Un nuevo estudio publicado el 29 de octubre en la revista Science revela que las pardelas pichonetas (Puffinus puffinus), aves marinas migratorias, pueden experimentar algo similar al jet lag cuando realizan vuelos rápidos de este a oeste. Décadas de datos de seguimiento mostraron que estos trayectos pueden desincronizar su reloj interno con la hora local, provocando que juzguen mal la posición del sol y se desvíen ligeramente de su rumbo.
El jet lag no es exclusivo de los humanos
El jet lag no es solo para los viajeros que cruzan zonas horarias a toda velocidad. Las aves migratorias también pueden padecerlo. Investigadores del Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford, liderados por Tim Guilford, analizaron datos de seguimiento de 20 años para llegar a esta conclusión. El equipo equipó a 1,045 pardelas pichonetas reproductoras con rastreadores GPS en miniatura, que registraron miles de viajes desde las colonias de cría en el Reino Unido hasta zonas de alimentación a hasta 1,000 kilómetros de distancia.
El estudio se centró en los viajes de regreso, aislando 1,837 vuelos continuos hacia el hogar. Asumiendo que los relojes internos de las aves estaban sincronizados con la hora local al amanecer, los investigadores calcularon cómo los vuelos afectarían su brújula solar y compararon esas predicciones con los datos de GPS. Los resultados mostraron que las aves se desviaban hasta 15 grados de su dirección prevista, tal como se esperaba.
La brújula solar y el reloj circadiano
Para los animales que cruzan vastos océanos, el sol puede ayudarles a determinar en qué dirección volar. Pero debido a que la posición del sol en el cielo cambia a lo largo del día, estos animales necesitan un reloj interno sincronizado con la hora solar local natural para usarlo como brújula. Este ritmo circadiano les ayuda a compensar el movimiento aparente del sol y mantenerse en rumbo.
Sin embargo, cuando las aves se desplazan rápidamente hacia el este o el oeste, la hora local cambia más rápido de lo que sus relojes internos pueden ajustarse. Los científicos habían predicho durante mucho tiempo que esta discrepancia podría confundir las brújulas solares de las aves, pero probar la idea en la naturaleza “parecía imposible hasta ahora”, según Guilford.
Desviaciones incluso cerca de casa
Lo que realmente sorprendió a los investigadores es que los pequeños errores de orientación continuaron siendo visibles incluso cuando las aves se encontraban a la vista de tierra presumiblemente familiar. Mientras seguían una costa, las aves deberían poder usarla como guía para mantener su rumbo. Pero en lugar de eso, se desviaban hacia la orilla o mar adentro en línea con los errores predichos de su brújula solar.
El patrón sugiere que las aves usan la brújula solar junto con las señales costeras, incluso cuando ambas apuntan en direcciones diferentes. Los errores son lo suficientemente pequeños como para añadir solo unos pocos kilómetros al viaje, no lo suficiente como para evitar que las pardelas pichonetas encuentren su camino a casa.
Implicaciones para la navegación animal
Este tira y afloja navegacional entusiasma a Sangeeta Rani, cronobióloga de la Universidad de Lucknow en India. Los hallazgos, según Rani, insinúan una habilidad que podría servir bien a estas aves voladoras a medida que el cambio climático y las actividades humanas alteran paisajes familiares: las aves parecen procesar e integrar múltiples señales de navegación sin depender ciegamente de ninguna de ellas.
“Después de todo, si he marcado un camino para mí en el bosque, mi habilidad innata no es seguir ciegamente las marcas”, dice Rani. “Es descubrir qué falta y aún así encontrar el camino de regreso”.
Un fenómeno con paralelismos en la tecnología
Este descubrimiento sobre la navegación aviar recuerda a los desafíos que enfrentan los sistemas de posicionamiento global (GPS) y otros sistemas de navegación, que deben corregir continuamente las señales para mantener la precisión. Al igual que las aves ajustan su rumbo basándose en múltiples fuentes, los receptores GPS modernos integran datos de satélites y relojes atómicos para corregir desviaciones. La naturaleza, una vez más, inspira soluciones tecnológicas.
La investigación también destaca la importancia de los relojes biológicos y cómo las alteraciones en los ritmos circadianos pueden afectar el comportamiento animal. En un mundo donde los vuelos transmeridianos son comunes para los humanos, entender cómo otros seres vivos manejan estos desafíos puede ofrecer pistas sobre los efectos del jet lag en la salud.
El estudio, que se publicó en Science, no solo confirma una predicción de décadas, sino que también abre nuevas preguntas sobre cómo las aves integran información sensorial en condiciones cambiantes. Con el cambio climático alterando los patrones de viento y las rutas migratorias, la capacidad de estas aves para adaptarse y corregir sus rutas será crucial para su supervivencia.

