Erika Hilton y la lucha por la diversidad en Brasil
En el corazón de Brasilia, bajo las cúpulas modernistas del Congreso Nacional, Erika Hilton se ha convertido en una de las voces más disruptivas de la política brasileña. Mujer negra y trans, legisladora del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), su presencia desafía las estructuras históricas de poder en un país donde la diversidad aún lucha por encontrar espacio en las instituciones.
Una trayectoria de activismo y resistencia
Erika Hilton no es una política convencional. Su llegada a la Cámara de Diputados en 2023 marcó un hito: junto a Duda Salabert, son las primeras diputadas trans en la historia de Brasil. Pero su impacto va más allá de la representación simbólica. Desde su escaño, ha impulsado más de un centenar de propuestas legislativas que abarcan desde derechos laborales hasta la defensa de la comunidad LGBTIQ+.
Uno de sus momentos más destacados fue su intervención en la comisión especial que debatía el fin de la escala laboral 6×1, un régimen que obliga a millones de trabajadores a laborar seis días por uno de descanso. Con firmeza, Hilton sentenció: “Las personas no pueden vivir para trabajar, necesitan trabajar para poder vivir”. Su propuesta fue aprobada por la Cámara de Diputados y ahora espera definición en el Senado.
El contexto político brasileño: polarización y esperanza
Las elecciones de octubre de 2026 renuevan la presidencia, toda la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado. El escenario está marcado por la polarización entre el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien busca un nuevo mandato, y la derecha liderada por Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, condenado por intento de golpe de Estado.
En este tablero, la figura de Hilton emerge como una voz que confronta no solo a la derecha ultraconservadora, sino también las estructuras de poder que históricamente han excluido a las mujeres negras, a las personas trans y a las minorías. Su agenda interseccional cruza género, raza, clase y trabajo, en un Parlamento donde la representación sigue siendo profundamente desigual.
La brecha de representación
A pesar de que las mujeres representan el 51.5% de la población brasileña y las personas negras el 55.5%, el Congreso está lejos de reflejar esa realidad. Actualmente, solo hay dos diputadas trans, nueve diputadas federales negras y una única senadora negra. La ley exige que los partidos destinen al menos el 30% de los recursos electorales a candidaturas femeninas, pero el acceso efectivo al poder sigue siendo limitado.
Según Débora Thomé, doctora en Ciencias Políticas, el patrón se rompió en 2022: “El PT tiene más mujeres proporcionalmente elegidas que el PL”. Sin embargo, la derecha mantiene mayoría en términos absolutos, y entre las parlamentarias también hay más mujeres de derecha. La disputa no es solo por cuántas mujeres llegan, sino por quiénes logran atravesar las barreras estructurales.
Erika Hilton: una voz que incomoda
La presencia de Hilton en la presidencia de la Comisión de las Mujeres de la Cámara de Diputados, asumida en marzo de 2026, es un logro cargado de simbolismo. En su discurso, destacó la importancia de haber superado “las barreras del odio y la discriminación” para llegar a ese cargo. Su liderazgo no solo desafía la composición masculina y conservadora del Congreso, sino que enfrenta una violencia que intenta restringir quién puede representar y decidir en nombre de la democracia.
Brasil sigue siendo el país con mayor número de asesinatos de personas trans en el mundo. Según el Dossiê de ANTRA, en 2025 fueron asesinadas 80 personas trans, la mayoría travestis y mujeres. Este contexto explica la urgencia de su lucha y la resistencia que enfrenta.
El legado de Marielle Franco
La figura de Marielle Franco, concejala negra, lesbiana y feminista asesinada en Río de Janeiro en 2018, resuena en cada paso de Hilton. Marielle había advertido: “Van a tener que aguantar a mujeres negras, trans y lesbianas ocupando la diversidad de los espacios”. Su memoria retorna en cada proceso electoral y en cada mujer negra que accede a una banca.
Hilton no solo continúa ese legado, sino que lo proyecta en un contexto de alta polarización. Al lanzar su campaña a la reelección, llamó a una “refundación” del país que no se limite al Parlamento, sino que se construya en las calles y en las redes. “Jóvenes, poblaciones marginalizadas, grupos excluidos, minorías políticas y mayorías sociales están esperando su turno”, afirmó.
Los desafíos de la representación interseccional
La lucha de Hilton no es solo contra la extrema derecha, sino también contra las resistencias internas dentro de su propio campo político. Carolina Althier, del Instituto Update, señala que las lideresas negras ya existen y tienen trayectoria, pero su presencia sigue subrepresentada. “Ampliar la presencia de mujeres negras es reconocer que hay un enorme acúmulo de conocimiento político producido en los territorios y en los movimientos sociales”, afirma.
En un Congreso donde las fuerzas antigénero, racistas y transfóbicas crecieron durante los años del bolsonarismo, Hilton enfrenta el desafío de legislar en un ambiente hostil. Su respuesta es una resistencia cotidiana: “A veces tenemos que ignorar y tener sangre fría”, ha dicho.
La disputa por el futuro
De cara a las elecciones del 4 de octubre de 2026, la continuidad de figuras como Hilton está en el centro de la disputa democrática. La organización Mulheres Negras Decidem advierte que la renovación de dos tercios del Senado abre una oportunidad histórica para ampliar la presencia de mujeres negras, pero también un riesgo: el avance de sectores conservadores que buscan cerrar el paso a esas agendas.
La figura de Hilton se erige como una voz que ocupa la tribuna para defender derechos fundamentales y recordar que la democracia brasileña también se mide por quiénes logran hablar, legislar y permanecer con vida en el intento. Su reelección no es solo la continuidad de un mandato, sino parte de una disputa más amplia contra la extrema derecha y por abrir espacio a quienes históricamente quedaron fuera del poder.
“Ese es el país que quiero construir. No solo en el Parlamento, sino en las calles, en las redes y en la construcción de algo mucho más grande que yo y que nosotras”, concluye Hilton. Su lucha, sin duda, seguirá marcando el rumbo de Brasil.
