De esposa mormona a activista: el costo del movimiento tradwife

En un contexto político y cultural estadounidense cada vez más polarizado, el movimiento tradwife —mujeres que renuncian deliberadamente a su carrera y educación para dedicarse al hogar y al cuidado de su esposo e hijos dentro de un matrimonio heterosexual— ha ganado terreno de forma alarmante. Esta tendencia, impulsada por el nacionalismo cristiano y respaldada por políticas federales y estatales, se presenta como un estilo de vida ideal, pero esconde una peligrosa pérdida de autonomía para las mujeres. Así lo denuncia una exmormona devota, hoy estudiante de doctorado en historia y activista feminista, cuyo testimonio se publica en la revista Ms. y que hoy cobra relevancia como una de las noticias más comentadas en el ámbito de la equidad de género.
¿Qué es el movimiento tradwife y por qué preocupa?
El término tradwife es una etiqueta moderna para describir a mujeres que, por elección, abandonan oportunidades educativas y profesionales para asumir roles domésticos tradicionales. Sin embargo, detrás de esta aparente decisión personal, existe una agenda coordinada que busca revertir décadas de avances en derechos femeninos. Desde plataformas como TikTok, pódcast conservadores, púlpitos religiosos y políticas gubernamentales, se promueve la idea de que la maternidad y el hogar son el “llamado más alto” para la mujer.
La autora del testimonio, que creció en una comunidad mormona cerrada, conoce de primera mano cómo estos mensajes se internalizan desde la infancia. “Se me enseñó que el trabajo más importante que haría jamás sería dentro de las paredes de mi hogar”, relata. A los 19 años se casó con un hombre mormón y, para los 29, ya tenía cuatro hijos. Su vida giraba en torno a ser una esposa y madre perfecta, hasta que la monotonía y el aislamiento la sumieron en una profunda depresión.
El costo psicológico de la sumisión
La historia de esta mujer no es un caso aislado. El movimiento tradwife vende la sumisión como un refugio contra las exigencias del mundo moderno, pero su moneda oculta es la vulnerabilidad total. Al renunciar a la independencia económica y a la posibilidad de tomar decisiones sobre su propio cuerpo, las mujeres quedan atrapadas en un ciclo de dependencia. “La ideología tradwife no elimina las luchas de una mujer, simplemente elimina su capacidad de protegerse”, sentencia.
A los 37 años, tras años de estudio y cuestionamiento, la autora se encontró gravemente deprimida, sin experiencia laboral, sin cuenta bancaria propia, sin historial crediticio y con la devastadora realización de haber dedicado su vida a una realidad fabricada. Su proceso de deconstrucción no fue un solo momento de claridad, sino una serie de pequeños clics que culminaron en un tsunami de conciencia.
La agenda política detrás del ideal doméstico
El testimonio también señala cómo la administración Trump y el gobierno liderado por el Partido Republicano están trabajando para revertir los derechos de las mujeres. El Proyecto 2025 y 2026, hoja de ruta de dicha administración, busca incentivar una estructura familiar patriarcal y heterosexual mediante la eliminación de la autonomía corporal, la atención reproductiva y la equidad laboral. Entre las medidas mencionadas se incluyen:
- Desmantelar la Oficina de la Mujer del Departamento de Trabajo de EE.UU.
- Revertir políticas antidiscriminatorias en el gobierno federal.
- Recortar fondos al programa de cuidado infantil Head Start.
- Reclasificar profesionalmente carreras predominantemente femeninas.
- Desfinanciar Planned Parenthood y dificultar el acceso a telemedicina reproductiva y aborto.
- Promover la Ley SAVE, que restringiría el derecho al voto de mujeres casadas.
- Definir estrictamente el sexo biológico al nacer como solo hombre o mujer.
Estas políticas, según la autora, empujan a la mujer a una caja muy pequeña, y luego se le dice que esa caja es su destino y la clave de su felicidad. “Si no eres feliz, bueno, eso es culpa tuya, cariño. Esfuérzate más”, ironiza.
Voces que promueven el retroceso
Paradójicamente, el estilo de vida tradwife es promovido por mujeres que han estudiado, tienen carreras exitosas y ganan grandes sumas de dinero, como Hannah Neeleman de Ballerina Farm, Erika Kirk de Turning Point USA y la podcaster Katie Miller. Sus mensajes carecen de transparencia sobre los riesgos y consecuencias de este estilo de vida. La autora advierte que estas figuras venden la sumisión como un camino fácil y seguro, cuando en realidad es todo lo contrario.
Una advertencia para las jóvenes
Hoy, como estudiante de doctorado en historia con enfoque en género y sexualidad, y como activista feminista, la autora ve la propaganda tradwife no como una subcultura inocente de internet, sino como una ideología política calculada. Su historia de supervivencia es una contra-narrativa necesaria en un panorama que intenta rebautizar la sumisión como empoderamiento.
“La verdadera liberación no se encuentra en retirarse a un pasado manufacturado por género, sino en defender la autonomía, la independencia financiera y los derechos que esta administración y su vanguardia trad están tan desesperados por arrebatar”, concluye.
Su testimonio se suma a la campaña The Majority de Ms., que recopila historias sobre cómo la libertad reproductiva ha permitido a las personas construir la vida que desean. En un momento en que las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses apoya el acceso a la salud reproductiva, estas narrativas buscan visibilizar las vidas moldeadas por el aborto, la anticoncepción, la fecundación in vitro y la educación sexual integral.
Para las jóvenes de México y Latinoamérica, esta historia resuena como una advertencia: el retroceso de derechos no es un fenómeno lejano, y la lucha por la equidad de género sigue siendo urgente.






