El Níquel: ¿El secreto sucio de la electrificación?

El Níquel: ¿El secreto sucio de la electrificación?

¡Sorpresa! Resulta que fabricar una moneda de cinco centavos cuesta más que cinco centavos. Esto, aunque parezca una broma, refleja la peculiar situación del níquel, un metal clave para la transición energética. Su precio ha caído a niveles inesperados, a pesar de la creciente demanda para baterías, acero inoxidable y otras tecnologías. ¿La razón? Un inesperado cambio en el panorama global de la minería de níquel.

Indonesia, tras prohibir la exportación de mineral en 2020, se ha convertido en el principal productor mundial, controlando entre el 60% y el 65% de la producción global. Esto ha generado un enorme ingreso para el país, incluso superando sus ganancias por exportación de carbón. Sin embargo, esta nueva “superpotencia del níquel” tiene un costo: su producción se basa en gran parte en carbón, generando una huella de carbono significativa. Además, hay preocupaciones sobre prácticas mineras que afectan territorios indígenas y ecosistemas frágiles. China, por su parte, ha invertido fuertemente en la industria del níquel indonesia, asegurando el suministro para sus ambiciosas metas en energías limpias. Este dominio asiático plantea una vulnerabilidad estratégica para Occidente, que se enfrenta a la disyuntiva de depender de fuentes con alto impacto ambiental o asumir los altos costos de producción local.

La situación se complica aún más con la creciente popularidad de las baterías de litio-ferrofosfato (LFP), que no necesitan níquel. Aunque menos potentes, estas baterías son más baratas y sostenibles. La demanda de níquel podría verse afectada, lo que añade incertidumbre al mercado. Las grandes mineras occidentales enfrentan un dilema: el alto costo de la producción local, la presión social por prácticas más sostenibles y la dependencia de China como principal mercado. El futuro del níquel parece incierto: Indonesia consolidará su posición, pero la demanda podría disminuir por la competencia de las baterías LFP y las crecientes presiones ambientales. La electrificación global dependerá de la capacidad de encontrar un balance entre la necesidad de níquel y la urgencia de proteger el medio ambiente y los derechos humanos.