Un ‘pedo’ cósmico gigante hace parpadear a una estrella zombi
Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto que un enorme ‘pedo’ cósmico, una corriente de plasma estelar, es el responsable de los misteriosos destellos de rayos X que una estrella zombi lanza hacia la Tierra. Las observaciones, realizadas con el telescopio espacial XRISM, han permitido entender por primera vez cómo el viento de una estrella hipergigante azul alimenta a un púlsar cercano, provocando erupciones regulares de alta energía.
El sistema BP Crucis: una pareja estelar extrema
A unos 13,000 años luz de la Tierra se encuentra BP Crucis, un sistema binario compuesto por dos objetos extremos. Por un lado, Wray 977, una hipergigante azul unas 60 veces más grande que el Sol. Por otro, GX 301-2, una estrella de neutrones, el remanente ultradenso de una supernova. Esta ‘estrella zombi’ concentra la masa del Sol en un objeto de apenas 20 kilómetros de diámetro y gira rápidamente, emitiendo un haz de radiación electromagnética que barre el espacio como un faro cósmico.
Cada 11 minutos, aproximadamente, el haz de GX 301-2 apunta hacia la Tierra y nuestros telescopios detectan un pulso. Pero además de estos pulsos regulares, la estrella de neutrones emite llamaradas de rayos X más intensas y esporádicas. Hasta ahora, los científicos no sabían por qué ocurrían.
El ‘pedo’ estelar que alimenta a la estrella zombi
La clave está en el viento estelar de Wray 977. Todas las estrellas que fusionan núcleos liberan corrientes de partículas cargadas. El Sol emite el viento solar, que puede provocar auroras en la Tierra. Pero una hipergigante azul como Wray 977 genera un viento mucho más violento: una única pluma gigante de plasma ionizado que escapa a unos 540,000 km/h. Los científicos creen que la gravedad de la estrella de neutrones moldea ese viento en una sola corriente concentrada, como un ‘pedo’ cósmico que sale disparado.
GX 301-2 orbita a Wray 977 cada 41.5 días. Cuando se acerca o se aleja de su compañera, atraviesa esa pluma de plasma. En esos momentos, el material estelar cae sobre la estrella de neutrones y se acumula en su superficie. Cuando la capa es lo suficientemente gruesa, se produce una explosión termonuclear que libera las llamaradas de rayos X que vemos desde la Tierra.
XRISM: una ventana al universo extremo
Para confirmar esta hipótesis, los investigadores utilizaron el telescopio XRISM (X-ray Imaging and Spectroscopy Mission), operado conjuntamente por la NASA y la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA). Durante 16 horas, coincidiendo con una de las llamaradas, XRISM capturó espectros de rayos X de altísima resolución. Los datos revelaron líneas de emisión y absorción que cambiaban rápidamente, mostrando cómo el plasma fluía alrededor de la estrella de neutrones.
“Nunca antes habíamos visto indicios claros de plasma de viento cayendo sobre un objeto compacto”, afirmó Roi Rahin, autor principal del estudio e investigador de la Universidad de Maryland, Condado de Baltimore (UMBC) y del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA. “Ahora podemos probar nuestra comprensión de estos procesos con mucho más detalle”.
El estudio, publicado el 18 de septiembre en la revista Science Advances, marca un hito en el estudio de sistemas binarios con púlsares alimentados por viento estelar. “El sistema BP Crucis es un laboratorio ideal para estudiar la acreción en púlsares alimentados por viento”, señaló Brian Williams, científico del proyecto XRISM en Goddard. “XRISM es un instrumento ideal para avanzar en nuestra comprensión de los procesos involucrados”.
Un fenómeno único en el universo
Este descubrimiento no solo resuelve el misterio de los destellos de GX 301-2, sino que abre una nueva ventana para estudiar cómo interactúan los objetos más extremos del cosmos. Es la primera vez que se observa directamente material estelar cayendo sobre una estrella de neutrones, lo que permite poner a prueba los modelos teóricos de acreción y de física de plasmas en condiciones extremas.
Los astrónomos planean seguir observando el sistema con XRISM para entender mejor la relación entre la pluma de viento de Wray 977 y las erupciones de GX 301-2. Cada llamarada ofrece una oportunidad para estudiar la física fundamental en un entorno imposible de reproducir en la Tierra.
¿Qué significa esto para la ciencia?
El hallazgo tiene implicaciones para la astrofísica de altas energías. Los púlsares son laboratorios naturales donde se ponen a prueba las leyes de la física bajo condiciones extremas de gravedad, densidad y campos magnéticos. Comprender cómo el plasma de viento estelar alimenta a estos objetos ayuda a entender la evolución de las estrellas masivas y la formación de agujeros negros y estrellas de neutrones.
Además, este tipo de observaciones demuestra el poder de la nueva generación de telescopios de rayos X, como XRISM, para desentrañar los misterios del universo violento. Con cada observación, los científicos se acercan más a comprender los procesos que rigen el cosmos.
Conclusión
El ‘pedo’ cósmico de Wray 977 es el motor que hace parpadear a la estrella zombi GX 301-2. Gracias a XRISM, ahora sabemos que las llamaradas de rayos X ocurren cuando el púlsar atraviesa la pluma de plasma de su compañera hipergigante. Este descubrimiento no solo resuelve un enigma de décadas, sino que abre nuevas vías para estudiar la física extrema del universo.
