El duelo de una ballena jorobada: madre que no abandona a su cría muerta
En un avistamiento poco común, un grupo de científicos fue testigo de lo que podría ser un comportamiento de duelo en una ballena jorobada. Una hembra fue observada atendiendo el cuerpo sin vida de su cría recién nacida, un hecho que sugiere que las ballenas barbadas podrían experimentar emociones complejas como el duelo. El hallazgo fue documentado por el biólogo marino Olaf Meynecke y el capitán de embarcación de rescate Andrew Mulville, y publicado el 16 de septiembre en la revista Discover Animals.
Un encuentro fortuito que revela un comportamiento inesperado
En julio de 2025, Andrew Mulville, miembro de la fundación australiana Sea World Foundation, se encontraba en aguas cercanas a Palm Beach, en Queensland, Australia, cuando divisó a dos ballenas jorobadas adultas (Megaptera novaeangliae). Al acercarse para observarlas, notó que flotaban en la superficie algunos tejidos que parecían membrana amniótica, el revestimiento placentario que las ballenas expulsan al dar a luz. Poco después, en el fondo marino, distinguió a una pequeña cría recién nacida, de menos de cuatro metros de longitud, que yacía sin vida.
Lo que sucedió a continuación conmocionó a los observadores. La hembra adulta, presuntamente la madre, “terminó sumergiéndose, haciendo contacto visual y colocando su aleta pectoral —su brazo— sobre la cría mortinata y descansando junto a ella”, relata Meynecke, de la Universidad Griffith en Brisbane, Australia. La escena se prolongó durante dos días más, con la presencia de las dos ballenas adultas en la misma zona, que los investigadores creen eran la madre y un macho acompañante.
¿Duelo en el océano? Evidencia y precauciones
Este tipo de comportamiento, aunque documentado en ballenas dentadas como las orcas, es extremadamente raro de observar en ballenas barbadas. Según los autores, esta podría ser la primera documentación detallada de una ballena jorobada atendiendo a una cría después de su muerte. La razón de la rareza radica en que las crías de ballenas barbadas nacen sin las reservas de grasa que harían flotar un cadáver, por lo que si las madres permanecen con sus crías muertas en el fondo marino, las probabilidades de que los humanos presencien la interacción son mínimas.
Meynecke advierte sobre la tentación de antropomorfizar el comportamiento. “No podemos probarlo, pero estoy muy seguro de que eran las mismas ballenas, lo que también sugiere que se trata de un cambio de comportamiento prolongado… algo que podríamos llamar duelo o una forma de aflicción”, comenta. Sin embargo, enfatiza que “la ballena experimenta su mundo de una forma y estructura completamente diferentes. Tienen distintas maneras de entender su entorno”.
Implicaciones para la ciencia y la conservación
Este avistamiento plantea preguntas profundas sobre la cognición y la vida emocional de los cetáceos. Aunque no se puede afirmar categóricamente que las ballenas experimenten duelo como los humanos, la evidencia sugiere que al menos muestran respuestas complejas ante la muerte de sus crías. Comprender estas conductas no solo enriquece nuestro conocimiento sobre la biología marina, sino que también puede influir en las políticas de conservación y en la manera en que percibimos a estos animales.
La investigación de Meynecke y Mulville subraya la importancia de seguir documentando estos eventos raros. Cada avistamiento aporta piezas a un rompecabezas que aún está lejos de completarse. Mientras tanto, la imagen de una madre ballena acariciando a su cría muerta nos recuerda la complejidad de la vida en los océanos y la necesidad de protegerla.
Un vistazo a la vida de las ballenas jorobadas
Las ballenas jorobadas son conocidas por sus largas migraciones y sus complejas vocalizaciones. Se alimentan en aguas polares y se reproducen en aguas tropicales, donde las hembras dan a luz. La cría recién nacida depende completamente de la madre durante sus primeros meses de vida. La pérdida de una cría representa un evento significativo, y aunque no sabemos cómo lo procesan, comportamientos como el observado sugieren que no son indiferentes.
Este tipo de estudios también destaca la utilidad de la tecnología y la observación directa en la investigación marina. Gracias a la dedicación de rescatistas y científicos, podemos ser testigos de momentos íntimos que de otra forma pasarían desapercibidos. La documentación cuidadosa y el análisis riguroso son clave para avanzar en el entendimiento de estas especies.
Reflexiones finales
El avistamiento de una ballena jorobada atendiendo a su cría muerta es un recordatorio conmovedor de la conexión que puede existir entre madre e hijo en el reino animal. Si bien la ciencia aún no puede confirmar que se trate de duelo, la evidencia apunta a que estos animales poseen una vida emocional más rica de lo que solemos reconocer. En un mundo donde la tecnología nos permite explorar hasta los rincones más remotos del planeta, historias como esta nos invitan a reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza y la importancia de preservar la biodiversidad.
