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jueves, 5 de noviembre de 2026
Ciencia

Descubren 280 grabados rupestres del Paleolítico en cueva española

Arqueólogos hallan 280 grabados del Paleolítico en Cova de la Font Major, España, incluyendo 55 figuras de animales y un raro oso. Un tesoro del arte rupestre.

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Cortesía
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Un equipo de arqueólogos ha revelado un hallazgo extraordinario en el noreste de España: 280 grabados rupestres del Paleolítico en el interior de la Cova de la Font Major, en Espluga de Francolí, Tarragona. El descubrimiento, publicado esta semana en la revista Antiquity, incluye 55 figuras de animales como caballos, ciervos y al menos un oso, una representación poco común en el arte rupestre de la región. Se trata de una de las mayores colecciones de arte parietal de la península ibérica y supone un giro inesperado para la arqueología catalana, donde hasta ahora solo se conocían dos figuras de este tipo.

La cueva, conocida desde hace décadas como destino turístico, escondía estos grabados a plena vista. A pesar de que miles de personas la han visitado desde su primera excavación en 1957, nadie había reparado en las finas incisiones sobre las paredes. Algunos visitantes incluso dejaron grafitis sin saber que estaban dañando arte del Paleolítico. El hallazgo inicial se produjo en 2019, pero hasta ahora no se había documentado en detalle.

Un tesoro oculto en la oscuridad

¿Cómo pasaron desapercibidos durante tanto tiempo? Míriam Salas-Altès, coautora del estudio y estudiante de doctorado en la Universidad Rovira i Virgili y el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES-CERCA), explica que en una cueva oscura los grabados son mucho más difíciles de detectar que las pinturas rupestres. Incluso con un casco con luz frontal, las marcas pueden quedar en penumbra. Además, las paredes están repletas de grafitis modernos, lo que confunde a simple vista. “Para un ojo no entrenado, los grabados paleolíticos pueden ser difíciles de diferenciar de las marcas actuales”, señala Salas-Altès.

El equipo utilizó técnicas de imagen para identificar y documentar las incisiones. Entre las 280 figuras, además de los animales, hay formas menos reconocibles: líneas paralelas y un grupo inusual de bucles. La presencia de un oso es especialmente relevante, ya que este animal aparece raramente en el arte rupestre de la zona.

Implicaciones para el arte rupestre en la península ibérica

Hasta ahora, la mayor parte del arte paleolítico de la península se concentraba en la región franco-cantábrica, que abarca la frontera entre España y Francia. En Cataluña solo se habían documentado dos figuras. “Fue una gran sorpresa”, admite Salas-Altès. El hallazgo amplía el mapa del arte rupestre y sugiere que la zona mediterránea también fue un espacio simbólico importante para los grupos humanos del Paleolítico.

La cueva, de grandes dimensiones, pudo haber sido utilizada como refugio, para rituales o para otras actividades. Salas-Altès espera seguir descifrando los 280 grabados y comprender la historia de la presencia humana en el lugar. Además, no se descarta que haya más arte en galerías interiores que con el tiempo se han llenado de sedimentos. Abrirlas podría revelar nuevas obras.

Protección y acceso restringido

Para preservar los grabados, el acceso de turistas a la cueva se ha limitado desde el descubrimiento. Las autoridades buscan equilibrar la conservación con el interés público. La cueva es un sitio emblemático en Espluga de Francolí y su valor arqueológico ahora es incuestionable.

El estudio, liderado por Salas-Altès y otros investigadores, subraya la importancia de revisar con métodos modernos sitios que ya se consideraban conocidos. La tecnología de imagen permite descubrir detalles invisibles al ojo humano y está revolucionando la arqueología.

Un llamado a la conservación

El caso de Cova de la Font Major también es una advertencia sobre el impacto del turismo no regulado en sitios arqueológicos. Durante décadas, los visitantes dejaron grafitis que ahora dificultan la identificación de las obras originales. Los investigadores hacen un llamado a extremar las medidas de protección en cuevas con arte rupestre, incluso en aquellas que no han sido declaradas patrimonios de la humanidad.

Para México y Latinoamérica, este descubrimiento recuerda la riqueza del arte rupestre en la región y la necesidad de invertir en investigación y conservación. Sitios como la Cueva de las Manos en Argentina o las pinturas de Baja California podrían beneficiarse de tecnologías similares para revelar tesoros ocultos.

El equipo de Salas-Altès continuará sus investigaciones en la cueva. Mientras tanto, el mundo celebra un nuevo capítulo en la historia del arte paleolítico, escrito en las paredes de una cueva española que durante milenios guardó su secreto.

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