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viernes, 6 de noviembre de 2026
Ciencia

Así escapan los pulpos por agujeros diminutos, paso a paso

Un estudio revela la estrategia de tres o cuatro pasos que usan los pulpos para escabullirse por ranuras estrechas. Podría inspirar robots blandos.

Por user4 min de lectura0 comentarios
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Cortesía
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Los pulpos son maestros del escape. ¿Recuerdan a Inky, el pulpo que se fugó del acuario nacional de Nueva Zelanda? Estos cefalópodos pueden salir de tanques y botes escurriéndose por rendijas estrechas y agujeros increíblemente pequeños. Ahora, un equipo de investigadores ha descubierto exactamente cómo lo logran algunas especies: con un plan de juego consistente, paso a paso, que varía según el tamaño del orificio.

El estudio, publicado el 5 de noviembre en el Journal of Experimental Biology, describe las tácticas que emplean los pulpos comunes (Octopus vulgaris) y los pulpos mayas (Octopus maya) para atravesar aberturas más pequeñas que su cuerpo. Los hallazgos no solo explican una de las habilidades más llamativas de estos animales, sino que podrían inspirar el diseño de robots blandos capaces de deformarse para pasar por espacios mínimos.

Un comportamiento icónico poco estudiado

A pesar de que la fuga por espacios reducidos es una de las conductas más conocidas de los pulpos, la ciencia no la había analizado en detalle. “Es una de las características más típicas de los pulpos en la conciencia popular, pero las estrategias que utilizan no se habían examinado sistemáticamente”, señala Robyn Crook, bióloga evolutiva de la Universidad Estatal de San Francisco, quien no participó en la investigación.

Para Michael Kuba, biólogo de la Universidad de Nápoles Federico II en Italia y autor principal del trabajo, esta habilidad no es un simple truco de fiesta. Los pulpos la usan para encontrar alimento escondido y para evitar convertirse en comida. “Es una adaptación clave para su supervivencia”, explica.

Cómo diseñaron el experimento

Kuba y sus colegas observaron a tres pulpos comunes y cuatro pulpos mayas frente a pequeños orificios. Para cada individuo, midieron la distancia entre los ojos, un indicador del tamaño del cartílago más rígido que rodea su cerebro. Luego construyeron cajas de acrílico con agujeros ligeramente más pequeños o más grandes que esa medida. Colocaron a los pulpos dentro y grabaron lo que sucedía.

Los resultados mostraron que los pulpos comunes emplean una de dos estrategias de escape según el tamaño del agujero, mientras que los mayas se mostraron más cautelosos.

Tres pasos para agujeros más grandes

Cuando el orificio era más ancho que la distancia entre sus ojos, los pulpos comunes lo atravesaban en tres movimientos:

  1. Introducían uno o dos brazos por el agujero.
  2. Pasaban un par de brazos más.
  3. Con los brazos ya fuera, empujaban contra la caja y tiraban de su cabeza y el resto de los brazos en un solo movimiento rápido.

Todo el proceso les tomaba apenas unos segundos.

Cuatro pasos para aberturas más estrechas

Si el agujero era más angosto, los pulpos comunes añadían un cuarto paso. Primero empujaban todos los brazos a través del orificio y luego comprimían la cabeza y el abultado manto para pasar el resto del cuerpo. Esta secuencia adicional les permitía superar la resistencia de las partes más rígidas.

“Es fascinante ver cómo ajustan su comportamiento según el tamaño de la abertura”, comenta Kuba.

Los pulpos mayas, más prudentes

Los pulpos mayas, en cambio, no intentaron atravesar el agujero más estrecho. Por lo general, lo ignoraban. Esta diferencia entre especies podría deberse a su biología o a cómo se han adaptado a su entorno. Los pulpos mayas viven en zonas arenosas y rocosas, donde pueden esconderse bajo las rocas, pero rara vez necesitan meterse por huecos pequeños, explica Kuba.

“Su comportamiento más cauto refleja quizás que no enfrentan la misma presión ecológica para escabullirse por espacios mínimos”, añade.

Inspiración para la robótica blanda

El equipo espera que estos artistas del escape inspiren nuevos robots blandos capaces de cambiar de forma para caber por espacios diminutos. “Esta increíble capacidad podría permitir que los robots superen limitaciones ambientales y entren en espacios difíciles de alcanzar”, señala Wenci Xin, investigador en robótica de la Universidad Nacional de Singapur.

Actualmente, los robots diseñados para pasar por agujeros pequeños suelen tener forma de serpiente, pero investigaciones más profundas sobre estos contorsionistas de ocho brazos podrían abrir la puerta a otras configuraciones. “Estudiar cómo los pulpos navegan diferentes tipos de orificios puede dar pistas adicionales para los robots”, apunta Crook. Por ejemplo, los cefalópodos podrían emplear tácticas distintas para aberturas con forma de ranura o de tubo.

El estudio no solo resuelve un misterio de la naturaleza, sino que tiende un puente entre la biología marina y la ingeniería. Mientras los pulpos siguen sorprendiendo con sus fugas, la ciencia aprende de ellos para diseñar máquinas más flexibles y adaptables.