Parteras en Tijuana: el parto en la frontera

Parteras en Tijuana: el parto en la frontera

En Tijuana, en el límite entre México y Estados Unidos, un grupo de parteras tradicionales ha tejido una red de apoyo para mujeres migrantes embarazadas. Lo que comenzó como un voluntariado para llevar comida y agua a personas varadas en la frontera, se transformó en una clínica y casa de partos que ofrece atención gratuita y humanizada.

El inicio de una misión

Ximena Rojas, partera y fundadora del colectivo Justicia en Salud, recuerda el verano de 2016 como un punto de inflexión. Miles de personas migrantes, principalmente haitianas, esperaban en las calles de Tijuana para cruzar a Estados Unidos. “Veía mujeres embarazadas sentadas en el asfalto, sin agua ni comida”, relata. Empezó atendiendo consultas improvisadas en la vía pública y pronto su casa se convirtió en un refugio para partos.

La casa de partos de Playas de Tijuana

Hoy, esa casa en Playas de Tijuana alberga a cuatro parteras que rotan cada pocos meses. Lupita Galarza, exenfermera militar; Karen Olvera, de Michoacán; Maritere Salazar, defensora de la partería tradicional; y Yoalty Aylin Alcantar, cuyo nombre en náhuatl significa “guardiana de los nacimientos”. En el salón, una estantería guarda tinturas de medicina tradicional y medicamentos chinos donados. “Usamos medicina integrativa: natural, acupuntura y luego escalamos a otras opciones”, explica Rojas.

Violencia y trauma en el camino

Muchas de las mujeres atendidas han sufrido violencia sexual durante la migración. “Hemos tenido que navegar con organizaciones de defensa de la mujer, incluso casos de trata”, dice Rojas. La atención va más allá de lo físico: “Les preguntamos cómo están emocionalmente, cómo están con su familia. Eso no lo hace un médico en un hospital”, añade Alcantar.

La medicalización del parto en México

Según un estudio de 2022, más del 90% de los partos en ciudades mexicanas ocurren en hospitales, con altos índices de cesáreas y episiotomías. “Hay una sobremedicalización que descuida las necesidades emocionales de las embarazadas”, señalan los investigadores. La Comisión Nacional de Derechos Humanos de México (CNDH) ha recomendado reconocer a las parteras tradicionales como agentes para reducir la mortalidad materna.

La clínica: un espacio de dignidad

En 2018, el colectivo cofundó Refugee Health Alliance, que opera una clínica en Tijuana. Allí, además de atención reproductiva, ofrecen duchas y ropa limpia. “Cuando aquí algo no sabemos, lo derivamos al área médica, y ellos nos mandan a cualquier embarazada”, cuenta Maritere Salazar. En días tranquilos atienden a 15 pacientes; en los más intensos, a más de 45.

Historias de espera

Marta (nombre ficticio) llegó huyendo de su esposo traficante. Con nueve meses de embarazo, espera cruzar a EE.UU. “Tengo miedo, él dice que me va a quitar mi bebé”. Edeleine, haitiana y profesora, está de seis meses y sueña con que su hija nazca en Estados Unidos. Ambas reciben seguimiento de las parteras mientras la espera del asilo se alarga meses o años.

El futuro de la partería tradicional

El 5 de mayo de 2021, colectivos de parteras se reunieron en Ciudad de México para exigir certificación oficial e integración en el sistema de salud. La Secretaría de Salud anunció en 2022 que trabajaba en una norma al respecto, pero aún no hay avances concretos. “Queremos que la partería tradicional esté en los hospitales”, insiste Salazar.

En la clínica, una partera acerca un Doppler al vientre de una embarazada. “Gracias por responder”, le dice al bebé. La madre sonríe al escuchar el corazón de su hijo. Afuera, la frontera sigue siendo un muro de burocracia y peligro, pero adentro, estas guardianas de nacimientos ofrecen un parte de humanidad.

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