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domingo, 1 de noviembre de 2026
Ciencia

Tres cuartas partes de jugadores de la NFL podrían desarrollar CTE

Un nuevo estudio estima que el 74.5% de los jugadores fallecidos de la NFL tenían CTE, la enfermedad neurodegenerativa asociada a golpes en la cabeza.

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Cortesía
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Un análisis publicado el 28 de octubre en JAMA Network Open revela que aproximadamente el 74.5% de los jugadores de la NFL fallecidos entre 2008 y 2023 presentaban encefalopatía traumática crónica (CTE, por sus siglas en inglés), una enfermedad neurodegenerativa vinculada a los golpes repetidos en la cabeza. Es la primera estimación a nivel poblacional para esta liga de fútbol americano, y sus hallazgos podrían tener implicaciones profundas para la salud de los deportistas y las políticas de seguridad en el deporte.

Un cálculo más preciso gracias a la corrección del sesgo

En 2017, un estudio previo había estimado que el 99% de los exjugadores de la NFL desarrollaban CTE, basándose en cerebros donados. Sin embargo, ese análisis presentaba un sesgo: las familias que donaban los cerebros solían hacerlo porque sus parientes habían mostrado síntomas de la enfermedad, lo que inflaba las cifras. El nuevo trabajo, liderado por un equipo de la Universidad de Boston, corrige ese sesgo y ofrece una estimación más realista.

Para ello, los investigadores analizaron a más de 2,300 jugadores de la NFL fallecidos entre enero de 2008 y diciembre de 2023. De ellos, casi 400 tenían muestras en el Banco de Cerebros UNITE de la universidad, mientras que el resto fue identificado a través del Índice Nacional de Defunciones de Estados Unidos. El equipo determinó que las familias de jugadores con síntomas relacionados con CTE en vida tenían cinco veces más probabilidades de donar el cerebro que aquellas cuyos parientes no presentaban síntomas. Al ajustar por este factor, llegaron a la estimación poblacional del 74.5%.

¿Qué es la CTE y cómo se manifiesta?

La encefalopatía traumática crónica es una enfermedad neurodegenerativa causada por traumatismos craneales repetidos. Se ha identificado en personas que practican deportes de contacto, en víctimas de violencia de pareja y en militares expuestos a explosiones. La duración e intensidad de los golpes repetidos se asocian con un mayor riesgo y gravedad de la enfermedad.

Durante la vida, quienes luego son diagnosticados con CTE pueden experimentar problemas de memoria, dificultad para concentrarse, depresión y mal control de los impulsos. En el cerebro, una proteína llamada tau, que normalmente ayuda a la comunicación entre neuronas, se vuelve anormal y forma grumos dañinos. El diagnóstico solo se confirma tras la muerte, mediante autopsia.

Implicaciones para la salud pública y el deporte

Los autores del estudio destacan que conocer la verdadera prevalencia de la CTE es crucial para entender el impacto en la salud pública. Aunque la investigación se centra en jugadores de la NFL, los hallazgos podrían extenderse a otros deportes de contacto y actividades con riesgo de traumatismo craneal. Además, podrían influir en las políticas de prevención y en la percepción social sobre la seguridad en el deporte profesional.

El estudio también subraya la importancia de mejorar los protocolos de protección y de realizar un seguimiento a largo plazo de los deportistas. La CTE es una enfermedad devastadora que afecta no solo a los jugadores, sino también a sus familias y comunidades.

Un problema que trasciende el emparrillado

Si bien el fútbol americano es el deporte donde más se ha estudiado la CTE, no es el único. El boxeo, el rugby, el hockey sobre hielo y hasta el fútbol soccer con cabeceos frecuentes presentan riesgos. La investigación de la Universidad de Boston abre la puerta a estimaciones similares en otras disciplinas y a una mayor conciencia sobre los efectos a largo plazo de los golpes en la cabeza.

La CTE ha sido un tema candente en los últimos años, y este nuevo dato pone sobre la mesa la necesidad de repensar la seguridad en el deporte y la responsabilidad de las ligas profesionales. Mientras tanto, los científicos continúan buscando biomarcadores que permitan diagnosticar la enfermedad en vida y desarrollar tratamientos efectivos.

El camino hacia la prevención

Reducir el número de impactos craneales, mejorar el equipamiento y establecer protocolos de conmoción cerebral más estrictos son algunas de las medidas que podrían disminuir la incidencia de CTE. Sin embargo, el cambio cultural en deportes donde la agresividad es parte del espectáculo representa un desafío mayor.

La estimación del 74.5% es un llamado de atención para federaciones, clubes y aficionados. Detrás de cada número hay una persona que sufrió consecuencias neurológicas irreversibles. La ciencia sigue aportando evidencia, y ahora es el turno de las decisiones informadas.