El cuello de botella silencioso que frena a las empresas de tecnología en América Latina
El panorama del comercio digital en América Latina es, en cifras, deslumbrante. Con un crecimiento del 12.2% interanual, la región se posiciona como el mercado de e-commerce de mayor expansión a nivel mundial, moviendo más de 190,000 millones de dólares solo en retail y proyectando superar el billón de dólares para 2027 si se suman servicios digitales. Sin embargo, detrás de este potencial hay una barrera silenciosa que miles de empresas de software y plataformas enfrentan al intentar cruzar fronteras: la complejidad arcaica de los sistemas de pagos.
Nahuel Candia, CEO de la empresa de infraestructura financiera Rebill, describe un escenario recurrente. “El producto funciona, la demanda orgánica aparece en varios países, el equipo comercial ve tracción real. Y entonces surge la pregunta crítica que pocos anticiparon: ¿cómo cobramos?”. Este momento, según Candia, no revela un problema de producto o de mercado, sino uno de infraestructura financiera. Un cuello de botella que frena la escalabilidad en una región donde el ecosistema fintech ha crecido un 340% en la última década.
La raíz del obstáculo es profundamente estructural y varía dramáticamente entre países. Para una empresa que quiere operar en México, por ejemplo, el proceso implica constituir una sociedad mexicana, obtener licencias ante la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), conectarse a un procesador local y navegar un régimen fiscal específico. Cada nación tiene su propio laberinto regulatorio, de conectores bancarios y de métodos de pago preferidos (desde tarjetas de débito y crédito hasta transferencias SPEI en México o PIX en Brasil), haciendo que la expansión multicountry sea una pesadilla logística y financiera para startups y scaleups.
Una capa tecnológica para desbloquear el crecimiento
Es aquí donde empresas como Rebill buscan posicionarse, ofreciendo lo que denominan una “capa de abstracción” para los pagos. La propuesta es actuar como un único conector tecnológico que permite a cualquier empresa cobrar en múltiples países de América Latina sin necesidad de replicar su estructura legal y financiera en cada uno. La tecnología, en este caso, no se trata del producto final que se vende al consumidor, sino de la herramienta que habilita su comercialización y, por ende, su verdadera globalización regional.
Este desafío trasciende lo meramente operativo y se conecta con temas centrales para portales de tecnología y sustentabilidad: la innovación financiera como habilitador del progreso económico, la democratización del acceso a mercados y la construcción de un ecosistema digital más integrado y eficiente. Resolver el problema de los pagos no es solo acerca de cobrar; es acerca de permitir que soluciones tecnológicas en áreas como software, energías renovables o ciencia lleguen a donde son necesarias, sin que la burocracia financiera las detenga.
El mensaje de Candia es claro: la demanda en América Latina es real y está más que documentada. El talento para crear productos tecnológicos de alto impacto existe. Lo que falta, y lo que está empezando a construirse, es el andamiaje financiero que permita que esa oferta y esa demanda se encuentren sin fricción. El futuro del crecimiento tecnológico regional podría depender, en gran medida, de que este “cuello de botella silencioso” deje de serlo.
