Deepfakes desnudan a eurodiputadas: exigen prohibición real

La eurodiputada austríaca Lena Schilling, del partido Los Verdes, reveló este mes que fue víctima de deepfakes sexuales: imágenes suyas manipuladas digitalmente para aparecer desnuda circularon en internet sin su consentimiento. El caso, que ella calificó como “violencia digital contra las mujeres”, se suma a un informe que revela que una de cada seis eurodiputadas ha sido objeto de contenido sexual generado con inteligencia artificial. La denuncia ocurre a pocas semanas de que entre en vigor, el 2 de diciembre, una prohibición europea de las aplicaciones que desnudan a mujeres con un clic, y Schilling exige que se aplique con mecanismos efectivos. El tema importa a México y América Latina porque muestra cómo la tecnología puede convertirse en un arma de género y un riesgo para la democracia.
El impacto personal de un deepfake
Schilling contó que el mes pasado descubrió que circulaban deepfakes desnudos de ella. Al abrir los enlaces, se encontró con imágenes de una de sus primeras ruedas de prensa, pero con la ropa eliminada digitalmente. “Sentí asco”, declaró. “Recuerdo lo nerviosa que estaba y lo mucho que me había preparado para esa rueda de prensa. Y luego ver que alguien usaba esa imagen para dañarme y humillarme fue muy difícil de asimilar”.
La eurodiputada es una de las 50 personas en el Parlamento Europeo –46 mujeres y 4 hombres– que han sido blanco de deepfakes sexuales, según un informe de Agora Digitale Transformation (ADT), un think tank con sede en Berlín que alertó a Schilling sobre la existencia de las imágenes. El estudio concluye que la pornografía deepfake se ha convertido en una “amenaza sistémica para las mujeres en la política europea”.
Un informe anterior de ADT ya había encontrado que 138 parlamentarias de 22 países de la UE habían sido afectadas, y que las mujeres tenían 33 veces más probabilidades que sus colegas hombres de ser representadas o asociadas con pornografía deepfake.
Una forma de violencia digital que crece
Schilling describió estas imágenes como una forma de “violencia digital contra las mujeres” que se suma a la ya desproporcionada cantidad de abuso sexista, acoso y violencia que enfrentan las mujeres en la política. A su juicio, esto representa una amenaza para la democracia: “Estas cosas hacen que entrar en política sea aún más difícil de lo que ya es. Imagínense qué pasaría en nuestra sociedad si cada vez más mujeres desaparecieran de la vida pública”.
La eurodiputada dijo haber hablado con otras colegas afectadas, pero muchas expresaron temor a denunciar. “No hay nada de qué avergonzarse. La gente usó tus fotos indebidamente, tú no hiciste nada malo”, señaló. “Y creo que ese es el momento en que dices: ‘Basta, esto tiene que parar’”.
Ese sentimiento quedó plasmado en una carta reciente dirigida a la UE, impulsada por Schilling y la eurodiputada alemana de Los Verdes Terry Reintke. Firmada por 119 eurodiputados, la misiva pide a los responsables que se aseguren de que la próxima prohibición de aplicaciones y sitios web que usan IA para desnudar a mujeres, prevista para entrar en vigor en toda la UE el 2 de diciembre, vaya acompañada de mecanismos capaces de hacer cumplir la prohibición.
“Una prohibición en papel no protege a nadie hasta que se aplica”, dice la carta, que señala el uso generalizado de aplicaciones “desnudadoras” en las que las fotos de mujeres pueden ser desvestidas con un solo clic. “Su propósito es la humillación y el control sobre los cuerpos de las mujeres, y su efecto es hacer la vida pública más hostil para las políticas”, agrega. “Toda mujer joven que considere una carrera política ahora debe tener en cuenta que esto podría pasarle”.
El llamado a acciones concretas
Schilling explicó que el objetivo es presionar a las autoridades nacionales para que cierren cualquier laguna o solución alternativa que permita a estas aplicaciones seguir funcionando en la UE. “Nos desnudaron sin nuestro consentimiento”, afirmó. “Esto no puede convertirse en la nueva normalidad”.
La eurodiputada decidió hablar públicamente con la esperanza de que compartir su historia convenza a los Estados miembros de tomar medidas contra las empresas tecnológicas para las que este tipo de violencia digital puede ser un modelo de negocio viable. “Es bastante simple”, concluyó. “Toda mujer que quiera postularse para un cargo debería poder hacerlo sin miedo a ser desnudada contra su voluntad”.
Un problema global con eco en América Latina
Aunque el caso ocurre en Europa, el fenómeno de los deepfakes sexuales no conoce fronteras. En México y otros países de la región, activistas y legisladoras han alertado sobre el uso de inteligencia artificial para crear contenido íntimo falso de mujeres, a menudo con fines de acoso o extorsión. La falta de regulación específica y la lentitud de las plataformas para retirar este material agravan la situación.
El informe de ADT subraya que las mujeres en la política son un blanco frecuente porque su visibilidad las expone. Pero cualquier mujer con presencia en redes sociales puede ser víctima. La carta de los eurodiputados advierte que estas aplicaciones no solo dañan a las personas, sino que socavan la participación femenina en la vida pública, un pilar de cualquier democracia.
La prohibición europea que entrará en vigor el 2 de diciembre es un primer paso, pero Schilling y sus colegas insisten en que debe ir acompañada de recursos para identificar y sancionar a los responsables, así como de educación digital para prevenir el consumo de este tipo de contenido. La lucha contra la violencia digital de género requiere un enfoque multidisciplinario que involucre a gobiernos, empresas tecnológicas y sociedad civil.
¿Qué sigue?
Con la fecha límite del 2 de diciembre cada vez más cerca, la presión sobre los Estados miembros aumenta. La carta firmada por 119 eurodiputados exige que la prohibición no quede en letra muerta. Mientras tanto, Schilling hace un llamado a las víctimas a no callar: “No hay nada de qué avergonzarse”. Su testimonio busca romper el estigma y impulsar un cambio real.
Para México y Latinoamérica, el caso es una advertencia: la tecnología puede amplificar la violencia de género si no se regula con perspectiva de derechos humanos. La historia de Schilling es un recordatorio de que la lucha por la equidad también se libra en el terreno digital.






