Novedades literarias: novelas que exploran el tiempo y la ficción
En los últimos meses, he retomado el hábito de la lectura de manera más sistemática. Después de leer varios libros seguidos, me di cuenta de que tenía material para un artículo. En esta ocasión, quiero compartir algunas reflexiones sobre novelas recientes que abordan el tiempo, la realidad y la ficción desde perspectivas innovadoras.
El tiempo como estructura narrativa
Una de las novelas que más me ha impactado es Principio, medio, fin de Valeria Luiselli (Feltrinelli, 2026). En un fragmento titulado “El movimiento de los planetas”, Luiselli escribe: “El tiempo es la textura de una novela. El principal problema que una novela debe resolver es cómo crear una sensación de tiempo, ya sea lineal, que avanza de un evento a otro, o fragmentada, donde los eventos se encadenan según su propia lógica interna”. Esta reflexión me recordó a The Long Form de Kate Briggs (Fitzcarraldo, 2023), donde el paso del tiempo se sitúa en el centro de la escritura. Ambas novelas, escritas en fragmentos, presentan narradores cuyo tiempo se ha roto o transformado radicalmente: en el caso de Luiselli, por un divorcio; en el de Briggs, por el nacimiento de un hijo y la maternidad en solitario.
La ficción y la realidad: un diálogo complejo
Otro tema recurrente en estas obras es la relación entre ficción y realidad. Luiselli explora cómo la vida alimenta la escritura, pero también cómo otros factores, como el trabajo y el tiempo, son necesarios para dar forma a una obra. Catherine Lacey, en El libro moebius (Alfaguara, 2026), aborda esta cuestión desde un ángulo distinto. El libro es, en realidad, dos libros independientes pero unidos para siempre: una novela y un ensayo. Lacey comenzó a escribir después de un divorcio y produjo dos textos que no podía unir, así que los vinculó como una cinta de Möbius. De esta manera, vemos cómo la realidad alimenta la ficción: objetos, eventos y olores aparecen transformados en la otra parte. Al final del ensayo, Lacey defiende la ficción: “La ficción es el registro de lo que nunca ocurrió y, al mismo tiempo, de lo que siempre ocurre. Quienes leemos ficción hemos visto mil veces cómo esas inexistencias nos cambian, nos desafían, nos rompen; cómo nos transforman personas que nunca existieron, a través de acciones que nadie ha realizado, y cómo nos cambian personajes y sentimientos que nunca vivieron en la realidad”.
La novelidad como conocimiento
Briggs sostiene que “novela” es un nombre para referirse a obras extensas de prosa de ficción, “pero nunca ha sido el único”. Se han usado términos como “romance, historia, cuento, biografía, épica, fábula o leyenda”. La novelidad, según Briggs, citando a Mijaíl Bajtín, es un tipo de conocimiento que tiene “más capacidad que cualquier otro para poner en diálogo diferentes órdenes de experiencia, órdenes que compiten, se superponen o buscan anularse”. De este diálogo surgen “semi-novelas, novelas-ensayo, novelas expandidas, novelas mutantes”. La base de esta naturaleza compuesta es la convicción de que “ningún problema puede reducirse a un solo marco”.
En resumen, estas novelas no solo entretienen, sino que nos invitan a reflexionar sobre la naturaleza del tiempo, la memoria y la creación artística. Son obras que, a través de su estructura fragmentaria y su exploración de los límites entre lo real y lo ficticio, amplían nuestra comprensión de lo que puede ser una novela.
