Enzima cerebral protege la memoria en la vejez

Un equipo de investigadores ha identificado una enzima cerebral que podría ser clave para mantener la agudeza mental a medida que envejecemos. El hallazgo, publicado el 15 de octubre en Nature Neuroscience, sugiere que altos niveles de esta enzima están relacionados con una menor inflamación y una mejor conectividad neuronal en cerebros envejecidos. El estudio, realizado en ratones, células humanas y muestras de tejido cerebral, abre nuevas vías para entender y quizás frenar el deterioro cognitivo asociado a la edad.
Una enzima con efecto protector
La enzima en cuestión es una fosfolipasa, una proteína que descompone compuestos grasos. Los científicos se interesaron en ella tras observar que el gen que la codifica, llamado Pla2g2f, aumentaba su actividad cuando se interrumpían las conexiones entre algunas neuronas en cerebros de ratones. Este comportamiento llamó la atención de los investigadores, quienes decidieron profundizar en su función.
Para ello, modificaron genéticamente a ratones para que carecieran del gen Pla2g2f y analizaron qué ocurría a medida que envejecían. Los resultados fueron contundentes: estos animales mostraron un aumento de la inflamación y una degradación neuronal en comparación con ratones no modificados. Por el contrario, los ratones que tenían un exceso de Pla2g2f presentaron menos inflamación y neuronas mejor conectadas en la vejez.
Memoria espacial bajo la lupa
El equipo también evaluó la memoria espacial de los animales, una función cognitiva clave. Los ratones de mediana edad sin el gen Pla2g2f obtuvieron peores resultados en las pruebas de memoria que los ratones control de la misma edad. Mientras tanto, los ratones mayores con niveles elevados de Pla2g2f superaron a los controles de su edad en esas mismas pruebas. Estos hallazgos, según los autores, demuestran que Pla2g2f puede modificar la trayectoria del envejecimiento patológico en ratones.
“La enzima parece actuar como un mecanismo compensatorio de resiliencia cognitiva”, explica Amar Sahay, neurocientífico del Hospital General de Massachusetts en Boston y coautor del estudio. “Este es un enfoque fantástico y muy reflexivo para descubrir qué podría estar protegiendo a las neuronas”, comenta por su parte Timothy Hohman, neurocientífico y genetista del Centro de Memoria y Alzheimer de la Universidad Vanderbilt en Nashville, quien no participó en la investigación. “Es un gran ejemplo de cómo se puede utilizar un sistema modelo para abordar algunos de estos mecanismos de resiliencia que son muy difíciles de estudiar en humanos”, añade.
Evidencia en humanos
El gen también podría tener un papel protector en las personas. Los autores analizaron dos grandes conjuntos de datos compilados por otros científicos y encontraron que la actividad de PLA2G2F en el cerebro humano aumenta con la edad. Además, Sahay colaboró con investigadores que habían recolectado datos de expresión génica de cerebros de donantes fallecidos. Estos donantes habían sido sometidos a pruebas cognitivas antes de su muerte.
El equipo de Sahay descubrió que la actividad de PLA2G2F era más alta en individuos “resilientes”: aquellas personas cuya cognición permaneció intacta a pesar de tener depósitos de una proteína llamada amiloide-β en el cerebro. Estos depósitos son una característica distintiva de la enfermedad de Alzheimer. Este hallazgo sugiere que la enzima podría conferir una especie de escudo cognitivo frente a los cambios patológicos asociados al Alzheimer.
Implicaciones para el futuro
Los resultados abren una puerta prometedora para el desarrollo de terapias que estimulen la actividad de esta enzima y así preservar la función cognitiva en la vejez. Sin embargo, los investigadores advierten que se necesitan más estudios para comprender completamente los mecanismos involucrados y confirmar si los hallazgos en ratones se traducen en beneficios concretos para los humanos.
Mientras tanto, este descubrimiento refuerza la idea de que el envejecimiento cerebral no es un proceso uniforme y que existen factores protectores que pueden marcar la diferencia. La ciencia sigue desentrañando los secretos de la resiliencia cognitiva, y este estudio se suma a los esfuerzos por entender cómo mantener una mente sana a lo largo de la vida.
Referencia: Sahay, A. et al. Nature Neuroscience (2026). doi: https://doi.org/10.1038/d41586-026-03303-9






