Protestas por caso de violación en Cornell sacuden EU

Una ola de indignación nacional ha sacudido a Estados Unidos tras el presunto caso de violación grupal ocurrido en una fraternidad de la Universidad de Cornell en 2024. Este jueves, miles de estudiantes abandonaron sus clases en más de 50 campus universitarios en todo el país como parte de un Día Nacional de Acción, convocado por organizaciones como Ms., Women’s March y me too. International. La protesta no solo denuncia la falta de apoyo a las víctimas por parte de las administraciones universitarias, sino que también apunta a un presidente que ha sido acusado repetidamente de agresión sexual y fue declarado responsable de abuso sexual. El caso ha reavivado el debate sobre la violencia de género en los campus y su impacto en la política nacional.
Un movimiento que exige justicia
La historia de Jane Doe, como se conoce a la víctima para proteger su identidad, ha sido el detonante de una movilización sin precedentes. Según relatos, la joven fue presuntamente agredida sexualmente por varios miembros de una fraternidad en 2024. Aunque los detalles son escalofriantes, lo que ha encendido la mecha es la respuesta institucional: hasta ahora, ni la universidad ni el sistema legal han ofrecido una solución satisfactoria. Ellen Sweet, exeditora de Ms. y coordinadora del Proyecto de Ms. sobre Agresión Sexual en Campus, escribió en una reciente carta al editor del New York Times: “Los detalles de lo que le ocurrió a Jane Doe son horribles, pero al menos ahora se están reportando y considerando creíbles. Esto no siempre ha sido así. Ahora hay un clamor público por transparencia y rendición de cuentas que no puede ignorarse. Esperemos que las universidades y las fuerzas del orden finalmente aprendan la lección”.
Las protestas del jueves no son un hecho aislado. En la década de 1980, Ms. publicó el primer estudio nacional sobre agresión sexual en campus universitarios. Los hallazgos fueron impactantes para la época: más de la mitad de las mujeres encuestadas habían experimentado “alguna forma de victimización sexual”, y una de cada ocho había sido víctima de violación. Sin embargo, casi tres cuartas partes de ellas no identificaron su experiencia como violación. Más de cuatro décadas después, el término “violación en una cita” ya no es nuevo, y muchas universidades ofrecen capacitaciones sobre consentimiento y recursos para estudiantes que sufren violencia sexual. Aun así, las jóvenes siguen siendo acosadas y agredidas, y los sistemas legales universitarios y estatales siguen fallando en proporcionar justicia.
El poder político de las mujeres jóvenes
Este momento de indignación coincide con un ciclo electoral crucial. Las elecciones de medio término en Estados Unidos se perfilan como un referéndum sobre el poder de las mujeres jóvenes. Una encuesta del New York Times/Siena College encontró que, en ocho contiendas senatoriales, los votantes menores de 30 años favorecen abrumadoramente a los demócratas por un margen de 30 puntos. Aunque el análisis no menciona explícitamente a las mujeres como el grupo impulsor, no es difícil deducir quién está detrás de esa ventaja. La última encuesta de Economist/YouGov confirma que las mujeres lideran la ventaja demócrata: el 51% planea votar por los demócratas en las elecciones al Congreso, frente al 41% de los hombres. Además, una nueva encuesta de The 19th/YouGov sobre mujeres jóvenes votantes muestra que temas como la anulación de Roe vs. Wade y el movimiento #MeToo, que ocurrieron durante los años formativos de la Generación Z, están informando sus decisiones en las urnas.
La historia reciente lo demuestra: las mujeres deciden las elecciones. En las elecciones para gobernador del otoño pasado en Virginia y Nueva Jersey, ambas eligieron gobernadoras demócratas con supermayorías de votos femeninos. Ahora, las jóvenes están hartas y profundamente enojadas. Las elecciones de medio término ofrecen una oportunidad para canalizar esa ira hacia un cambio tangible y significativo. Ese cambio podría incluir un Congreso dispuesto a reconocer que la Enmienda de Igualdad de Derechos (ERA, por sus siglas en inglés) ha sido ratificada, lo que proporcionaría la base para promulgar leyes más estrictas sobre violencia de género, incluida la restauración del remedio de derechos civiles en la Ley de Violencia contra las Mujeres (VAWA), dando a mujeres como Jane Doe un mayor recurso legal.
Un llamado a la acción y al voto
Pero un Congreso favorable a la ERA es algo por lo que habrá que luchar. Es una razón más para hacer un plan y votar temprano. Las organizaciones detrás del Día Nacional de Acción insisten en que este es solo el comienzo. La indignación debe traducirse en acción política. Mientras tanto, Ms. ha lanzado una campaña llamada The Majority, que recopila historias sobre cómo la libertad reproductiva ha permitido a las personas construir la vida que desean. Encuesta tras encuesta muestra que la mayoría de los estadounidenses apoya el acceso a la atención de salud reproductiva. Sin embargo, el debate público pasa por alto las vidas moldeadas por el acceso al aborto, la anticoncepción, la fertilización in vitro, la atención de abortos espontáneos, la atención materna o la educación sexual integral: innumerables mujeres que eligieron estudiar, tener hijos, no tenerlos, proteger su salud y trazar su propio futuro.
El caso de Cornell ha roto un dique. La rabia de las mujeres jóvenes no es un fenómeno pasajero; es una fuerza política que podría definir las elecciones de medio término y, con suerte, transformar la forma en que las universidades y el sistema legal manejan la violencia sexual. Como escribió Sweet, “esperemos que finalmente aprendan la lección”.






