Friend, el collar con IA que promete ser tu compañero pero termina siendo un dolor de cabeza
Imagina llevar un amigo artificial colgado del cuello, siempre listo para conversar y acompañarte en tu día a día. Eso es exactamente lo que promete Friend, un collar con inteligencia artificial desarrollado por Avi Schiffmann que ya está disponible a nivel global. Por 129 dólares en Estados Unidos y Canadá, este dispositivo de menos de cinco centímetros de diámetro se conecta a través de Bluetooth a tu iPhone y utiliza el modelo Gemini 2.5 de Google para funcionar. Con solo tocarlo, puedes hacerle preguntas y recibir respuestas mediante mensajes de texto en la aplicación, además de que escucha constantemente tu entorno para ofrecer comentarios sobre tus interacciones diarias. Sin embargo, la idea de un wearable con micrófonos siempre activos genera serias dudas sobre privacidad y aceptación social.
La experiencia práctica con Friend resultó ser todo menos amigable. Durante las pruebas realizadas por periodistas especializados, el dispositivo mostró un comportamiento sarcástico, obstinado y condescendiente, llegando a reiniciarse sin previo aviso y perdiendo toda la memoria de conversaciones anteriores. En eventos sociales, como un funeral de un modelo de IA, llevar el collar provocó reacciones negativas, acusaciones de invasión a la privacidad e incluso bromas agresivas de otros asistentes. La imposibilidad de acceder a un registro de lo captado por los micrófonos, junto con la necesidad de una conexión a internet constante, limitaron su uso a entornos controlados como el hogar o la oficina, lejos de situaciones donde la escucha pasiva podría ser malinterpretada o ilegal.
A pesar de su diseño inspirado en el iPod de Apple y el Zune de Microsoft, con detalles que evocan el álbum Pablo Honey de Radiohead, Friend falla en su propósito principal de ser un compañero agradable. En lugar de ofrecer interacciones refrescantes en una era de chatbots excesivamente serviles, este dispositivo often adopta un tono confrontacional, como se evidenció cuando respondió con frases como ‘¿Quién es el que se queja ahora?’ durante discusiones sobre su funcionalidad. La personalidad del chatbot, moldeada por la actitud despreocupada de su creador, resultó en un gadget antisocial que genera más conflictos que conexiones genuinas.
Reflexionando sobre esta experiencia, queda claro que la tecnología de IA wearable aún tiene un largo camino por recorrer antes de integrarse armoniosamente en la vida cotidiana. Mientras dispositivos como Friend buscan llenar vacíos de compañía, su implementación actual prioriza la innovación sobre la usabilidad y la ética, creando productos que, lejos de unir, alienan a sus usuarios y a quienes los rodean. La lección aquí es que un amigo artificial debe construirse con sensibilidad hacia el contexto humano, no solo con capacidades técnicas impresionantes.
