Terapia con testosterona: ¿para quién es realmente necesaria?
La testosterona, la hormona sexual masculina por excelencia, está experimentando un auge sin precedentes. Cada vez más personas recurren a la terapia de reemplazo hormonal con la esperanza de mejorar su energía, libido y calidad de vida. Pero, ¿es realmente la solución milagrosa que prometen algunos gurús de la salud? Un panel de expertos convocado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) en diciembre pasado generó un intenso debate al recomendar cambios importantes en las políticas para ampliar el acceso a la testosterona.
El auge de la testosterona: ¿moda o necesidad médica?
La testosterona ya está disponible en Estados Unidos para personas con niveles bajos debido a problemas médicos conocidos, como daño testicular. Sin embargo, cada vez más evidencia sugiere que más hombres —y mujeres— podrían beneficiarse de esta hormona, administrada mediante inyecciones, parches, implantes subcutáneos o geles.
El panel de la FDA calificó la terapia de reemplazo de testosterona como “una piedra angular de la salud preventiva” y “una oportunidad de atención preventiva multimillonaria”. No obstante, estas recomendaciones intensifican un debate de larga data: ¿quién debería recibir este tratamiento?
Tres posturas enfrentadas
Los expertos se dividen en tres posturas principales:
- Postura conservadora: La mayoría de los hombres con testosterona baja, especialmente jóvenes sin una causa médica subyacente, no necesitan tratamiento suplementario. En su lugar, podrían elevar sus niveles adoptando un estilo de vida más saludable y perdiendo peso.
- Postura moderada: Los hombres con niveles bajos que presentan síntomas como baja libido, fatiga e irritabilidad podrían beneficiarse de la terapia.
- Postura entusiasta: Todos los hombres cisgénero deberían realizarse pruebas, y aquellos con niveles bajos deberían recibir tratamiento incluso si no presentan síntomas. Esta es la postura de muchos miembros del panel de la FDA, incluido el urólogo Abraham Morgentaler, de la Universidad de Harvard.
Morgentaler argumenta que “tener un nivel normal de testosterona es importante para la salud y la prevención de enfermedades”. Sin embargo, otros médicos advierten que la testosterona se está comercializando cada vez más como una “droga de estilo de vida”, promocionada por podcasters como Joe Rogan y clínicas especializadas que prometen cuerpos más en forma y mayor energía, incluso para personas que no tienen deficiencia hormonal.
Los riesgos de la testosterona: ¿qué dice la ciencia?
La testosterona tiene una historia controvertida. Descubierta en la década de 1930, inicialmente fue aclamada como “una de las drogas más potentes introducidas recientemente en la medicina”. Sin embargo, perdió popularidad por el temor a que pudiera causar cáncer de próstata, idea originada por el urólogo Charles Huggins en 1941. Huggins descubrió que el cáncer de próstata depende de la testosterona y que reducir sus niveles hacía que los tumores se encogieran, lo que le valió un Premio Nobel en 1966.
Morgentaler, quien comenzó a tratar pacientes con testosterona baja en la década de 1980 a pesar de los supuestos riesgos, descubrió que sus pacientes no desarrollaban cáncer y se beneficiaban enormemente del tratamiento. Sus hallazgos, junto con la revelación de que las advertencias de Huggins se basaban en la observación de una sola persona, ayudaron a renovar el interés en la terapia.
¿Problemas cardiovasculares?
Dos estudios retrospectivos de 2013 y 2014 encontraron un mayor riesgo de ataque cardíaco en hombres que recibían testosterona, lo que llevó a la FDA a agregar una advertencia en las etiquetas en 2015. Sin embargo, un ensayo clínico aleatorizado llamado TRAVERSE, que incluyó a unos 5,200 hombres con alto riesgo cardiovascular, demostró que aquellos que tomaban testosterona no presentaban una mayor incidencia de eventos cardiovasculares graves en comparación con el placebo. Basándose en estos resultados, la FDA eliminó la advertencia cardiovascular el año pasado.
Los peligros de las dosis altas
La evidencia de seguridad del estudio TRAVERSE se refiere a hombres con niveles bajos confirmados (por debajo de 300 ng/dL) que son tratados para alcanzar un rango normal (350-750 ng/dL). Sin embargo, las dosis altas que elevan los niveles muy por encima de lo natural conllevan riesgos radicalmente diferentes: pueden engrosar el músculo cardíaco (miocardiopatía), causar infertilidad, testículos encogidos, reducción del conteo de espermatozoides y disfunción eréctil, además de efectos neuropsiquiátricos como irritabilidad e incluso psicosis.
Un estudio danés que siguió a unos 500 hombres que usaban dosis altas de esteroides anabólicos encontró que su tasa de mortalidad era tres veces mayor que la de los no usuarios durante un período de aproximadamente siete años, un riesgo similar al del consumo de cocaína.
¿Realmente funciona la terapia con testosterona?
Los defensores de la terapia comparten anécdotas impactantes: pacientes que recuperan la vitalidad, mejoran su estado de ánimo y su libido, y sienten que “vuelven a ser ellos mismos”. Sin embargo, los ensayos clínicos respaldan solo una parte modesta de estos beneficios.
Efectos comprobados
- Función sexual: El efecto más claro. Un subanálisis del estudio TRAVERSE mostró que los hombres tratados aumentaron su actividad sexual en un 25% más que el grupo placebo. También mejoró el deseo sexual, aunque no la función eréctil. Un metaanálisis de la Sociedad de Endocrinología concluyó que la testosterona se asocia con una mejora “pequeña pero estadísticamente significativa” en la función sexual, la satisfacción y la libido.
- Masa muscular y fuerza: Estudios pequeños muestran un aumento en la masa corporal magra y la fuerza muscular, tanto en hombres jóvenes como mayores.
- Anemia y densidad ósea: La testosterona puede tratar eficazmente la anemia y mejorar la densidad ósea.
Lo que no mejora
El metaanálisis no encontró diferencias estadísticamente significativas en energía, estado de ánimo o cognición. Sorprendentemente, los hombres que recibieron testosterona en el estudio TRAVERSE tuvieron más fracturas que los del placebo, posiblemente porque se volvieron más activos.
¿Quién está quedando fuera del debate?
Mientras el uso de testosterona se dispara en algunos grupos, muchas personas que podrían beneficiarse han quedado excluidas de la discusión, incluyendo hombres trans, para quienes la hormona es parte de la atención de afirmación de género, y mujeres posmenopáusicas. La investigación en estos grupos es limitada, y se necesitan más estudios para comprender los beneficios y riesgos en poblaciones diversas.
Conclusión
La terapia con testosterona no es una panacea. Para hombres con niveles bajos confirmados y síntomas claros, puede ofrecer beneficios significativos en la función sexual y la composición corporal. Sin embargo, sus riesgos, especialmente a dosis altas, son reales y pueden ser graves. La decisión de iniciar la terapia debe basarse en una evaluación médica completa, no en tendencias de internet o promesas de bienestar. Como siempre, la ciencia debe guiar nuestras elecciones de salud.
