y promoviendo la conservación basada en comunidades. Su trabajo demuestra que cuando la ciencia se combina con el conocimiento local y el empoderamiento comunitario, es posible crear soluciones de conservación que beneficien tanto a las personas como a la naturaleza.

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