Un equipo de neurocientíficos ha logrado cartografiar con un detalle sin precedentes una de las regiones más enigmáticas del cerebro humano: la corteza insular, o ínsula. Sus hallazgos, publicados en la revista Nature, muestran cómo esta estructura organiza el procesamiento de las sensaciones corporales, como el dolor, y detallan una vía mediante la cual la corteza cerebral —sede de las funciones cognitivas superiores— se coordina con la ínsula para modular lo que sentimos.
Una región profunda y difícil de estudiar
La ínsula se encuentra en lo profundo del cerebro, lo que históricamente ha complicado su estudio. Investigaciones previas habían sugerido que esta zona recibe señales de distintas partes del cuerpo —como dolor o presión— y las transforma en las sensaciones que experimentamos. Sin embargo, la mayoría de los estudios se habían basado en técnicas de imagen cerebral que capturan la actividad de la ínsula cuando surgen diversas sensaciones, explica Josef Parvizi, médico y científico de la Universidad de Stanford en California y coautor del trabajo.
Para obtener una imagen más precisa, Parvizi y sus colegas necesitaban enviar señales eléctricas a distintas partes de la ínsula en personas y evaluar las sensaciones resultantes. Pero implantar electrodos en los cerebros de individuos sanos sería poco ético. Por ello, recurrieron a 87 pacientes que ya tenían electrodos implantados por razones médicas.
Estimulación eléctrica en pacientes con electrodos
Durante más de una década, los investigadores aplicaron corrientes eléctricas a través de los electrodos en diversos sitios de la ínsula de los participantes. Los resultados revelaron una organización funcional clara:
- Parte posterior de la ínsula: la estimulación produjo dolor, calor y otras sensaciones —como hormigueo y entumecimiento— en áreas específicas del cuerpo, por ejemplo, un brazo o una pierna.
- Parte media de la ínsula: aquí los participantes experimentaron sensaciones más “viscerales”, como náuseas, presión o sensación de plenitud en el pecho.
- Parte frontal de la ínsula: esta región se comunica con otras áreas cerebrales involucradas en la cognición y la emoción, lo que sugiere que no solo influye en las sensaciones, sino también en cómo el cerebro las interpreta.
“Contrario a lo que se pensaba, la ínsula no solo lee el cuerpo. En parte, influye en la historia de cómo debería sentirse el cuerpo”, señala Parvizi.
Implicaciones para entender la percepción corporal
El estudio ha sido recibido con entusiasmo por otros especialistas. Lucina Uddin, neurocientífica cognitiva de la Universidad de California en Los Ángeles, lo califica como “toda una hazaña” y uno de los trabajos más completos sobre la ínsula y la producción de sensaciones corporales.
Comprender cómo la ínsula organiza e integra las señales del cuerpo podría tener implicaciones para el tratamiento de trastornos relacionados con el dolor crónico, la ansiedad o las alteraciones de la percepción corporal. Además, el hallazgo de que la corteza cerebral y la ínsula colaboran para modular las sensaciones abre nuevas preguntas sobre el papel de las funciones cognitivas superiores en la experiencia sensorial.
El mapa detallado de la ínsula también podría guiar futuras investigaciones en neurocirugía, ayudando a preservar estas funciones durante intervenciones en zonas profundas del cerebro.

