El Gran Cañón y el misterio de mil millones de años perdidos

El Gran Cañón y el misterio de mil millones de años perdidos

El Gran Cañón es uno de los paisajes más icónicos del planeta, y sus capas de roca cuentan una historia casi continua de la Tierra que se remonta a unos 2 mil millones de años. Sin embargo, hay un vacío desconcertante: entre 520 millones y 1.8 mil millones de años, el registro geológico está prácticamente en blanco. Es como si alguien hubiera entrado a un museo y hubiera robado casi un ala completa de rocas. Descifrar quién o qué causó ese vacío ha sido uno de los casos más fríos de la geología.

Ahora, un equipo de científicos cree haber encontrado al culpable: un acantilado gigantesco que se extendía a lo largo de un continente entero, con la glaciación global como cómplice. El hallazgo, publicado en la revista Geology, podría resolver un misterio que ha intrigado a los geólogos durante décadas.

Un acantilado del tamaño de un continente

Hace unos 800 millones de años, el supercontinente Rodinia comenzó a fragmentarse. Ese proceso tectónico dio origen a un escarpe colosal, una especie de acantilado continuo que se extendía a lo largo de lo que hoy es América del Norte. Según el estudio liderado por Thomas Gernon, científico de la Tierra de la Universidad de Southampton, en Inglaterra, ese escarpe pudo haber alcanzado entre uno y dos kilómetros de altura y habría abarcado desde lo que hoy es Alaska hasta Arizona.

La idea de que un acantilado de tales dimensiones existiera en la región del Gran Cañón nunca se había propuesto antes. “Ningún estudio había sugerido la existencia de un escarpe a escala continental en la región del Gran Cañón. Nuestro estudio muestra que es una explicación plausible y sencilla para la enorme erosión que ocurrió allí”, afirma Gernon.

Para llegar a esta conclusión, el equipo utilizó modelos computacionales que simularon la evolución de la Tierra antigua a lo largo de cientos de millones de años. Los resultados mostraron que el escarpe se formó justo en el momento en que las rocas de la región desaparecieron del registro geológico.

El papel de la Tierra Bola de Nieve

Pero un acantilado por sí solo no explica totalmente la desaparición de mil millones de años de historia. Los científicos señalan que la erosión coincidió con un periodo extremo de glaciación conocido como “Tierra Bola de Nieve”, cuando enormes capas de hielo pudieron haberse extendido desde los polos hasta latitudes ecuatoriales.

El escarpe, debido a su gran elevación, creó condiciones ideales para la formación de glaciares y capas de hielo. A medida que el hielo se expandía, erosionaba grandes cantidades de roca, contribuyendo a crear el vacío en el registro. “Los picos rocosos expuestos del escarpe habrían actuado como fábricas de glaciares”, explica Gernon.

Además, el equipo publicó un estudio separado en la revista Science que describe cómo un escarpe creado por actividad tectónica fue responsable de la formación de la capa de hielo de la Antártida Oriental hace unos 34 millones de años. Ese paralelismo refuerza la idea de que los escarpes pueden desencadenar glaciaciones.

Un caso aún abierto

A pesar de lo convincente de la hipótesis, quedan preguntas por resolver. No está claro si la erosión que borró las rocas ocurrió antes, durante o después de las glaciaciones de la Tierra Bola de Nieve. “Ese es el verdadero hueco que hay que llenar: precisar la historia de la erosión en el espacio y el tiempo, continente por continente, con suficiente precisión”, admite Gernon.

Alan Collins, geólogo de la Universidad de Adelaida, en Australia, que no participó en el estudio, considera que la conexión con eventos verificados como la ruptura de Rodinia fortalece la propuesta. “Me parece muy convincente”, dice Collins. El equipo también señala ejemplos modernos de procesos erosivos similares, como un escarpe en la Antártida y otro en Sudáfrica.

El caso no está cerrado, pero la evidencia apunta a que un antiguo acantilado gigante y el hielo global fueron los responsables de borrar mil millones de años de la historia de la Tierra en el Gran Cañón. Este hallazgo no solo resuelve un enigma geológico, sino que también ayuda a comprender mejor cómo los procesos tectónicos y climáticos han modelado nuestro planeta a lo largo del tiempo.

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