La persecución del trabajo sexual: una herencia colonial y racista

La persecución del trabajo sexual: una herencia colonial y racista

En las últimas semanas, el caso de Carla ha puesto en evidencia las contradicciones del sistema. Esta trabajadora sexual fue detenida en una redada policial en Barcelona, internada en un Centro de Internamiento de Extranjeros y finalmente deportada. Su historia no es aislada: representa la punta del iceberg de políticas que, bajo el disfraz de protección, criminalizan y excluyen a mujeres migrantes y racializadas.

La doble moral del feminismo institucional

El Ministerio de Igualdad español ha abierto recientemente una orden que modifica las bases reguladoras de subvenciones en materia de violencia contra las mujeres. La orden IGD/239/2022 exige que las entidades acrediten “el reconocimiento expreso de la prostitución, la explotación sexual y la explotación reproductiva como formas de violencia contra las mujeres”. Esta medida, de dudosa legalidad según expertos, equipara automáticamente el trabajo sexual con la explotación, ignorando las voces de las propias trabajadoras sexuales organizadas.

El chantaje de la financiación pública

Lo más preocupante de esta política es su mecanismo de imposición: las organizaciones que no suscriben esta visión abolicionista pierden acceso a financiación pública. Se trata de un chantaje institucional que silencia perspectivas diversas y niega el derecho a la autodeterminación de las trabajadoras sexuales.

Genealogías coloniales en el feminismo blanco

La académica nigeriana Oyèrónkẹ Oyěwùmí ha explicado cómo la colonización impuso la moral cristiana en los territorios conquistados, estableciendo un control específico sobre los cuerpos y la sexualidad de las mujeres colonizadas. Esta lógica persiste hoy en las políticas que buscan “salvar” a las trabajadoras sexuales, especialmente aquellas migrantes y racializadas.

La construcción del sujeto salvador

Como señala la teórica Françoise Vergès, en el norte global existe una inflación de discursos sobre la protección de las mujeres que convive con medidas que aumentan la precariedad y la violencia institucional. No se trata de una paradoja, sino de elecciones políticas que trazan fronteras entre las mujeres que merecen protección y las que no.

Las verdaderas violencias estructurales

Las trabajadoras sexuales organizadas llevan años explicando que las mayores violencias que enfrentan no provienen del ejercicio del trabajo sexual en sí, sino de factores estructurales más amplios:

  • Racismo institucional en los sistemas de justicia y migración
  • Precarización económica y falta de alternativas laborales
  • Estigmatización social que limita el acceso a servicios básicos
  • Violencia policial y abusos de autoridad
  • Falta de reconocimiento como sujetos políticos con agencia propia

La negación de la agencia política

El núcleo del problema radica en que las trabajadoras sexuales no son reconocidas como sujetas políticas con proyectos vitales propios. El feminismo blanco institucionalizado se erige como el único sujeto legítimo de lucha, reproduciendo la lógica colonial del salvador que sabe qué es mejor para “las otras”.

El caso de los Mossos d’Esquadra

Las redadas policiales justificadas como lucha contra la trata construyen un relato similar: los agentes se presentan como salvadores de mujeres vulnerables, cuando en la práctica estas operaciones terminan criminalizando a las trabajadoras sexuales, especialmente a las migrantes en situación irregular.

Hacia un feminismo inclusivo

Georgina Orellano, en su libro “Puta feminista”, propone recuperar debates feministas que reconozcan a las trabajadoras sexuales como sujetos de derecho capaces de tomar decisiones sobre sus propios cuerpos. Necesitamos modelos que abracen tanto las demandas de quienes desean alternativas a la prostitución como de quienes quieren ejercer el trabajo sexual en un marco de garantías y derechos.

Una política que incluya a todas

“Una política que incluya a todas… porque dejar afuera a algunas es cosa del patriarcado y no de feministas”, afirma Orellano. Esta visión representa un desafío al feminismo hegemónico y una oportunidad para construir alianzas más amplias y diversas.

La continuidad de las lógicas coloniales

La deportación de Carla, justificada como protección contra la trata, tiene una continuidad directa con las políticas coloniales que controlaban la movilidad y los cuerpos de las poblaciones colonizadas. No se trata de un error administrativo ni de una mala aplicación de la normativa, sino de políticas deliberadas que reproducen jerarquías raciales y de clase.

El derecho a la autodeterminación

El movimiento de trabajadoras sexuales exige, ante todo, ser escuchado y reconocido. Sus demandas incluyen:

  1. Despenalización del trabajo sexual entre adultos consentidores
  2. Acceso a derechos laborales y protección social
  3. Fin de la violencia policial y el acoso institucional
  4. Participación en el diseño de políticas que les afectan
  5. Reconocimiento de su agencia y capacidad de decisión

Conclusión: más allá del salvacionismo

Las políticas actuales contra el trabajo sexual, disfrazadas de protección feminista, reproducen lógicas coloniales y racistas que niegan la agencia de las mujeres racializadas y migrantes. Un verdadero feminismo debe cuestionar estas estructuras y construir alianzas basadas en el reconocimiento mutuo y el respeto a la autodeterminación.

La lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales no es un tema marginal: es un termómetro de la capacidad del feminismo para ser realmente inclusivo y antirracista. Como señalan las feministas antirracistas, no podemos combatir el patriarcado reproduciendo otras formas de opresión.

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