En defensa del sexo casual: placer, deseo y feminismo
En los últimos tiempos, se percibe un retroceso en las críticas hacia el sexo casual. Estas provienen de diversos frentes: desde sectores conservadores que lo consideran degradante para hombres y mujeres, hasta grupos misóginos que puntúan a las mujeres según su historial sexual, e incluso algunas voces feministas que sostienen que este tipo de encuentros no merecen la pena porque, en general, las mujeres no alcanzan el orgasmo. Este artículo explora por qué estigmatizar el sexo casual supone un retroceso y reivindica su valor desde una perspectiva feminista, centrada en el placer, el deseo y la ética.
El legado de ‘Placer y Peligro’
En 1984 se publicó Pleasure and Danger (Placer y Peligro), una compilación editada por Carol Vance que se convirtió en un texto fundamental para el feminismo. En sus páginas se debate la tensión entre el placer sexual y los peligros que enfrentan las mujeres en un contexto de desigualdad de poder. Vance y otras autoras argumentan que la sexualidad femenina siempre se desarrolla en condiciones de distribución desigual de poder, y que el feminismo ha trabajado y debe seguir trabajando para combatir esa realidad. Sin embargo, a menudo se atribuyen a estas autoras posiciones que no reflejan exactamente lo que dicen sus textos.
Vance reconoce que en el ejercicio de su sexualidad las mujeres pueden ponerse en peligro, que el poder está siempre presente y que no puede olvidarse ni dejar de combatirse. Pero también está el placer. En esa tensión irresoluble se encuentra la base de muchas discusiones teóricas que persisten hasta hoy.
Un retroceso conservador en las críticas al sexo casual
Actualmente, observamos un retroceso conservador en las críticas al sexo casual heterosexual. Por un lado, los conservadores afirman que este tipo de sexo degrada a hombres y mujeres. Por otro, los incels y misóginos puntúan a las mujeres y pretenden que el sexo casual las devalúa. Pero también algunas feministas sostienen que no vale la pena porque, en general, no tenemos orgasmos en estos encuentros. Y todos coinciden en que es peligroso.
No se trata de situar el sexo casual por encima del sexo en una relación estable, pero sí es un retroceso pretender estigmatizar la posibilidad de tener sexo con alguien que acabas de conocer, con quien no esperabas tenerlo o con quien se supone que no volverás a tenerlo. La calidad de una relación sexual no se mide necesariamente por el tipo de vínculo que une a las personas. Una relación casual puede ser maravillosa o penosa; el sexo casual puede ser bueno, malo, regular e incluso peligroso. Del mismo modo, el sexo con una pareja fija puede ser bueno, malo, regular, aburridísimo… y también peligroso.
El peligro no es exclusivo del sexo casual
Es obvio que el sexo casual heterosexual puede ser peligroso para las mujeres y no para los hombres. Pero también es peligroso casarse y emparejarse, a tenor de las cifras de violencia. ¿Cuántos años llevaba Pelicot casada con su marido? ¿Y las decenas de asesinadas este año, cuánto tiempo llevaban en una relación estable? No creo que el sexo casual sea más peligroso para nosotras que otras situaciones; de hecho, es al revés, aunque cueste decirlo así.
Es el patriarcado el que convierte en peligroso, pero solo para las mujeres, el hecho de tener sexo casual, salir de fiesta, emborracharse según dónde, irse con desconocidos, viajar a determinados sitios… o enamorarse y emparejarse. Para los hombres, nada de eso supone peligro. Algunos hombres son peligrosos para las mujeres, y eso es lo que el feminismo pone de manifiesto y combate. Vivir sin miedo, tener sexo sin miedo, caminar sin miedo, ir a la casa de alguien a quien acabas de conocer sin miedo… todo eso es un privilegio masculino.
Sexo casual y relaciones estables no son antitéticos
El sexo casual y el estable no son exactamente opuestos: de una relación casual podría surgir otro tipo de relación, si eso es lo que se busca. Muchas relaciones estables comienzan por un encuentro sexual más o menos casual. Casi pareciera que hay quien quiere ahora volver a los noviazgos sin sexo.
Por otra parte, soy contraria a depositar en el sexo una importancia cuasi religiosa. Volvemos a lo reaccionario: “Darse al otro, una forma de entregarse totalmente”, etcétera. Eso es lo que dice la iglesia y que, con otras palabras, veo que sostienen algunas feministas. Se puede tener sexo con amigos o se pueden hacer amigos practicando sexo. El sexo no es cualquier cosa, es importante, pero procuremos que sea importante para hacernos felices y no lo convirtamos en una experiencia mística.
El orgasmo no es el único fin
También es verdad que tener un orgasmo en una interacción sexual casual puede resultar complicado para nosotras, pero ¿no habíamos quedado en que el orgasmo no es el único fin en una relación sexual? Pues este es el momento de tenerlo en cuenta. Cierto que la mayoría de los hombres (espero que ya no sean todos) siguen esperando que todo gire alrededor del coito y, si además se sienten presionados por la necesidad de demostrar su “eficiencia”, más. Cuando uno está presionado o nervioso, cuando tiene algo que demostrar, suele aferrarse a lo que sabe o cree saber, al guion conocido.
Que las mujeres tengamos un orgasmo en una relación casual tiene que ver en buena medida con nuestra madurez sexual, y esto no son solo años, también es educación sexual: confianza para poder decir lo que te gusta y lo que no, confianza para exigir reciprocidad y una relación de igual a igual. Madurez nuestra, pero también de ellos. Y eso depende de cómo se elija; que sea casual no quiere decir que no se ponga cuidado en la elección.
La importancia de hablar de sexo
En mi opinión, siempre hay que tratar de hablar de sexo: en la cena, en las copas, en el justo antes… donde sea. Pienso que hablar de sexo en el sexo, sea casual o estable, es imprescindible. No estoy de acuerdo con quienes sostienen que deserotiza. Por el contrario, creo que hablar de sexo sabiendo que vas a practicar sexo es algo muy erótico. Esta es una de las cosas que las chicas deberían aprender de una buena educación sexual: se puede, y quizá se debe, hablar de sexo con las posibles parejas sexuales antes de tener sexo.
El valor del deseo y el cuidado
Hay cosas del sexo casual que lo convierten en una experiencia valiosa, además de muy placentera. Por ejemplo, el espacio que ocupa el deseo, desnudo de todo excepto del propio deseo. Es un tipo de encuentro sexual en el que el deseo puede ocupar más espacio que el orgasmo y, en este caso, no lamentarlo. Al fin y al cabo, el orgasmo es lo que se busca en una pareja estable y siempre se puede experimentar en soledad. Sin embargo, el deseo es algo que solo se puede experimentar con otro, y la intensidad del deseo que se concita en el sexo casual suele ser incomparable.
Si hay un sexo en el que puedes dar muchísimo espacio al deseo es este; y al erotismo, a la emoción, al juego, a lo inesperado, al descubrimiento… y todo esto tiene mucho valor sexual. El sexo casual permite erotizarlo todo: la conversación, el ambiente, las miradas, las sonrisas, el roce; permite que se abra un espacio, que puede ser largo, en el que erotizarse imaginando y fantaseando.
Por último, el sexo casual no tiene nada que ver con la falta de cuidado, cosa que también le achacan. Creo que, al igual que la conversación, el cuidado puede resultar muy erótico. Entiendo por cuidado la preocupación sincera por el bienestar de la otra persona; la empatía. En cualquier interacción humana profunda, la preocupación por la otra persona es muy importante, es lo que diferencia una relación ética de otra instrumental, pero en el sexo más todavía porque estás más vulnerable, desarmada. Y el cuidado suele estar presente a no ser que se sea un sociópata.
Desgraciadamente, es verdad que esta sociedad misógina ha hecho del sexo un espacio en el que se permite a los hombres poner en suspenso la empatía por las mujeres. Vivimos una cultura sexual que es capaz de convertir en sociópatas sexuales a chicos que no lo son en sus vidas cotidianas. Esa es, precisamente, la razón de que el sexo sea en el patriarcado un espacio de combate feminista, pero eso no nos puede llevar a bunkerizarnos en relaciones sexuales en las que pensemos, falsamente, que estamos más seguras, renunciando a otros que fueron una conquista y que sí nos han proporcionado mucho placer.
Me sigue pareciendo, corrigiendo levemente a Rubin, que la calidad de una relación sexual se tiene que medir en base al deseo mutuo, a la falta de engaño o coerción, a la reciprocidad y a la consideración por el bienestar de la otra persona. Y estas características pueden estar presentes o ausentes tanto en el sexo casual como en el sexo estable.
