En Colombia, la extrema derecha tendrá una firme oposición

En Colombia, la extrema derecha tendrá una firme oposición

En la segunda vuelta presidencial del pasado 21 de junio, el destino de Colombia se definió por una diferencia mínima: el 0.96%, es decir, unos 250 mil votos. El mapa electoral dibuja un gran anillo morado que representa la elección por Iván Cepeda, mientras que el centro oriente del país se inclinó por el candidato de la extrema derecha, Abelardo de la Espriella, quien ya fue declarado por el Consejo Nacional Electoral (CNE) como el sucesor de Gustavo Petro. La diferencia entre los candidatos es cortísima y el antagonismo entre ambos proyectos no puede ser más grande: uno reivindica la justicia social, la defensa de los derechos humanos, la figura de Salvador Allende; y el otro, la de Donald Trump y Benjamin Netanyahu, sobre quien pesa una condena de la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra en Gaza.

Con De la Espriella regresa a Colombia la extrema derecha, pero esta vez una versión actualizada a los tiempos que corren aunque con las mismas mañas y ansias que siempre: reducción del Estado, concentración de la riqueza, ajuste fiscal, subordinación de soberanía a Estados Unidos y su socio israelí en la guerra, y promesas de paz a punta de bala. “La única paz real fue la de los paramilitares”, sostuvo el presidente electo en campaña y prometió terminar con las negociaciones de paz que se encuadran en el proceso de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Aunque subestimó a su par salvadoreño al calificarlo como un boy scout blandito a su lado, no oculta su admiración al replicar la estrategia de demagogia punitiva para combatir la inseguridad: a lo Bukele, prometió llevar adelante un proyecto de mega cárceles.

La estrategia de oposición de Iván Cepeda

El senador y ex candidato Iván Cepeda, tras conocerse los resultados, hizo un “anuncio de desobediencia civil ante la violación de nuestra dignidad nacional” en el que advierte que de no revertirse las irregularidades detalladas en un comunicado, la posesión de mando de De la Espriella como presidente “resultaría viciada”. En el mensaje a la nación, Cepeda reiteró la denuncia hecha previo a los comicios en la que sostiene que De la Espriella, al tener nacionalidad estadounidense, le debe lealtad exclusiva al orden constitucional de ese país. “Ante cualquier conflicto entre la soberanía constitucional de nuestro país y la de Estados Unidos, De la Espriella tendría que tomar partido por esta última”.

Para el senador, esto constituye una amenaza a la soberanía jurídica de Colombia e interpela a los más altos magistrados de Colombia para que respondan si están dispuestos a permitirlo. En el mismo comunicado se recuerda el pedido que congresistas del Partido Demócrata hicieron al Fiscal General de Estados Unidos en el que dicen tener evidencia de delitos financieros cometidos en territorio estadounidense por De la Espriella en su patrocinio a Alex Saab y pidieron un examen e investigación rigurosos. Otro punto del anuncio hizo referencia a la vinculación de De la Espriella con un narcoparamilitar que fue informante de las agencias de seguridad federal de Estados Unidos. Por esto, se solicitó que desde Washington se esclarezca si el presidente electo es agente o colaborador de la DEA o de la CIA.

Las condiciones para el traspaso de mando

Según el comunicado del ex candidato, para consagrarse presidente, Abelardo de la Espriella debe: Washington debe aclarar su situación financiera; el presidente electo debe renunciar a la nacionalidad estadounidense; ponerle fin a la persecución contra opositores y a las maniobras de extradición del actual mandatario colombiano, Gustavo Petro. La fecha de traspaso de mando está prevista para el 7 de agosto próximo; entre tanto, tendrán lugar en este contexto las tareas de transición entre ambas gestiones. Resta saber cuáles son las implicancias de este llamado a la desobediencia civil para un país con este nivel de polarización política y con la historia de violencia de Colombia, de la cual Iván Cepeda es víctima por el asesinato de su padre y al mismo tiempo sobreviviente.

Injerencia extranjera y el contexto regional

“Me caía bien. ¿Sabes por qué? Porque yo le caigo bien… Así que lo apoyé. No lo conocía. Él estaba muy abajo en las encuestas. No iba a ganar, no tenía ninguna posibilidad de ganar. Lo apoyé y ganó”, afirmó Donald Trump con palabras similares a las que se refirió sobre su apoyo al triunfo de Javier Milei en las elecciones de medio término en Argentina el año pasado. La transición de poder global está en pleno desarrollo y el desorden mundial también. En este contexto, que para diferentes analistas advierten un declive relativo de la gran potencia estadounidense, la estrategia desde Washington fue la implementación de la Doctrina Monroe en su corolario Trump. Es decir, declarar el hemisferio occidental como su exclusiva zona de influencia o, su “patio trasero”, como históricamente Estados Unidos consideró a América Latina y el Caribe. Esto es, injerencia económica, militar, jurídica y política, es decir pérdida de soberanía.

Tanto Cepeda como Petro denunciaron la injerencia de Estados Unidos en estas elecciones, pero esto no comenzó en la primera vuelta sino que se fue configurando después del ataque a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro. Inmediatamente, Trump puso en la mira a Gustavo Petro, a quien amenazó de hacerlo correr la misma suerte que a su par venezolano al acusarlo de narcoterrorismo. Colombia es una zona de alto valor geopolítico para Estados Unidos y su afán de controlar la región; por eso, la presión sobre Colombia se instaló desde comienzos de este año y el objetivo era en buena medida la elección presidencial. De la Espriella era claramente el candidato que más se ajustaba a las necesidades de Trump, logró caudal electoral y contó con el beneplácito de un acartonado uribismo dispuesto a perder con un 9% en la primera vuelta antes que ver una continuidad de un gobierno popular en Colombia.

Violencia política y desinformación

Toda la campaña se desarrolló en medio de una fuerte violencia política y deliberadas estrategias de desinformación en redes sociales. Pero el asedio no fue solo contra candidatos de izquierda: el arresto de Beto Coral, un activista colombiano residente en Estados Unidos detenido por agentes del ICE, es un caso de persecución política como denunció en el comunicado de Iván Cepeda. Coral se manifestaba abiertamente opositor a De la Espriella e incluso fue acusado por el senador republicano de origen colombiano Bernie Moreno, que escribió en su cuenta de X: “No puedes venir a Estados Unidos, pedir asilo y entonces actuar como un agente extranjero de ese mismo gobierno mientras simultáneamente socavas nuestra política exterior. Ten una buena vida de regreso en Colombia”. Petro hizo un llamado a todos los gobiernos del mundo para lograr la liberación de Coral, a quien calificó como un preso político de Estados Unidos. Por otra parte, Bernie Moreno participó como observador electoral pero no se privó de hacer comentarios, por eso Petro le solicitó al senador que se limite a su tarea y no emita opiniones acerca del voto de la población colombiana. Finalmente, Moreno fue quien enlazó la llamada de Trump con Abelardo de la Espriella, la primera felicitación oficial del triunfo electoral.

Irregularidades electorales

Concluida la elección, la Misión Internacional de Observación Electoral de COHESIA señaló que “esta elección presidencial no se desarrolló en un marco democrático lo suficientemente sólido como para que su resultado, cualquiera que sea, pueda considerarse fruto de una opinión pública informada y de un proceso de votación limpio”. El informe detalla más de cinco mil documentos en los que se denunciaron irregularidades con falsificación de firmas, resultados, y alteración de actas en numerosos consulados. Antes de asumir y sin tratamiento en el Congreso, De la Espriella ya comprometió a Colombia dentro del “Escudo de las Américas” de Donald Trump, que sumaría una estrella más a su escudo de países subordinados a la dirección de Washington que prometen combatir el narco terrorismo pero que tiene como objetivo lograr el control territorial de la región.

Unidad de la izquierda y resistencia

Con estas palabras reconoció Iván Cepeda los resultados electorales y agradeció el respaldo de los 12.700.000 votos de todo el país: “No dejaremos solo al pueblo colombiano, estaremos a su lado, acompañaremos sus procesos de conciencia, organización y movilización”. Con este anuncio inició un recorrido por los territorios que lo consagraron como el candidato más votado de la izquierda. El Pacto Histórico en su articulación con la Alianza por la vida se consolidó desde la izquierda como una fuerza política con capacidad electoral, con claros liderazgos, con representación en las dos cámaras del Congreso, con alcance territorial en poblaciones afrocolombianas, campesinas e indígenas, y con una nutrida militancia activa que demostró en las calles, especialmente con la participación de los sectores más jóvenes, que está dispuesta a respaldar a sus candidatos, pero que además sigue dispuesta a defender ese quiebre generacional que significó el estallido social de 2021. Aida Quilcué aceptó ocupar su lugar en la Cámara de Representantes y Cepeda su escaño como Senador. No serán roles menores en un Congreso sin mayorías oficialistas y con un alto nivel de polaridad que exigirá mucho músculo político para gobernar. Por otra parte, Cepeda y Petro se mostraron juntos para dar cuenta de la unidad y como confirmación del liderazgo político encabezado por el mandatario.

Perspectivas futuras

Sin dudas, los días que siguen por delante representarán un desafío constante. Habrá que prestar atención al alcance de las denuncias contra De la Espriella, qué puede suceder en caso de confirmarse lo expuesto en el comunicado y qué rol tomará la justicia colombiana en ese caso. También habrá que dimensionar este acto de desobediencia civil como mecanismo de defensa ante presuntas amenazas a la soberanía. Las páginas todavía están abiertas para una Colombia que se juega nuevamente la paz.

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