Trump y la impunidad misógina: el caso de Cornell

Una joven presentó una demanda contra la Universidad de Cornell, alegando que hace dos años la institución no la protegió de ser violada por siete hombres en una fraternidad cerca del campus. También demandó a la fraternidad. El caso ha sumido a la universidad en una crisis y ha generado críticas contra el fiscal de distrito, Matthew Van Houten, quien decidió que no había pruebas suficientes para presentar cargos penales contra los siete hombres. Esta noticia, reportada por Robert Reich, exsecretario de Trabajo de Estados Unidos y columnista de The Guardian, pone de relieve un problema más amplio: la cultura de impunidad misógina que, según Reich, se ha visto alimentada por el expresidente Donald Trump y su entorno.
En un momento en que los derechos de las mujeres están bajo asedio en varias partes del mundo, el caso de Cornell y el análisis de Reich resuenan con fuerza. Para México y América Latina, donde la violencia de género y la impunidad son desafíos persistentes, esta historia subraya la importancia de exigir justicia y cuestionar los discursos que normalizan la agresión sexual.
El caso de Cornell: una demanda que sacude a la universidad
La demanda, presentada el mes pasado, detalla que la joven fue violada por siete hombres en una casa de fraternidad cerca del campus de Cornell. La universidad, según la denuncia, no tomó las medidas necesarias para protegerla ni para investigar adecuadamente los hechos. La fraternidad también enfrenta acusaciones por no prevenir el ataque.
El fiscal de distrito, Matthew Van Houten, decidió no presentar cargos penales, lo que ha provocado indignación y preguntas sobre el manejo del caso. Aunque no se conocen todos los detalles, la decisión refleja un patrón común: la dificultad de las víctimas de violencia sexual para acceder a la justicia.
El contexto político: Trump y la cultura de la impunidad
Robert Reich sostiene que el caso de Cornell no ocurre en el vacío. Lo relaciona con un clima de misoginia impulsado por Donald Trump y su administración. Reich recuerda que Trump fue declarado responsable en un tribunal civil de abuso sexual contra la escritora E. Jean Carroll. También ha insultado repetidamente la apariencia física de periodistas, políticas y figuras públicas.
En una grabación de 2005, Trump se jactó de besar y manosear a mujeres sin su consentimiento, diciendo que por ser famoso podía “hacer lo que quisiera” y “agarrarlas por el coño”. Cuando las mujeres lo han denunciado, ha lanzado campañas de desprestigio, como hizo con Carroll, Stormy Daniels y Hillary Clinton. Cuando se le han enfrentado, ha estallado en ira contra ellas, como con Megyn Kelly, Rosie O’Donnell, Kamala Harris y Alexandria Ocasio-Cortez.
La administración más misógina en la memoria reciente
Reich califica a la administración de Trump como la más beligerantemente misógina de la que se tenga memoria. Entre sus acciones, menciona que equiparó abiertamente los niveles de testosterona con la fuerza, realizó una pelea en una jaula en el jardín de la Casa Blanca como parte de la celebración del 250 aniversario de Estados Unidos, despidió a altas funcionarias y acusó al Partido Demócrata de estar dirigido por “un montón de señoras con gatos sin hijos”.
Además, señala que Trump, JD Vance y el exaliado de Trump, Elon Musk, habitan lo que se ha denominado la “manosfera”, un espacio donde los eventos principales son la dominación y la sumisión. El objetivo es humillar a los hombres débiles y subyugar a las mujeres. Una promesa implícita de la campaña de Trump de 2024 fue restaurar el patriarcado en Estados Unidos. El 54% de los hombres votó por Trump ese año. Tras su reelección, los ataques sexistas y abusivos contra las mujeres, como “tu cuerpo, mi elección” y “vuelve a la cocina”, se multiplicaron en las redes sociales, según un análisis del Institute for Strategic Dialogue.
Aliados con historial de agresiones
Reich destaca que un número notable de aliados de Trump son acosadores y depredadores sexuales. Trump fue presentado en la convención nacional republicana por Dana White, director ejecutivo de Ultimate Fighting Championship, quien fue grabado abofeteando a su esposa en un club nocturno. JD Vance ha afirmado que los hombres en Estados Unidos están “suprimidos” en su masculinidad. Antes de convertirse en secretario de Defensa de Trump, Pete Hegseth pagó a una mujer que lo acusó de agresión sexual. (La madre de Hegseth lo acusó de abusar de mujeres, aunque luego se retractó. Él ha negado las acusaciones). Como secretario, Hegseth ha promovido a hombres con “alta testosterona” y ha bloqueado ascensos de oficiales femeninas.
Una de las empresas de Elon Musk, SpaceX, supuestamente pagó 250,000 dólares a una azafata que dijo que Musk se expuso ante ella, aunque él niega la acusación. En una demanda presentada el año pasado, exempleados lo acusaron de “tratar a las mujeres como objetos sexuales a ser evaluados por su talla de sostén”. Después de besar el trasero de Trump, Mark Zuckerberg, la tercera persona más rica de Estados Unidos, pidió más “energía masculina” porque el mundo corporativo se estaba volviendo “culturalmente castrado”. Le dijo a Joe Rogan: “Tener una cultura que celebra un poco más la agresión tiene sus propios méritos que son realmente positivos”.
La celebración de la masculinidad tóxica
El régimen de Trump celebró la masculinidad tóxica al facilitar la liberación de Andrew y Tristan Tate de Rumania a Estados Unidos. Los hermanos Tate habían sido acusados de atraer a mujeres a Rumania y luego obligarlas a trabajar como performers pornográficas en webcam. Reino Unido también investiga a los hermanos Tate por violación y trata de personas. (Los alguaciles estadounidenses arrestaron a los hermanos Tate en Miami el 18 de julio, tras una solicitud de extradición del Reino Unido. Ellos han negado todos los cargos). “Soy fan de Trump porque soy hombre”, ha dicho Tate. “Tienes que apoyar a Trump si eres hombre”.
La ideología de la manosfera y sus implicaciones
Reich explica que la manosfera autoritaria de Trump se organiza en torno a una jerarquía encabezada por guerreros masculinos heroicos. Ganar consiste en lograr que otros machos se sometan al macho dominante. Las mujeres quedan relegadas a roles de sumisión. Cualquier cosa que desafíe los roles tradicionales del hombre heroico como protector, proveedor y controlador de la familia se considera una amenaza al orden social. Se cree que las personas LGBTQ+ debilitan al hombre heroico. De ahí la orden ejecutiva de Trump que declara que el gobierno de Estados Unidos solo reconocerá el sexo asignado al nacer, limitará la definición de “hombre” o “mujer” a sus células reproductivas y potencialmente retendrá fondos federales a programas que reconozcan a personas transgénero o la “ideología de género”.
Reich aclara que no quiere simplificar en exceso un fenómeno social complejo ni caer en los mismos estereotipos de género que promueve la manosfera. La dominación masculina no es la única característica que une a Trump, Vance, Hegseth, Kennedy, Musk y los tecnólogos. La misoginia no es exclusiva de los hombres autoritarios. Tampoco presume saber qué ocurrió en la fraternidad de Cornell hace dos años. Pero no le parece irrazonable relacionarlo con un clima de desconfianza rayano en el odio, fomentado por Trump y su administración contra las personas que parecen débiles o femeninas.
Reflexiones finales para América Latina
El análisis de Reich invita a reflexionar sobre cómo los discursos de poder y los liderazgos que normalizan la violencia de género tienen consecuencias reales en la vida de las mujeres. En México y América Latina, donde la impunidad en casos de violencia sexual es alarmante, es crucial cuestionar a quienes desde el poder minimizan o justifican estas conductas. La lucha por la equidad de género requiere no solo cambios legales, sino también transformaciones culturales que desafíen la misoginia en todas sus formas.
El caso de Cornell y las palabras de Reich son un recordatorio de que la justicia para las víctimas de violencia sexual sigue siendo una deuda pendiente en muchas sociedades. La impunidad no es un fenómeno aislado; se nutre de un entorno que la tolera y la promueve. Como sociedad, tenemos la responsabilidad de exigir rendición de cuentas y construir un futuro donde ninguna mujer tenga que temer por su seguridad.






