Memoria colectiva y resistencia: 50 años del golpe argentino de 1976

Memoria colectiva y resistencia: 50 años del golpe argentino de 1976

El eco de la memoria en tiempos de olvido

En el país del “Nomeacuerdo”, como cantaba la poeta argentina María Elena Walsh a finales de los años 60, dar tres pasitos y perderse era una realidad cotidiana. Medio siglo después, esa advertencia sobre la importancia de sembrar memoria resuena con una urgencia renovada. El 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, marca no solo el fin de la última dictadura cívico-militar-eclesiástica en Argentina con la asunción de Raúl Alfonsín en 1983, sino también, paradójicamente en 2023, la llegada al poder de Javier Milei.

Ese mismo día, el colectivo Argentines en Euskal Herria se reunió por primera vez en Bilbao para tejer acción política y memoria colectiva a distancia, frente al avance de la ultraderecha. Bajo las sonrientes imágenes de Taty Almeida y Estela de Carlotto —Madres y Abuelas de Plaza de Mayo—, el encuentro se convirtió en un espacio de resistencia tejido con colores, bordados y recuerdos.

Bordando memoria en tierras vascas

El domingo anterior al 24 de marzo de 2024, cuando se cumplían exactamente 50 años del golpe que inició la última dictadura, el grupo organizó un encuentro en el centro Hitz & Hitz del barrio bilbaíno de San Francisco. Bastidores y pañuelos bordados con memoria y color se sumaron a los cuadros sobre la historia vasca que normalmente decoran las paredes. La música y la poesía recordaban que “los dinosaurios van a desaparecer”, mientras la gente llegaba, se abrazaba y compartía empanadas, pasta frola, alfajores y mate caliente pasado de mano en mano.

Carolina Urtasun y Camila Oliveira, integrantes de Argentines en Euskal Herria, abrieron el encuentro destacando la urgencia de seguir bordando memoria día a día, para que permanezca viva, “para fortalecer los lazos y dar una rendija de esperanza al futuro”. Leyeron un manifiesto que denuncia la opresión que sufre el pueblo argentino: “Represión contra jubilados, persecución de activistas y periodistas, exilio y proscripción política. ¿Les suena? Ayer era la Reorganización Nacional. Hoy es la Reconstrucción de la economía argentina, a través del Decreto 70/2023 y la llamada Ley de Bases”.

Los nombres que no callan

Esa rendija de esperanza mencionada al inicio se cerró con una noticia que ayuda a mantenerla encendida: apenas una semana antes, el equipo de antropología forense argentino había logrado identificar a 12 personas desaparecidas durante la última dictadura, casi 50 años después. Los asistentes al acto en Bilbao corearon juntos los nombres de las víctimas encontradas en el centro clandestino de detención La Perla de Córdoba:

  • Carlos Alberto D’Ambra Villares. ¡Presente!
  • José Nicolás Brizuela. ¡Presente!
  • Raúl Óscar Ceballos Cantón. ¡Presente!
  • Alejandro Jorge Mongeou López. ¡Presente!
  • Ramiro Sergio Bustillo Rubio. ¡Presente!
  • Adriana María o Cecilia María Carranza. ¡Presente!
  • Óscar Omar Reyes. ¡Presente!
  • Eduardo Valverde. ¡Presente!
  • Sergio Julio Tissera. ¡Presente!
  • Mario Alberto Nivoli. ¡Presente!
  • Elsa Mónica O’Kelly Pardo. ¡Presente!

“¡Ahora y siempre! ¡Ahora y siempre! Florecerán pañuelos”, resonó en la sala.

La abogada que desentraña la verdad

Mayra Núñez Pastor, abogada especializada en derechos humanos, profundizó en las características de la última dictadura, los procesos de reparación y la lucha por la memoria, la verdad y la justicia. Tras las palabras y los datos, la danza, los bordados, la poesía, el folklore y el rock llenaron la sala, tal como ocurre en cada manifestación del 24 de marzo en cada ciudad de cada provincia argentina: aquí también, hacer memoria resultó ser un ejercicio político y creativo.

Frente a la intención del actual gobierno argentino de cuestionar el número de desaparecidos, Núñez Pastor hizo un llamado a armarse de argumentos y datos claros para desmontar los discursos de derecha. Recomendó la lectura del libro “Pensar los 30.000. Qué sabíamos sobre los desaparecidos durante la dictadura y qué ignoramos todavía” (2025) de Emilio Ariel Crenzel, invitándonos a recordar toda la lucha que hay detrás de cada número y cada persona.

Un golpe con articulación trunca

La abogada realizó un repaso histórico de Argentina, comenzando por los períodos de dictaduras y democracias que se intercalaron antes de 1976, prestando atención a la tensión, violencia e influencia política militar que no cesaba de crecer. Núñez Pastor subrayó una característica específica para entender la firmeza del Golpe de 1976: “la articulación entre varios ámbitos de las fuerzas armadas fue compacta”. Esa unidad dio inicio a una etapa de aniquilación violenta de quienes actuaban fuera de los marcos de la Junta Militar.

Esa época no puede entenderse, a su vez, sin analizar el plan represivo general del Cóndor: “un plan estratégico de cooperación entre gobiernos dictatoriales de varios estados [Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile y Brasil, y luego Ecuador y Perú], para detener a personas sospechosas de participar en planes para enfrentar a esos gobiernos”. Fue una época de censura y persecución, y las fuerzas de seguridad llevaron adelante desapariciones forzadas: “Desde la experiencia argentina surgió la definición jurídica de desaparición forzada: Arrestar o secuestrar a una persona y sacarla de su entorno habitual y cotidiano, sin decir dónde está”.

Tenemos el famoso discurso del presidente Rafael Videla: cuando le preguntaron dónde estaban los detenidos, dijo: “la persona no está, no está viva, no está muerta, está desaparecida”.

Los números que hablan

Núñez Pastor volvió a los números. La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) documentó 8.961 víctimas de desapariciones forzadas en 1983. Esa cifra luego se amplió a alrededor de 30.000 gracias a los registros de organizaciones de derechos humanos, aunque mucha gente siguió teniendo miedo de hablar incluso en las décadas de 1980 y 1990.

En ese relato de testimonios, destacó el papel que tuvo la visita que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos realizó a Argentina en 1979, a raíz de las solicitudes y denuncias presentadas por familiares y actores de derechos humanos al Sistema Interamericano de Derechos Humanos. La Junta Militar argentina no pudo negar esa visita, para tener una imagen positiva y relaciones económicas y políticas en el ámbito internacional: “Pidieron visitar lugares específicos, como la ESMA [Escuela de Mecánica de la Armada. Hoy Espacio Memoria y Derechos Humanos o ex ESMA]. Por eso, la Junta Militar alteró la estructura del centro de detención, para que no coincidiera con los testimonios de las denuncias, y trasladó a las personas a otro centro de detención en Tigre, para que no se escuchara su dolor. Pero era evidente que allí ocurría algo extraño”.

El fútbol que no pudo silenciar el dolor

La Comisión también abrió espacios para presentar denuncias en varios lugares del país, y se recibieron 5.580 denuncias, superando los obstáculos de una Junta Militar que intentaba disfrazar una y otra vez lo ocurrido. Así sucedió también en 1979 cuando se celebró en Argentina la Copa Mundial de Fútbol masculino: aunque se jugaron varios partidos a dos calles de la ESMA, los gritos del mundial intentaron apagar los gritos de lo que ocurría en el centro de detención. Pero no lograron silenciar a aquellas madres que ante el micrófono de un periodista holandés preguntaron: “¿Dónde están? ¡Que nos digan dónde están!”.

Las leyes que bloquearon la justicia

Tras el retorno de la democracia con Raúl Alfonsín en 1983, la presión militar seguía siendo muy grande, especialmente en cuanto al modo de juzgar a las personas responsables de violaciones a los derechos humanos. En la década de 1980 comenzaron los juicios contra las personas que estaban en los cargos jerárquicos más altos y fueron responsables de la dictadura. Pero en 1986 se aprobó la Ley de Punto Final: se estableció una fecha límite para reclamar el proceso penal contra los responsables de violaciones masivas a los derechos humanos, y por lo tanto, se pusieron trabas a los familiares, ya que era imposible presentar alrededor de 20.000 casos en un plazo corto.

Asimismo, en 1987 se aprobó la Ley de Obediencia Debida. Según esta ley, cualquier persona que hubiera violado los derechos humanos cumpliendo una orden jerárquica de un superior no podía ser llevada a la justicia penal: “Esas dos leyes bloquearon completamente la posibilidad de pedir justicia para los familiares y las víctimas”, denunció Núñez Pastor.

La creatividad que abrió rendijas

La abogada argentina quiso poner en el centro la creatividad que han mostrado las personas que trabajan en Derechos Humanos y los familiares para hacer grietas en las piedras, a través del caso de Carmen Aguiar de Lapacó. Esta madre que buscaba a su hija desaparecida acudió a la Comisión Interamericana y este caso fue un hito para comenzar a realizar los Juicios por la Verdad. Aunque, como consecuencia de las leyes mencionadas y de los indultos durante la presidencia de Carlos Menem (1989-1999), los culpables no pudieron ser imputados, al menos estos juicios fueron un punto de partida para conocer mejor la verdad: “Fueron consecuencia de la lucha, la estrategia y la creatividad”.

El presente: un reloj en contra

A partir de 2005, con el gobierno de Néstor Kirchner, se anularon las prescripciones de los casos de violaciones a los derechos humanos, y comenzaron a juzgarse a los responsables de las atrocidades. Núñez Pastor nos alertó que hoy el proceso para asegurar memoria, verdad y justicia va contra el reloj, y los responsables están muriendo sin aclarar lo ocurrido. En 2015, entre las personas que se estaban juzgando, había más detenidos que libres. Ahora, en cambio, es al revés: “No hay suficientes recursos para trabajar adecuadamente en la instrucción, hay más personas libres que condenadas, en comparación con los casos que se abren. El actual gobierno ha degradado la Secretaría Nacional de Derechos Humanos a subsecretaría, y ha reducido el 60% de los trabajadores. Está completamente desfinanciada”.

Asimismo, Núñez Pastor explicó que la protección a testigos se ha reducido y que cada vez con más frecuencia se realizan los juicios en línea: “Los juicios deben ser cara a cara. De hecho, no es lo mismo la fuerza simbólica que tiene ver al condenado en el banquillo que sentado en su casa. Que digan su nombre estando en el tribunal y que se les pueda hacer la lectura de la condena. Y, mientras tanto, el Ministerio de Defensa ha disuelto el equipo que se encargaba de estudiar los archivos de las Fuerzas Armadas. ¿Cómo seguimos construyendo casos así? Ese equipo tuvo un papel fundamental para comenzar a identificar a las personas responsables, especialmente en los vuelos de la muerte. Ahora, por ejemplo, por primera vez tenemos a un militar como ministro de defensa, aunque cuando volvimos a la democracia acordamos que solo tendríamos autoridades civiles”.

La memoria que llega a las nuevas generaciones

Luana Brizuela, integrante de Argentines en Euskal Herria, compartió lo que sintió de joven en el juicio contra Luciano Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo del Ejército y responsable de los Centros Clandestinos de Detención: “Esas instancias fueron fundamentales para la reparación histórica de las familias y para que las generaciones que no vivieron esos años de atrocidad vieran que fue real, de carne y hueso, y que no es una teoría. Y para que la gente supiera que esos ancianos que veían comprando el diario fueron responsables de las crueldades”.

Celeste Agüero, también integrante del colectivo que organizó el encuentro, compartió el papel de la poesía como mediadora de la memoria. Agüero y varios otros jóvenes fueron al juicio contra Menéndez y, a través de tubos de cartón, susurraron poesía al oído de aquellos familiares y amigos que esperaban la lectura de ese fallo histórico. A través de poemas de escritores desaparecidos o silenciados durante la dictadura, esas voces volvieron a ser parte del paisaje sonoro.

El llamado a la acción colectiva

Susy Shock nos recordó a finales de 2024 en La Sinsorgan que “ya no hay más tiempo” y que “debemos ir juntos”. Así terminó también Núñez Pastor su charla: hizo una invitación al trabajo colectivo, para repensar cómo nos articulamos y planificar una resistencia compartida a nivel internacional y regional: “Hay un momento de parálisis, pero luego debemos empezar a articularnos con lo que podemos y como podemos”.

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