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lunes, 26 de octubre de 2026
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Lula gana cuarto mandato y desafía a Trump

Lula da Silva es reelegido presidente de Brasil con 50.39% de los votos, un mensaje antifascista y de soberanía frente a la ultraderecha y EE.UU.

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Imagen ilustrativa
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Luiz Inácio Lula da Silva es el nuevo presidente de Brasil. Con el 50.39% de los votos (6,331,593) frente al 49.61% (6,232,349) de Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) conquistó su cuarto mandato en una segunda vuelta electoral que estuvo marcada por una intensa movilización popular y un claro mensaje antifascista desde el sur del mundo hacia la Casa Blanca.

La elección, que se definió por un margen estrecho, representa un fuerte revés para la ultraderecha brasileña y un espaldarazo a las fuerzas progresistas de América Latina. El resultado no solo redefine el futuro político de Brasil, sino que también envía una señal a toda la región sobre la importancia de la organización social y la defensa de la democracia frente a los embates del negacionismo y la desinformación.

Un triunfo de la movilización y la empatía

La hazaña se hizo realidad gracias a la autoorganización de amplios sectores de la sociedad. Juventudes, mujeres, comunidades LGBTQ+, indígenas, afrodescendientes y sectores populares lograron torcer el resultado de la primera vuelta electoral, en la que la abstención superó los 33 millones de personas. A través de la movilización en las calles, la conversación cotidiana y la convicción hecha acción, el pueblo brasileño dejó atrás al fascismo representado por el hijo del expresidente condenado por un intento de golpe de Estado.

“Quiero agradecer la generosidad que el pueblo brasileño tuvo conmigo tanto tiempo, y en esta segunda vuelta quiero agradecer a las juventudes y también a los adultos mayores”, sostuvo Lula desde el comité de campaña ubicado en el Hotel Intercontinental, en el centro de San Pablo. “Esta elección fue una derrota al negacionismo y a la mentira. Cada vez que había un debate quedaba compungido porque nunca pensé en discutir con un representante de las milicias en este país. Lo que escuché en esta segunda vuelta, en los estados del país y en la Avenida Paulista fue no solo la cantidad de gente sino también el entusiasmo”, agregó el mandatario electo, rodeado del arco político que conforma la alianza que lo acompañará en su próximo mandato.

En una sala de prensa colmada de medios nacionales e internacionales, los cánticos de lucha y victoria se entonaron más de una vez: “O patria libre o morir por Brasil”, verso del Himno de la Independencia de Brasil.

Un programa de gobierno con acento social

Durante su discurso, Lula delineó las prioridades de su cuarto mandato. “Viví muchas elecciones y puedo garantizar que va a cambiar el modo de gobernar, que vamos a ampliar la participación respecto a nuestras decisiones y que la comunicación digital va a ser un eje central. Hoy quiero que sepan que lo que más motivó es que la gente quiso que gane para defender el Sistema Único de Salud (SUS), voy a llevar muy en serio las políticas de cuidado hacia los niños, quiero que las mujeres sean tratadas con mucho más respeto por las políticas de gobierno; voy a garantizar la libertad religiosa plena y que voy a continuar la revolución en la educación brasileña”, indicó.

En materia ambiental, destacó que por cuarto año consecutivo se redujo la deforestación. Sin embargo, también se refirió a la instalación de centros de datos, cuestionados por organizaciones socioambientales. Al respecto, señaló que esos emprendimientos deben dejar recursos en Brasil. “Somos un país periférico y queremos ser un país central”, afirmó.

Lula también aprovechó para posicionarse geopolíticamente: “Mi cantor preferido gustaba de nuestro gobierno porque nosotros no hablamos fuerte con Bolivia y bajito con los Estados Unidos”. Con esta frase, dejó clara su intención de mantener una política exterior soberana y equilibrada, en contraste con la alineación automática con Washington.

El mandatario festejó la reducción de votos nulos y de abstención, y reconoció que llamar a la unidad nacional será una tarea difícil dada la polarización que atraviesa al país. A pesar de eso, se comprometió a trabajar de manera conjunta con el Congreso Nacional, donde la extrema derecha ocupó la mayoría de las bancas. “Vamos a osar organizar al pueblo brasileño, vamos a reducir las tarifas para el pueblo”, prometió.

El desafío de gobernar en la polarización

El resultado electoral refleja una sociedad brasileña polarizada entre la izquierda y el progresismo —lo que se repite en otros países de América Latina— y la ultraderecha aliada con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Para la historia latinoamericana, cuyas venas permanecen abiertas, esta elección es un mensaje antifascista que alienta a los pueblos que habitan al sur del río Bravo a seguir organizándose y manifestándose en las calles.

“En esta elección, vencimos a la intromisión que venía desde afuera”, dijo Lula durante su discurso. Pero también a revisar las estructuras partidarias, lo que implica ampliar la participación y la escucha a jóvenes, mujeres, LGBTQ+, indígenas y afrodescendientes y a los sectores populares históricamente relegados.

El viraje entre la primera vuelta y la segunda muestra la necesidad de que la izquierda permanezca en la calle como tarea permanente de defensa de la soberanía y de la democracia en nuestros países. Lula ganó la elección, pero la polarización sigue ahí y obviarla es no ver el elefante en la habitación. Buena parte de quienes hoy eligieron a Bolsonaro son beneficiarios de programas como el Sistema Único de Salud, las políticas de educación pública y Bolsa Familia. Eso plantea un desafío: cómo conectar lo que se hace desde el Estado con la vivencia cotidiana de la comunidad no organizada.

La coyuntura actual es muy diferente a la de 2002, cuando el obrero metalúrgico y líder sindical fue electo presidente por primera vez. No había entonces redes sociales y las disputas discursivas e ideológicas se daban principalmente en calles y comités. Actualmente asistimos no solo a una espectacularización exacerbada de la política sino también a la circulación permanente de fake news, lo que exige repensar las estrategias para no solo ganar elecciones sino también para seguir ampliando y fortaleciendo los movimientos sociales y convocar a las personas no organizadas en defensa de sus derechos.

Reformas y promesas para un nuevo ciclo

En medio de la entrada triunfante de los dirigentes del PT, el diputado federal por Minas Gerais, Reginaldo Lopes, territorio clave en la disputa electoral, celebró la victoria del partido. Ante Marcha Noticias resaltó diferentes políticas que el mandatario electo impulsó a lo largo de su tercer mandato. Entre ellas, la reforma laboral —de la que Lopes es autor, junto con Erika Hilton— que modificó la Constitución y redujo la jornada laboral de seis a cinco días a la semana y de 44 a 40 horas; haberle puesto fin a las apuestas online con el objetivo de desendeudar a la población. También resaltó la estrategia de que juventudes, personas negras, quilombolas, hayan salido a las calles tanto en su estado como en todo el país para manifestar su apoyo a Lula.

“Vamos a poner plata en el bolsillo de la gente con la reforma tributaria, vamos a hacer una revolución social en el cuarto mandato”, prometió Lopes. También se refirió al desafío que significará enfrentar un Congreso con mayoría de la extrema derecha que representa el Partido Liberal: “Nosotros vamos a osar organizar al pueblo brasileño, vamos a reducir las tarifas para el pueblo”.

Además, sostuvo que esta elección también es un mensaje para toda la región de América Latina y el Caribe: “La extrema derecha es contra negros, contra pobres, es contra el Estado, contra los gays, lo que significa que vamos a reorganizar las fuerzas democráticas y el papel del Estado, el Estado debe atender a quienes realmente lo necesitan. Nosotros vamos a responder a la generosidad del pueblo brasileño”.

Con este triunfo, Lula da Silva se prepara para un cuarto mandato en un contexto de alta polarización y desafíos económicos, sociales y ambientales. Su capacidad para tender puentes y gobernar para todos será puesta a prueba, mientras América Latina observa con atención el rumbo que tomará la mayor economía de la región.