El río que tiñe de castaño la bahía de Rupert

Las aguas que desembocan en las bahías de Hannah y Rupert, en el extremo sur de la bahía de James, Canadá, presentan un característico tono marrón que ha llamado la atención de científicos y comunidades locales. Este fenómeno, captado por satélites en septiembre de 2026, revela la compleja interacción entre la geología, la ecología y la historia cultural de la región.
El color del castor chamuscado
La palabra Cree pahtaaunaakun parece especialmente adecuada para describir los tonos marrones de estas aguas. En el dialecto Cree del sureste, significa “color de castor chamuscado” y evoca tanto el rico marrón de las aguas teñidas por sustancias húmicas como el papel que los castores han desempeñado durante milenios en la mitología y la historia de la zona.
Cuando los ríos y arroyos que fluyen hacia estas bahías serpentean a través de los bosques boreales y los pantanos del norte de Quebec y Ontario, arrastran consigo materia orgánica disuelta coloreada (CDOM, por sus siglas en inglés). Esta sustancia absorbe la luz en las partes azul y ultravioleta del espectro electromagnético, lo que hace que el agua se vea marrón. La CDOM, que incluye compuestos derivados de taninos y ligninas, se filtra desde hojas, raíces, cortezas y suelos en descomposición. Sustancias similares son las que tiñen el agua del té.
Una imagen satelital reveladora
El 27 de septiembre de 2026, el instrumento OLI (Operational Land Imager) a bordo del satélite Landsat 9 capturó una imagen en la que los ríos Moose, Nottaway y Harricanaw transportaban agua color té a través de las amplias llanuras de marea de las bahías de Hannah y Rupert, mezclándose con las aguas más azules de la bahía de James.
Las llanuras de marea, esas áreas de color marrón claro a lo largo de la costa, son producto de la batimetría poco profunda y en pendiente del extremo sur de la bahía de James. El rebote postglacial está elevando lentamente todo el paisaje, mientras que los ríos depositan continuamente partículas finas de limo y otros sedimentos que forman estas planicies. El ir y venir de las mareas y las corrientes fluviales remueven el lodo, produciendo penachos más claros de sedimentos en suspensión que se mezclan con el agua del río.
Las diferencias en los niveles de humedad y los patrones de vegetación probablemente contribuyen a los patrones verdes dendríticos, similares a venas, visibles en la costa. La vegetación más densa y boscosa a lo largo de los cauces de los arroyos aparece de un verde oscuro, mientras que los paisajes mal drenados de las turberas circundantes tienen una cubierta arbórea menos extensa y se ven de un verde más claro.
El legado del castor en la historia y la mitología Cree
Los castores han desempeñado un papel fundamental en la historia y la mitología de los paisajes salpicados de lagos en esta parte de Canadá. El pueblo Cree, que ha vivido en la región durante miles de años, ha cazado tradicionalmente castores tanto por su carne como por sus pieles.
Los comerciantes europeos llegaron a la bahía de Rupert ya en la década de 1660 para buscar estos animales, lo que llevó al establecimiento de varios puestos comerciales a lo largo de sus costas y a la fundación de la Compañía de la Bahía de Hudson para cultivar el comercio de pieles, especialmente de castor.
Los castores también aparecen de forma prominente en la mitología y la historia ambiental Cree de otras maneras. Por ejemplo, un mito Cree sobre esta área, registrado por el antropólogo Alanson Skinner, cuenta que un gigante persiguió a un enorme castor mítico río abajo por el Nottaway hasta que el animal escapó hacia la bahía de Rupert. Según el mito, el gigante entonces tomó una roca enorme y la arrojó al animal en fuga, fallando al castor pero creando la Roca del Ciervo (Stag Rock), la distintiva isla que se encuentra hoy en la desembocadura del río.
En un ejemplo temprano de reserva gestionada de castores en Canadá, la Compañía de la Bahía de Hudson trabajó con la población Cree local en la década de 1830 y de nuevo un siglo después para establecer la isla Charlton como un lugar para criar castores destinados a la captura posterior. Después de eliminar a los depredadores y llevar varios pares reproductores a la isla, la población de castores se disparó, según relatos históricos.
Un ecosistema en constante cambio
La combinación de procesos geológicos, hidrológicos y biológicos hace de esta región un laboratorio natural para entender cómo los paisajes evolucionan. El rebote postglacial, que sigue elevando la tierra después de la última glaciación, junto con la dinámica fluvial y mareal, moldea continuamente estas costas.
La presencia de CDOM no solo afecta el color del agua, sino que también influye en la penetración de la luz y, por tanto, en la fotosíntesis y la vida acuática. Comprender estos procesos es crucial para la gestión ambiental y la conservación de estos ecosistemas únicos.
La imagen, capturada por el Observatorio de la Tierra de la NASA utilizando datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), nos recuerda la interconexión entre la ciencia, la historia natural y las culturas humanas que han dependido de estos paisajes durante milenios.






