La Red clientelar de la misoginia: cómo los hombres poderosos se protegen entre sí
La impunidad de los hombres poderosos no se sostiene únicamente sobre el machismo. Se cimienta, sobre todo, en una red de favores entre hombres. Luis Rubiales, Íñigo Errejón, Julio Iglesias. Les voy a contar un secreto: la impunidad masculina no es solo machismo; es, ante todo, una red clientelar y misógina que opera con una eficacia brutal.
¿Cómo funciona esta red?
El mecanismo es simple: hoy te protejo, mañana me debes un favor. Así opera el poder patriarcal. En esta red están todos: políticos, periodistas, artistas, deportistas… Te alabaré, te justificaré, miraré hacia otro lado o te contrataré. Recordemos cómo Luis Rubiales le ofreció un contrato a Jorge Vilda sabiendo que era un mal entrenador. ¡Deudas, ya saben!
Eso sí, llega el momento de devolver el favor. Y ese momento suele llegar cuando la red se resquebraja. ¿Cuándo? Cuando una mujer denuncia o cuando el feminismo organizado logra abrir una brecha. Elisa Mouliaá, Jenni Hermoso y tantas anónimas. Entonces ocurre algo muy interesante: los mismos hombres que ayer se protegían empiezan a decir que no sabían nada, que solo cumplían órdenes o que no estaban de acuerdo. Recordemos el caso de Íñigo Errejón o el de Julio Iglesias.
La fragilidad de la lealtad masculina
Las lealtades entre hombres solo duran mientras la impunidad está garantizada. Por eso decimos que la masculinidad es cobarde. El patriarcado no es solo cosa de agresores: es cuestión de poder, de quién lo tiene y cómo lo reparten entre ellos.
